Historia del reencuentro 29 años después

Uno, un soldado raso oculto en una trinchera cavada en el frío suelo de turba; el otro, un teniente de la Fuerza Aérea que había llegado a las Islas Malvinas con la misión de instalar las defensas antiaéreas del aeropuerto. Víctor Rena y Jorge Luis Reyes -los protagonistas de este insólito relato- lograron trabar amistad en medio de los intensos bombardeos ingleses, pero ese sólido lazo de camaradería se vio abruptamente interrumpido cuando a Reyes le informaron que “El Cordobés”, como lo conocían en las Islas, había sido abatido en un bombardeo.

De aquel vínculo, el teniente sólo conservaba una estampita de la Virgen de Luján que su amigo le había dejado en sus manos, como muestra de agradecimiento por el modo en que la Fuerza Aérea lo había “adoptado” y lo había protegido.

JORGE L. REYES

Los primeros días de junio, al soldado riocuartense le habían dado la orden de ir a pelear al frente. Y como toda despedida, Reyes le pidió que escribiera su nombre detrás de la estampita.

“Soldado clase 63 Víctor Daniel Rena, Río Cuarto (Córdoba)”, alcanzó a garabatear el muchacho bajito antes de salir con el frío lamiéndole los pies.

Eran los días de mayor asedio enemigo, el doloroso final empezaba a perfilarse. En el fragor de la lucha y aturdido por las detonaciones, el soldado de 19 años se desvió de su posición y terminó sumándose a un pequeño grupo de camaradas porteños que fue devastado por una bomba.

Los cuatro jóvenes que luchaban a su lado murieron acribillados por las esquirlas, Rena despertó ensangrentado y con heridas en todo el cuerpo. En una de sus manos conservaba la cruz y algunas cuentas sueltas del rosario que llevaba aprisionado. “La esquirla me había destrozado el fusil y me hirió en el costado, pero fue la misma culata del fusil lo que frenó el impacto y evitó que la herida fuera mayor; los otros cuatro chicos fueron los que recibieron más esquirlas y me salvaron de la onda expansiva”, contó Rena, en el living de su casa.

AEROPUERTO PUERTO ARGENTINO. IZQ DER. RADONICH D. MORALES Y RENA VICTOR

Logró ser rescatado por soldados ingleses, quienes lo asistieron y lo llevaron hasta un hospital de campaña argentino. El resto de su unidad creyó que había muerto y hasta su madre fue notificada de la infausta noticia.

Eso sucedió el 14 de junio de 1982, el último día de combate. Con la rendición ya consumada, el teniente Reyes empezó a trajinar las diferentes divisiones intentando conocer el destino de El Cordobés hasta que dio con uno de sus compañeros que lo había visto caer en el campo de batalla. “No lo busque más, lo mató una esquirla que le dio en el estómago”, fue la frase que apagó toda esperanza.

Con pulso tembloroso, Reyes escribió en la misma estampita, junto a su nombre, “Fallecido en combate el 13 de junio de 1982”.

Desde entonces, cada 13 de junio, Reyes elevaba una plegaria en honor al valeroso soldado que apenas si sabía manejar el fusil que le habían dejado en sus manos.

Su historia salió del anonimato cuando Reyes decidió escribir una semblanza sobre aquel soldado cordobés. La repartió entre sus amigos y alguien decidió subirla a la página de Facebook “Nunca nos olvidemos de nuestros héroes”, un sitio de Internet dedicado a la memoria de los ex combatientes.

Vinieron 1er Tte Dalves y Tte Jorge Reyes

Entonces, ocurrió lo inesperado

Un profesor universitario de Caleta Olivia, conmovido por la historia, comenzó a investigar el caso luego de leer en uno de los comentarios del artículo que otro veterano de guerra daba a entender que aquel soldado en realidad había logrado sobrevivir.

Así fue como 20 días atrás, el profesor Germán Stoessel logró confirmar la noticia, y después de hablar con ambos Veteranos de Guerra, consiguió que los antiguos camaradas volvieran a comunicarse telefónicamente y proyectaran el emotivo reencuentro.

“Cuando me habló ese profesor me dejó helado por la sorpresa y la emoción de saber que alguien me recordara con tanto afecto, creyendo que había muerto hace 29 años”, comentó Rena, todavía shockeado.

A su vez, el mismo docente se ocupó de darle la feliz noticia a la esposa de Reyes, a quien le pidió que la mantuviera en secreto con la idea de armar un reencuentro sorpresa en Buenos Aires.

Pero la ansiedad y la emoción de la mujer pudieron más. Así fue como Reyes llamó diez días atrás a su entrañable amigo y al menos telefónicamente, logró volver a oír su tonada.

