La guerra se instala entre nosotros

El fr√≠o exterior traspas√≥ la lona de la carpa y ante la falta de un artefacto que calentara el ambiente (el mismo era isot√©rmico), me met√≠ vestido dentro de la bolsa de dormir para ver si de esa forma pod√≠a entrar en calor. Al cabo de un tiempo, intent√© conciliar el sue√Īo que segu√≠a remiso y no llegaba. Teniendo en cuenta la atm√≥sfera de inquietud que se desprend√≠a del PC, advert√≠ que algo importante estaba por ocurrir.

La guerra 16

Con el auricular del tel√©fono siempre ubicado en la oreja derecha, a esa altura de la madrugada, dolorido por soportar ese elemento extra√Īo durante varias horas, me permit√≠ escuchar las continuas conversaciones que realizaba el PC con el jefe de Skyguard sobre la posible detecci√≥n de alg√ļn m√≥vil a√©reo. Recuerdo que intu√≠ que, desde una instancia superior, alguien les recaba informaci√≥n a los operadores del PC, ya que la √ļnica posibilidad que ten√≠an de saber algo respecto, era justamente pregunt√°ndole al √ļnico radar operativo que hab√≠a en el aeropuerto. ¬°La noche estuvo muy movida!

Para que la ‚Äúchicharra‚ÄĚ del tel√©fono no me perturbara tanto e hiciera menos ruido al sonar, coloqu√© una frazada que amortiguara un poco el penetrante y cargoso sonido. La luz del ‚Äúsol de noche‚ÄĚ que hab√≠amos dejado encendida a prop√≥sito cerca de la consola de mando de la Central nos acompa√Ī√≥ y orient√≥ en caso de tener que actuar de improviso.

El silencio fue absoluto. De pronto, todo comenz√≥ a cobrar vida. Aunque el tel√©fono estaba tapado, se hizo o√≠r insistentemente. Me qued√© en estado de alerta, esperando que alguno de los corresponsales, Skyguard o el PC contestara el llamado. En eso, el PC contest√≥. Una voz tranquila y pausada dijo: ‚ÄúAqu√≠, PC. ¬ŅQu√© pasa?‚ÄĚ.

La guerra 20

El interlocutor era el operador del Skyguard, con una voz que denot√≥ excitaci√≥n respondi√≥: ‚Äú¬°Tengo adquirido un blanco que se acerca r√°pido por el Noreste! ¬°Est√° a 8 Km! ¬ŅQu√© hago?‚ÄĚ.

‚ÄúBueno, tranquilo. Espere un momento que averiguo y le informo de qu√© se trata‚ÄĚ, respondi√≥ el operador del PC.

La pregunta y m√°s a√ļn la respuesta me provocaron leves escalofr√≠os.

Al oír eso, me salía de la vaina por decirle al operador del Skyguard que los vuelos propios estaban suspendidos. Por lo tanto, todo avión detectado debía ser tratado como enemigo. ¡Debía dispararle! Pero no podía hacer eso. Ese hombre dependía de otra cadena de mando, con procedimientos y directivas pertinentes. Por ende, por respeto, opté por no decir nada y me quedé quieto.

Todo eso pas√≥ por mi mente en una fracci√≥n de segundo. Luego, lo despert√© a Reyes que dorm√≠a como un beb√© y le dije: ‚Äú¬°Negro, despertate! ¬°Me parece que estamos bajo ataque a√©reo!‚ÄĚ. Mientras √©l intentaba sentarse, el tel√©fono son√≥ otra vez.

A√ļn recuerdo que el jefe de Skyguard grit√≥ desesperado: ‚Äú¬°Se sigue acercando! ¬°Est√° a 6 Km! ¬ŅQu√© hago?‚ÄĚ.

El del PC le dijo imperturbable: ‚ÄúTranquilo, tranquilo‚Ķ Ya le aviso‚ÄĚ.

