Estamos en casa!!

Durante las operaciones en Malvinas, con mi tripulación hicimos treinta salidas. Continuamos con nuestros temas de reconocimiento y rescate.

El 21 de mayo uno de nuestros Pucará no volvió de una misión y se nos ordenó salir a buscarlo. Era el Mayor Tomba.

Lo √ļnico que sab√≠amos era que, hab√≠a entrado en combate contra un Harrier.

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Sobre la mesa de operaciones, nuestro Jefe nos indicaba la posición de nuestras tropas y la probable del enemigo. El estrecho de San Carlos parecía un lobo pronto a atacar, y si la misión no incluía su cruce todos respirábamos mejor.

Mientras camin√°bamos hacia el helic√≥ptero, entre las casitas de “Campo Verde”, repet√≠amos mentalmente las √ļltimas indicaciones de nuestro jefe de Escuadr√≥n: ‘”Recuerden, estaremos aguardando en la frecuencia xxx; atentos a la Bah√≠a Ruiz de Puente que por all√≠ han visto helic√≥pteros ingleses y por √ļltimo ¬°Tr√°iganlos vivos!

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El Comandante me preguntó.

‚ÄĒ GATO, ¬Ņtrae la carta de navegaci√≥n?

Asent√≠, mientras lleg√°bamos al Bell, que estaba oculto entre las casas del pueblo. Despegamos aproximadamente a las 17:15 horas, cuando comenzaba a anochecer, debido a la estaci√≥n del a√Īo y la latitud de nuestras islas.

Luego de un corto vuelo rasante, llegamos al punto ubicado al este de la Bah√≠a “Puerto Nuevo”, que se encuentra al sur oeste de Darwin.

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Permanec√≠amos atentos a la radio, pues un chasquido intermitente nos indicar√≠a que un radar enemigo nos ten√≠a en pantalla; este era nuestro criollo “RADAR WARNING”.

No veíamos nada, mientras se ponía cada vez más oscuro, lo que se agravó por una bruma que reducía la visibilidad.

A unos 300 metros a mi izquierda vi algo irregular, eran los restos del Pucará que se había partido en dos, a la altura de la raíz del ala.

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No tenía signos de que se hubiera incendiado, pero nos pareció ver el asiento dentro de la cabina, lo que indicaría que el piloto no había tenido tiempo de eyectarse. Se me hizo un nudo en el estómago, pues hacía muy poco había recogido los restos de otro piloto argentino derribado.

El Cabo Primero Qui√Īones se baj√≥ a inspeccionar los restos, con su habitual chaleco parabalas, un fusil y un aplomo admirable.

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Para nuestra alegría, encontró el asiento y debajo del mismo, prolijamente doblado el paracaídas.

Era obra de él sin ninguna duda, para evitar que delate su posición. Comenzamos a buscarlo, sobrevolamos una casa destruida pero no estaba.

En nuestra radio escuchamos la voz del Mayor Pose que nos decía:

‚ÄĒ VERDE ‚ÄĒ AZUL, suspenda misi√≥n que se hace de noche. Hicimos silencio en la frecuencia.

‚ÄĒ Hay novedades?

El Teniente Longar le contest√≥: ‚ÄĒ Estamos cerca.

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‚ÄĒ Bueno, cuando consideren conveniente, peguen la vuelta.

De pronto una bengala redonda y roja estalló en la noche. Podría ser el piloto, o bien una trampa, como había ocurrido días antes en que derribaron otro helicóptero alertado por una bengala.

Recordé el cabello pelirrojo de su hijo Ramiro y seguimos.

Llegamos a una pendiente con los restos de una construcción, cuando una luz roja cruzó cerca de la casa.

Mi imaginaci√≥n capt√≥ como el disparo de una munici√≥n “trazante” (que indica con un surco de luz su recorrido).

El Teniente Longar dijo que le pareció una bengala.

No muy convencido nos acercamos. El valiente Qui√Īones baj√≥ a buscar al piloto, lo vimos perderse en las sombras, empujado por el fuerte viento helado.

Mientras tanto, levantamos vuelo nuevamente y en “estacionario” recorrimos las inmediaciones con nuestro faro de b√ļsqueda.

No había nada.

Recogimos a Qui√Īones, pensando que una bengala en la noche es muy dif√≠cil determinar su posici√≥n y distancia.

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‚ÄĒ Rumbo a poner para retorno.

‚ÄĒ CERO-SEIS-CINCO.

Iniciamos el ascenso y ¬°¬°¬° Otra Bengala !!!

El Comandante puso rumbo hacia ella, y la luz que le quedaba antes de extinguirse cuando llegó a tierra, dejaba ver una construcción de piedra abandonada.

Cuando estábamos aterrizando, otra bengala más, describió una parábola delante de nosotros.

Ojalá que todos los ingleses estén durmiendo; pensaba yo.

Nuevamente baj√≥ Qui√Īones, para recibir al Mayor Tomba que apareci√≥ corriendo hacia nosotros.

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Despegamos.

‚ÄĒ Rumbo a casa – CERO – SEIS – CINCO… ESPERO

Mi duda era que me había desubicado un poco con los continuos cambios de rumbo.

Por la radio escuchamos – VERDE – AZUL

‚ÄĒ Prosiga

‚ÄĒ Novedades?

‚ÄĒ Positivas!!!

‚ÄĒ El Mayor Pose solo mantuvo apretado el pulsador (bot√≥n que se aprieta para hablar por radio), a fin de que escuch√°ramos la infernal griter√≠a de los que estaban al otro lado de la l√≠nea.

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En la negrura de la noche, vimos delante nuestro un círculo de luces, eran las linternas de los pilotos de Pucará y Helicópteros, que nos decían ¡¡ESTAMOS EN CASA!!.

Mientras festejábamos, le escuché decir al Capitán Tomba que se dio cuenta que éramos nosotros y no los ingleses por el ruido de las palas del Bell, lo que me atrajo a la mente las estrofas que transcribo:

“Antes de verme llegar me anunciar√© con golpes secos y constantes contra el aire y el viento”…

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Relata: Teniente Brea, “GATO” (Piloto de Helic√≥pteros)

Fuente: Halcones de Malvinas del Com RE VGM Pablo Marcos Rafael Carballo

Luis Satini

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