“Me habló un sábado por la tarde y cuando le dije que era yo se quedó en silencio, como si se hubiera quebrado. Me dijo: “Para mí, más que un camarada sos como un hermano” y empezó a contarme sus recuerdos, entonces el que se quebró fui yo. En un momento no podía hablar del nudo en la garganta que tenía y le dije: “Me parece que estamos los dos igual”.

Después de tantos años de desencuentros, algo es seguro. El teniente y el soldado raso volverán a reunirse muy pronto. El 20 de junio, Reyes vendrá a Río Cuarto junto a su familia para visitar a Rena. Ya proyectaron un chivito asado y un recorrido por las sierras.

Será la ocasión ideal para retomar una amistad interrumpida por el fragor de las bombas y por un equívoco que se prolongó casi 30 años.

VICTOR RENA Y JORGE REYES

“Me salvé gracias al de arriba”

Cuando le tocó ir al frente, un capitán de la Fuerza Aérea le consiguió un fusil y municiones porque había quedado desarmado en un incendio, en medio de un ataque.

Las imágenes que Víctor Rena conserva de su momento crítico durante la guerra son ventanas que se abren y se cierran caprichosamente. Un trecho de unos 500 metros lo separan del poblado donde debía resguardarse, dos bombas que caen al mar, el recuerdo de su cuerpo bañado en sangre, la culata del fusil que lo acabó protegiendo, la boina verde a un costado y teñida de rojo.

“Todavía la tengo guardada tal cual, sin lavar. La verdad, que me salvé gracias al de arriba”, se sonríe el dueño de una historia conmovedora.

JORGE L. REYES Y VICTOR RENA

La carta que provocó el inesperado reencuentro

A mediados del mes de mayo, nuestra posición estaba siendo duramente castigada por la aviación Inglesa, nuestras piezas de artillería antiaérea de 35 mm se habían hecho respetar, ataque tras ataque, y esto preocupaba al enemigo, que dirigía ahora sus esfuerzos contra nosotros.
Nuestro emplazamiento era ordenado y sólido, los dos cañones bitubo y la central de tiro protegidas con bolsas de tierra y turba, y dos refugios tipo bunker construidos por nosotros mismos, para alojamiento del personal.
En la posición nos sentíamos seguros, pero los ataques sobre nosotros eran cada vez mas intensos y más certeros, así fue que hasta que una bomba de 500Kg arrojada por un Sea Harriers cayó a 5 metros del cañón y lo inutilizó por completo, otra bomba igual no explotó y a los tumbos fue a quedar apoyada sobre el techo del bunker donde vivíamos casi 20 personas, y otra bomba que tampoco explotó desmoronó el techo del otro bunker.

Vinieron 333

Esa tarde recibimos la orden de cambiar de posición y comenzamos inmediatamente las tareas de emplazamiento, pero había algo que me llamaba la atención, 2 tambores de 200 lts sostenían una chapa cubierta con tierra y oficiaba de refugio a dos soldados.
Durante las 5 hs. que duró el emplazamiento, no vi un solo movimiento, hasta que esa tarde los vi aparecer, los rostros tiznados por el humo del fuego que los calentaba, las ropas húmedas evidenciaban lo desprotegidos que estaban, se acercaron a nosotros y sin mucho esfuerzo, se integraron al grupo, el más inocente era de Río IV.

Lo primero que hicimos fue acondicionarle la ropa y el armamento, integrarlo a nuestra comida, ejercitarlo en el tiro, decididamente eran de nuestra batería, muchas tardes hablamos sobre la familia, sobre su mama que estaría preocupada, sus hermanas mayores que estarían orgullosas y sobre lo que era la guerra para nosotros.
¡Qué lindos momentos que pasamos con el cordobés! Las bromas, los chistes, el peligro, el recuerdo…..

Vinieron 319

La guerra avanzaba, el enemigo estaba ya sobre Puerto Argentino, el fuego era algo incesante, todo había ganado en intensidad esa noche del 13 de junio.
El RI 25 en el aeropuerto, debía marchar a primera línea y fue así que nuestro amigo se despidió de nosotros.
Me acuerdo que se acercó y me dijo (es lo único que tengo y quiero dejártelo por todo lo que me dieron) y puso entre mis manos una estampita de la Virgen de Lujan, le hice poner con una lapicera su nombre al dorso: s/c 63 Víctor Daniel Rena RI 25, y nos despedimos con un abrazo.

El 14 de junio ya no había mas nada que hacer, el alto el fuego se extendió como algo ficticio: vino la entrega de armas y el repliegue de los Argentinos.
Los Ingleses nos ubicaron a todos los prisioneros en el aeropuerto.
Recuerdo que subí con un oficial a una loma, y desde allí veíamos los 10.0000 efectivos buscando refugio.

Era el atardecer y asomaban pequeñas fogatas donde grupos en círculos, intentaban calentarse los restos de aviones servían de refugio contra la lluvia y el viento.
Entonces nos acordamos del cordobés ¿dónde estaría?.

Comenzamos a buscarlo por todos lados, en el bunker, entre los soldados de su regimiento, hasta que de pronto, nos encontramos con su compañero, le preguntamos por Víctor, y nos dijo: “lo mataron, una esquirla de una granada en él estomago”
¡Como lo sentí!.
Siempre quise escribir esto por él y por su familia, para contarles quien era y del orgullo que siento de haberlo conocido.
Así son los Héroes, de carne y hueso pero de recuerdo, de fierro.

Con mi letra, agregue a la estampita: Fallecido en combate el 13 de junio de 1.982

VGM Jorge Luis Reyes

Casi tres décadas después, el autor de este emotivo relato recibiría la mejor de las noticias.

El Cordobés logró recuperarse del cruento ataque en Puerto Argentino, se casó, tiene un hijo de 20 años y hoy trabaja en la guardia de la empresa de Obras Sanitarias de Río Cuarto.

El Encuentro

Se abrazaron con todo el sentimiento que una guerra puede comprimir en el pecho.
El veterano de guerra de Malvinas Jorge Reyes se reencontró con Víctor Rena, el “soldadito cordobés” que, durante 29 años, creyó muerto.
Gracias a que se publicó en Facebook una carta que él había escrito en homenaje al ex conscripto, Reyes supo que había sobrevivido.

El ex teniente de la Fuerza Aérea llegó a Río Cuarto a cumplir con una promesa: “Cuando pase todo esto, voy a ir a Córdoba y nos vamos a comer un asado”, le había dicho entre los bombardeos.

Rena y Reyes se habían visto por última vez el 13 de junio del 1982, fecha del combate final.
El soldado que Reyes protegía e instruía, como si fuera su hermano, había sido convocado al frente de batalla.
Los hombres de la Fuerza Aérea le acondicionaron el fusil y le hicieron practicar tiro.
En agradecimiento, en la despedida el joven cordobés le entregó al teniente una estampita de la virgen de Luján.

Ayer, Reyes llegó con su esposa y sus cinco hijos a la casita de Rena, junto al río Cuarto. “¡Qué bien que estás, eh!”, le dijo al verlo. “El de arriba no quería llevarme”, bromeó Víctor.

No podían dejar de mirarse. Su sonrisa contenía toda la emoción.
Reyes le contó cómo, el día de la rendición, lo buscó desesperado donde estaban prisioneros. Hasta que un compañero le dijo que no lo buscara más, que una granada “lo había partido a la mitad”.

“La verdad es que tuve un Dios aparte, sobreviví a la explosión, gracias a los chicos que me rodearon también”, explicó Rena.
Sólo recuerda el ardor de las heridas, su cuerpo bañado en la sangre de sus compañeros muertos a su alrededor, el crucifijo y unas cuentas del rosario en la mano.
Desde lejos, habían visto que una esquirla lo atravesaba. Pero quedó incrustada en la culata del fusil.
Lo rescataron los ingleses.

“Como éramos de distintas fuerzas y a los cuatro años yo me fui de la Fuerza Aérea, quedé desconectado. En la estampita que me dio, anoté: fallecido en combate. Fue una gran sorpresa saber que estaba bien”, contó Reyes.

Recordó que invitaron a Rena y a su compañero a unirse a su batería, porque los habían encontrado bajo una chapa, húmedos, sin instrucción. Contó que enseguida el conscripto se ofreció a cocinar y comenzó “a comandar el cucharón”.

Entre tantas anécdotas, los camaradas rememoraron “algo que no tiene precio”: el día en que consiguieron medias limpias y Rena calentó el agua para lavarse los pies…

“Malvinas nos identifica a todos los argentinos. Podemos tener diversidad de opiniones, ser de partidos diferentes, pero si algo sabemos es que las Malvinas son Argentinas, eso es algo irrenunciable.

Nosotros no decidimos ir a la guerra, pero conocemos esa tierra, ese sentimiento. En algún momento, a través de la vía diplomática, como tendría siempre que haber sido, va a tener que haber una negociación”, transmitió Reyes.

Vinieron Reyes libro

Fragmentos del libro “Vinieron y les presentamos batalla”
Un libro imperdible!! (Luis Satini)

El encuentro.- (…) A las 17, estábamos de regreso en nuestra posición. Me encontraba de espaldas a la cueva de chapas, y Rivarola me hizo señas para que mirara atrás.

-¿Y esto qué es? -exclamé.

De entre las chapas había salido un pie, el borceguí era pura agua y el pantalón de un verde gris turba inmundo. Lentamente, una pierna fue desplegándose fuera de ese asqueroso agujero. Una mano negra tiznada de hollín se sujetó de los bordes y una cabeza desprolija y sucia comenzó a salir de ahí adentro. Todos nos quedamos mirando estupefactos, no parecía real.

(…) -¿Cómo te llamás? -le pregunté.

-Víctor Daniel Rena.

-¿A qué unidad pertenecés?

-Al Regimiento de Infantería 25 -me contestó.

-¿Y este es tu puesto?

-Sí.

-Mirá nosotros vamos a instalarnos acá, así que cualquier cosa que necesites pedímelo.

Qué idiotez acababa de decirle, este chico necesitaba todo.

* * *

Inexperiencia.- (…) En la mañana del 2 de junio, cuando nos levantamos, me encontré con el soldado Rena, de guardia cerca de nuestro cañón, lo saludé con la mano y me contestó. Todos nos habíamos encariñado con él porque era un chico sencillo y dócil. Más tarde lo llamé.

-¿Así que vos nos vas a dar protección terrestre?

-Sí, con mi amigo -los dos eran inseparables.

-Bueno, entonces mostrame tu fusil.

De tanto estar en el agua su fusil se había oxidado, estaba lleno de tierra y arena. Para un soldado en combate no hay nada más importante que su fusil (porque de él depende su vida), por eso lo cuida y lo limpia en todo momento obsesivamente; pero de soldado éste tenía muy poco y su arma era un espejo de cómo estaba él.

(…)-Ves esos tambores de 200 litros, apuntá y tirales -estarían a 150 metros de nosotros.

Se acomodó torpemente, apuntó y tiró, el disparo pegó sólo diez metros frente a nosotros.

Creí que me hacía una broma.

-Tirá otra vez -le exigí, mientras le miraba la cara.

Nuevamente pegó casi a nuestros pies, tiró con los ojos cerrados, tenía miedo, yo apostaba lo que fuera a que no había tirado nunca.

-Vení, Víctor, decime: ¿cuántas veces tiraste en tu vida?

-Dos veces.

* * *

Ultimo combate y despedida.- (…) -Me vengo a despedir porque me voy a la primera línea -me dijo orgulloso.

-Bueno, Víctor, suerte -le contesté.

-Pero antes quiero agradecerle todo lo que hizo por mí en estos días.

-No me tenés que agradecer nada. Cuando todo esto termine voy a ir a Río Cuarto y nos vamos a emborrachar juntos, ¿eh?

(…)Me ofreció una estampita de la Virgen de Luján.

(…)-Escribile tu nombre atrás.

Escribió: Sold. c/63 Víctor Daniel Rena. RI 25-Río Cuarto, Córdoba.

* * *

La “muerte” de Víctor.- (…) Seguí buscándolo, preguntándole a los que veía dónde estaba el RI 25, hasta que me encontré a su amigo inseparable sentado sobre una piedra.

(…)-Juan, ¿cómo estás?, ¿lo viste a Víctor?

-Fue terrible -me contestó y se quebró.

-Esa noche, cuando llegamos, nos recibieron con fuego de cañones y morteros, nos ordenaron que avanzáramos y Víctor cumplió, cerca de él estalló una granada de mortero y una esquirla lo partió por la mitad, a la altura del estómago y no lo pude mirar más, está muerto. La noticia me cayó como un balde de agua fría, la caída de este muchacho me pesaba lo mismo que la caída de todo.

(…) Saqué la estampita que me había regalado y le escribí: fallecido en combate el 14 de junio de 1982.

* * *

“Querido Víctor: es un orgullo para mí compartir este libro con vos, que nos recuerda los difíciles momentos que pasamos durante la guerra. Me alegro verte tan bien con la familia hermosa que has formado y me doy cuenta de que merecías esta oportunidad”, (dedicatoria de Jorge Luis Reyes, 19 de mayo de 2012).

 

Relato: Teniente Jorge Luis REYES VGM
(PROMOCION 44 de la EAM) desplegó desde BAM MAR DEL PLATA a BAM MALVINAS.
Se fue de baja de la FAA el 1/12/1986 como Primer Teniente. Especialidad:Artilleria Antiaerea

Fuente: La Puntal  /   La Voz del Interior
Luis Satini

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