Reyes, sentado en el catre, me miró con cara de no entender nada. En ese momento, empezamos a escuchar el ruido poderoso de unas turbinas de avión que en un vuelo bastante bajo pasaba muy próximo. Quizás un poco lateral sobre nuestras cabezas.

Ante eso, ya no hizo falta brindarle m√°s detalles de lo que estaba por ocurrir. Instintivamente nos pegamos al suelo cual estampillas esperando lo peor.

Las bombas lanzadas volaban hacia alg√ļn lugar del aeropuerto.

No había mucho por hacer. Recuerdo que me invadió una sensación de paz.

Solo atin√© a encomendarme en silencio: ‚Äú¬°Se√Īor, prot√©geme! ¬°Se√Īor, prot√©genos!‚ÄĚ.

Se escucharon en forma potente y lejana una serie interminable de explosiones. La tierra ‚Äďmejor dicho‚Äď la turba transmiti√≥ las ondas tel√ļricas que llegaron hasta nosotros, sacudi√©ndonos violentamente. El ‚Äúsol de noche‚ÄĚ se bambole√≥ y casi se cay√≥ de donde estaba colgado.

Pasado ese instante de zozobra, comenzamos las consultas por HT para averiguar el estado de nuestro personal. Los operadores de los fierros 303 y 304 y el personal instalado en el refugio nos contestaron de inmediato. Afortunadamente estaban todos sanitos. La tercera Batería había soportado el primer ataque aéreo real que dio inicio a las hostilidades.

La guerra 19

Eran las cuatro y cuarenta de la madrugada del s√°bado 1 de mayo, cuando Gran Breta√Īa bombarde√≥ sorpresivamente las instalaciones del aeropuerto (tal como lo marcan los manuales) para tratar de desactivar la pista. Por ese entonces, durante los primeros minutos posteriores al ataque no supimos si su objetivo se hab√≠a cumplido o no.

El operador del Skyguard seguía a los gritos queriendo hablar con el PC, pero no conseguía respuesta alguna. Se habían quedado mudos por el susto (algo poco probable) o se había cortado el cable telefónico (algo muy probable). En el peor de los casos, se hallaban en la corrida de bombardeo y habían sido afectados.

Interpretando la situación vivida por este joven y compadeciéndome un poco también, decidí contestarle el llamado:

‚ÄďSkyguard. ¬°Aqu√≠, Turco! Deme un comprendido. ¬ŅC√≥mo est√°n ustedes?

‚ÄďNosotros bien Turco, pero perdimos contacto con PC. ¬°Al avi√≥n lo ten√≠a ‚Äúenganchado‚ÄĚ, pero no me dieron la orden de tirar y se nos escap√≥!

En la voz de ese hombre percibí una fuerte desazón que era totalmente comprensible. Por mi parte, desde un par de días antes, intuía que eso podía llegar a ocurrir.

Si tenemos en cuenta que un avión de combate avanza muy rápido, a razón de 200/250 metros por segundo, cuando un radar de AAa lo detecta, no puede perder tiempo preguntando qué debe hacer. Esos son procedimientos que deben estar predeterminados de antemano y expresados en reglas de combate. Pero al parecer, eso no ocurrió así y esa vez perdimos la posibilidad de impedir o al menos dificultar el accionar.

De cualquier manera ya era tarde. El avión había pasado y había realizado su trabajo. Desde ese mismo momento, había que pensar en el futuro inmediato.

La guerra 28

Recuerdo que le dije: ‚ÄúNo se haga problema. En una de esas, no le autorizaron el tiro para que no fuera Argentina la que iniciara las hostilidades‚Ķ ¬°Qu√© s√© yo! A partir de ahora, la cosa cambia. Le recuerdo que los vuelos propios est√°n prohibidos. Por lo tanto, si llega a detectar un eco, bajo esas mismas condiciones, seguro se trate de un enemigo. Por lo tanto, hay que tratarlo como tal. ¬°Nos mantenemos en contacto, hasta que se recomponga la comunicaci√≥n con el PC! ¬ŅOk?‚ÄĚ. Su respuesta fue: ‚Äú¬°S√≠, Turco! Ok‚ÄĚ.

En el ínterin que mantuve esta conversación, Reyes logró establecer enlace con algunos fierros (3; 4; 5 y 6) de la batería de 20 mm que estaban cerca de nuestra posición. Ellos también habían perdido contacto con el PC y con los demás fierros.

Sin lugar a dudas, la distancia a dichos fierros estaba fuera del alcance de nuestro equipo de radio. No obstante, en previsi√≥n de futuras acciones con los que tuvimos enlace, los llam√© envi√°ndoles un mensaje: ‚Äú¬°Atenci√≥n fierros 3, 4, 5 y 6, aqu√≠ Turco. Si me escuchan en ese orden den un comprendido‚ÄĚ.

La guerra 39
Vista a√©rea del Aeropuerto de Puerto Argentino, con esquicio del emplazamiento de la Artiller√≠a Antia√©rea de la Fuerza A√©rea Argentina. Los nueve ca√Īones¬†Rheinmetall¬†¬†‚ÄúFierros‚ÄĚ, la Tercera Bater√≠a y el Puesto Comando (PC), al inicio de las hostilidades.

La respuesta no se hizo esperar. Cada uno a su tiempo, respondió el llamado.

Con la confirmación del enlace asegurado, otra vez me dirigí a ellos: “Para los fierros 3, 4, 5 y 6, aquí Turco nuevamente. Hemos perdido contacto con el PC y hasta tanto se restituya pasan a depender de los corresponsales Turco o Negro, de acuerdo a quién esté al mando en ese momento.

Les recuerdo que los vuelos propios est√°n suspendidos hasta nuevo aviso. Por lo tanto, todo avi√≥n que se detecte, debe ser tratado como enemigo. Salvo una orden que exprese lo contrario, tienen la consigna de ‚ÄúFuego Libre‚ÄĚ. ¬ŅRecibido?‚ÄĚ.

Esos curtidos Jefes de Pieza respondieron con voces vibrantes que denotaron decisión y fortaleza. El ataque sorpresivo no los amilanó. Por el contrario, se los notó prestos a combatir. Sólo hubo que esperar la salida del sol. No obstante, empezaron a alistarse.

Me los imaginaba desplaz√°ndose con presteza hacia el ca√Ī√≥n, quit√°ndole la lona protectora, secando con un trapo la humedad de la noche, realizando el proceso de carga, abasteciendo el almac√©n cargador y llenando el tanque de combustible en una febril actividad mediante la cual adem√°s atemperaban el fr√≠o reinante.

Al rato, el fierro 3 había logrado comunicarse con el fierro 2. Todo su personal estaba sin novedad. Dada la cercanía, trató de contactarse con el PC y los demás fierros de los que no teníamos noticias. Algo era seguro: el sector Norte (Fierros 2, 3, 4 y 5), el sector Este (nosotros) y el sector Sudeste (Fierro 6), habíamos logrado recomponer las comunicaciones operativas.

A las seis y media de la ma√Īana, luego de casi dos horas de incertidumbre, recibimos una comunicaci√≥n entrecortada de Maiorano. Nos comunic√≥ que otra vez estaban operando normalmente y que todos los integrantes del PC estaban en perfecto estado de salud. De ese modo, volvimos a depender de los mandos naturales.

Se nos ordenó que activáramos el radar e intentáramos detectar móviles aéreos, a sabiendas de que no teníamos posibilidades de entrar en combate. En ese momento, la tarea asignada consistió en realizar una vigilancia aérea de corto alcance.

La corrida de bombardeo había pasado bastante cerca del PC. Por tanto, las paredes se habían deteriorado de tal modo que el agua que brotaba había comenzado a mojar su interior. Por ello debieron abandonarlo. Fue así que se ubicaron en una hondonada de las inmediaciones, en donde instalaron los equipos de radio.

La guerra 37

A la Antena del Radar Elta de la batería de GAL que estaba instalada muy próxima al PC, le cayó una bomba encima y la desintegró. En su lugar quedó un inmenso cráter.

La guerra 22

La falta de comunicación telefónica se debió a que el cable fue cortado cerca del acceso al aeropuerto. En conocimiento de esos pormenores y agradecidos a Dios por habernos protegido más la plena convicción de que eso recién comenzaba, decidimos reforzar los puestos de combate. Por ello convocamos a Alasino para la posición del radar. Al fierro 303, en el que estaban Mansilla, Albornoz y Pedernera lo reforzamos con Cardoso, y al 304 que era operado por el Molina, Repizo y Rivoira le agregamos a Rivarola.

La orden siguió siendo la de Fuego Libre ante cualquier ataque.

Con las primeras luces, el personal desplegado en las distintas zonas del aeropuerto, salió de sus posiciones, tratando de visualizar la parte que había resultado afectada.

La guerra 3

Desde nuestra posición, utilizando el anteojo del Equipo de Puesta sobre el blanco (OPO), un anteojo de gran magnificación, vimos a personal del Grupo de Construcciones de FA con máquinas viales y personal removiendo tierra y escombros sobre la pista.

Las primeras noticias referente al ataque se√Īalaron que un avi√≥n de bombardeo liviano, el Avro Vulcan, hab√≠a lanzado 21 bombas de ca√≠da libre del tipo prop√≥sitos generales de 1000 Libras (454 Kg) en una corrida de lanzamiento, intentando cortar la pista por el medio, entrando con un √°ngulo de 30¬ļ con respecto al eje de la misma y atacando desde el NE, en direcci√≥n al SO, en donde se ubicaban las instalaciones del aeropuerto.

La guerra 33

Esa misi√≥n tuvo su base de lanzamiento en Wideawake (USA), en la isla Ascensi√≥n. En su largo trayecto de ida y vuelta fue reabastecido en vuelo en varias oportunidades, teniendo una duraci√≥n final de diecis√©is horas de vuelo. Esta operaci√≥n se denomin√≥ ‚ÄúBlack Buck‚ÄĚ (Oveja Negra).

La guerra 9

Para asegurarse de inutilizar la pista, durante la fase de preparación del ataque, los ingleses debieron realizar cálculos matemáticos para determinar la distancia entre cráter y cráter que producirían las bombas y por norma ésta debía ser menor que el ancho de la misma, aproximadamente unos 40 metros. Para lograr ese efecto, en función de la altura y la velocidad, el avión contaba con un dispositivo electrónico de lanzamiento que determinaba cada cuanto milisegundo de intervalo se producía el lanzamiento de una bomba con respecto a la siguiente.

La guerra 13La guerra 11

La guerra 8

Por suerte, a pesar de que la planificaci√≥n del ataque fue excelente, siempre alg√ļn imponderable hace que las cosas no ocurran como se las prev√©. Quiz√°s lanzar las bombas unas mil√©simas de segundo tarde, volar un metro m√°s o menos alto de lo previsto, una variaci√≥n en la velocidad, efecto del viento en altura o superficie, implicaron no dar exactamente en el blanco.

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Ocurrió que la primera bomba impactó sobre la pista, pasando su eje longitudinal y dejando un cráter de unos 20 metros de diámetro, reduciendo a la mitad el ancho de la misma. De haber impactado más próximo al eje longitudinal, la posibilidad de seguir operando sobre ella, hubiera quedado vedada. Como así también, si la primera bomba hubiese caído antes del inicio de la pista, con seguridad algunas de las siguientes habrían impactado de lleno sobre la misma, con el mismo efecto irreparable. Pero ello no ocurrió así. La pista siguió en servicio restringido pero operable.

La guerra 1

Las demás bombas cayeron fuera del blanco, en dirección a los edificios del aeropuerto y unas cinco, en las aguas de la Bahía.

El ingenio ‚Äúcriollo‚ÄĚ actu√≥ de inmediato. