Falconier, el piloto que, antes de morir, se despidió por carta de sus hijos

Mar√≠a Alejandra Falconier ten√≠a siete a√Īos cuando un misil impact√≥ en la cola del T-24, un Lear Jet LR-35 en el que viajaban su padre, el vicecomodoro post mortem Juan Jos√© Ram√≥n Falconier, y otros cuatro miembros del Escuadr√≥n F√©nix de la Fuerza A√©rea Argentina.
La nave se estrelló en la isla Borbón, donde en 1994 encontraron restos y se hizo un monolito en honor a los caídos.

Misil SEA DART Buque Lanzador HMS EXETER - Falconier
07 DE JUNIO DE 1982
09:06 HS (L)
MET:CAVOK
Isoterma de cero grado:valores normales para Malvinas
Objetivos: LR-35 F -NARDO 1-NARDO 2- (estelando)
Lugar: a 10 MN de la Boca Norte del Estrecho San Carlos
Misil:SEA DART
Buque Lanzador : HMS EXETER

Su hermano Juan Jos√© ten√≠a seis a√Īos, Eduardo ten√≠a dos, Mar√≠a de los Angeles uno y Mar√≠a Bel√©n estaba en la panza de su mam√°, Claudia.

María Alejandra era y es Mononi, al menos para sus hermanos.
√Ďequi fue el apodo de Juan Jos√© hasta que cumpli√≥ diez a√Īos y a todos les pareci√≥ bien abandonar el sobrenombre. A ellos su padre les dej√≥ una carta antes de partir a las islas Malvinas, por si le pasaba algo en la guerra de 1982.

De izq. a der Eduardo María de los Angeles María Alejandra y su hijo Franco María Belén y Juan José Foto Maxie Amena

«Le dijo a mam√° que hab√≠a dejado dos sobres, uno para ella y otro para nosotros, por si no volv√≠a. No le dijo d√≥nde los hab√≠a guardado. Los encontramos despu√©s de mucho buscar en un portafolio, en el cuarto donde √©l dibujaba», revel√≥ Mar√≠a Alejandra.

«Mi pap√° no pensaba que se iba a morir, pero sab√≠a que eso pod√≠a pasar», dice Mar√≠a de los Angeles. «Otros padres quiz√° no escribieron porque pensaron que no les iba a pasar nada, o no se atrevieron. Debi√≥ haber sido muy duro para mi pap√° escribir eso», reflexiona Eduardo.

La hermana mayor interrumpe a los dem√°s.
Parece tener la necesidad de aclarar algo antes de que la charla contin√ļe: «Decidimos dar a conocer la carta porque pensamos que muchos hijos de muertos en las Malvinas quiz√°s encuentren en ella un mensaje que sus padres hubieran querido dejarles y, por distintas razones, no lo hicieron. Pensamos que tambi√©n a los chicos ingleses sus padres fallecidos les podr√≠an haber dejado algo similar. Es un mensaje amoroso de un padre a sus hijos».

El mayor Juan Jos√© Ram√≥n Falconier, copiloto de uno de los aviones civiles que cumpl√≠a con arriesgadas misiones, perdi√≥ la vida a los 38 a√Īos en la ma√Īana del 7 de junio de 1982, una semana antes de que los generales Jeremy Moore y Mario Benjam√≠n Men√©ndez, comandante de las fuerzas brit√°nicas y gobernador militar de las islas Malvinas, respectivamente, acordaron el alto el fuego y la rendici√≥n argentina.

«Casualidad o no, el 7 de junio de este a√Īo, cuando se cumplen 20 a√Īos de la muerte de mi pap√°, la Argentina va a jugar con Inglaterra un partido del Mundial», dice, algo enojado, Juan Jos√©. Pero su hermana menor, que s√≥lo conoce a su padre por fotos, agrega: «Vamos a estar con una bandera en la mano. Tenemos otra oportunidad para demostrar qui√©nes somos».

Mar√≠a Alejandra est√° por terminar la carrera de abogac√≠a, que tambi√©n estudia Eduardo en la Universidad del Salvador. Juan Jos√© cursa cuarto a√Īo de Administraci√≥n de Empresas y Mar√≠a de los Angeles y Mar√≠a Bel√©n cursan Ingenier√≠a Industrial. Todos nacieron en Paran√°, la ciudad natal de sus padres, menos Juan Jos√©, que naci√≥ en C√≥rdoba.

Todos hablan con orgullo de su padre y prefieren no pensar si la guerra que se los quitó fue, o no, un error político del presidente de facto general Leopoldo Fortunato Galtieri.

«A mi pap√° no le import√≥ si Galtieri se equivoc√≥. Los que fueron all√° no tomaron la decisi√≥n. Una vez iniciada la guerra, mi pap√° y muchos otros hicieron lo que pensaron que era su deber: subir al avi√≥n y defender a la patria», asegura Eduardo. «Est√°bamos en desigualdad de condiciones y as√≠ y todo hicimos las cosas lo mejor que pudimos. Adem√°s, nosotros no iniciamos la guerra, ocupamos pac√≠ficamente las islas, que son nuestras. La empezaron ellos con el hundimiento del Belgrano», agrega su hermano, que estudi√≥ en el Liceo Militar y habla como si √©l hubiera peleado.

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«Rescatar los valores»

«No nos importa si fue mala o buena la decisi√≥n, pero en su momento el pueblo sali√≥ a defenderla. La Argentina represent√≥ al desvalido que tiene que hacerse valer frente al poder del imperialismo», razona Mar√≠a de los Angeles. Y Mar√≠a Alejandra acota: «Fue una declaraci√≥n de libertad a pesar del gobierno militar. Tenemos que rescatar los valores de los que fueron a la guerra; de eso nunca se habla».

Mar√≠a Bel√©n es la m√°s callada. Escucha y, despu√©s, confiesa: «Prefiero no pensar qu√© habr√≠a pasado si no hubiera habido guerra. El eligi√≥ as√≠. Cuando me pongo medio mal me acuerdo de una frase que una vez me dijo un amigo de √©l: «Vos te aseguraste de que con esto tu pap√° se fue al cielo. «El dio la vida por la Patria»».

Mar√≠a de los Angeles agrega: «Yo a veces le hablo al cielo, pero no me quejo por lo que me toc√≥ vivir. El se habr√≠a enojado mucho si yo, o alguno de mis hermanos, nos pas√°ramos el d√≠a lament√°ndonos. Adem√°s, mi mam√° se volvi√≥ a casar y tuvo otros cinco hijos con mi nuevo pap√°, el vicecomodoro (R) Rafael Alberto Gonz√°lez Osterode, que tambi√©n fue a la guerra y era amigo y del mismo escuadr√≥n que mi pap√°».

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María Alejandra dice que ser la mayor es difícil pero reconoce que tiene sus ventajas. Ella fue dos veces a las Malvinas, en 1995 y 1999. Sus hermanos Juan José y Eduardo fueron una vez y las dos más chicas no conocen el lugar donde peleó y murió su padre.

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«Nos gustar√≠a saber d√≥nde est√° enterrado para poder honrarlo como corresponde, pero no lo sabemos. Dos de los cinco tripulantes del Lear Jet est√°n enterrados en el cementerio de Darwin y otros dos (en realidad, no sabemos si son restos de los otros tres) est√°n desde 1994 en la isla Borb√≥n», cuenta Mar√≠a Alejandra mientras le da el pecho a su hijo de un a√Īo, Franco Chiovetta Falconier.

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«A m√≠ me gusta que est√© enterrado ah√≠, porque esa tierra es nuestra. Una vez nos preguntaron si quer√≠amos repatriar los restos y nosotros nos preguntamos: ¬ŅRepatriarlos? Si est√°n en suelo patrio», comenta Eduardo.

Juan Jos√© vio por √ļltima vez a su pap√° cuando cumpli√≥ seis a√Īos, el 30 de mayo de 1982. Ese d√≠a los dos soplaron juntos las velitas, porque Juan Jos√© Ram√≥n Falconier hab√≠a nacido el 31 de mayo de 1944 y celebr√≥ su aniversario un d√≠a antes. Despu√©s se fue a la guerra. Y ya no volvi√≥.

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Cuando Mar√≠a Alejandra se cas√≥ hace un a√Īo y medio, entr√≥ en la Iglesia con su hermano Juan Jos√©: «Ese d√≠a y cuando naci√≥ mi hijo Franco, y mi suegro lloraba de alegr√≠a, sent√≠ la falta de pap√°».

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Lo describen como un t√≠pico argentino, al que le gustaba andar en moto, tener su auto, salir, ir a pescar con su familia. Dicen que dibujaba muy bien y era especialista en caricaturas. Cuenta que tocaba la guitarra, jugaba pelota vasca y hasta sab√≠a coser a m√°quina. «Era normal, muy alegre», dice Mar√≠a Alejandra. Y Juan Jos√© agrega: «Lo decimos, porque como es militar, la gente piensa que no ten√≠a coraz√≥n, que no pens√≥ en sus hijos y se fue a la guerra, pero no es as√≠».

La menor, la m√°s callada, la que nunca vio a su pap√°, dice: «El nos dej√≥ algo en que creer. Nos dej√≥ una consigna: jugarse por lo que uno realmente piensa».

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«Les dejo el apellido para que lo lleven con orgullo»

«A √Ďequi y Mononi: su padre no los abandona, simplemente dio su vida por los dem√°s, por ustedes y vuestros hijos… y los que hereden mi Patria.

«Les va faltar mi compa√Ī√≠a y mis consejos, pero les dejo la mejor compa√Ī√≠a y el m√°s sabio consejo, a Dios: af√©rrense a √Čl, sientan que lo aman hasta que les estalle el pecho de alegr√≠a, y amen limpiamente, que es la √ļnica forma de vivir la «buena vida», y cada vez que luchen para no dejarse tentar, para no alejarse de √Čl, para no aflojar. Yo estar√© junto a ustedes, codo a codo aferrando el amor.

«Sean una «familia», respetando y amando a mam√° aunque le vean errores, sean siempre s√≥lo «uno», siempre unidos.

«Les dejo el apellido: Falconier para que lo lleven con orgullo y dignifiquen, no con dinero ni bienes materiales, sino con cultura, con amor, con belleza de las almas limpias, siendo cada vez m√°s hombre y menos «animal» y por sobre todo enfrentando a la vida con la «verdad», asumiendo responsabilidades aunque les «cueste» sufrir sinsabores, o la vida misma.

«Les dejo: -muy poco en el orden material, -un apellido «Falconier», y -a Dios (ante quien todo lo dem√°s no importa)

Pap√°

PD: para que mis hijos lo lean desde j√≥venes y hasta que sean viejos, porque a medida que pasen los a√Īos, adquieran experiencia, o tengan hijos, le ir√°n encontrando nuevo y m√°s significado a estas palabras que escrib√≠ con amor de padre.»

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Por Laura Zommer La Nación

Información Adicional: Biguá РFotos Museo Nacional de Malvinas

Luis Satini

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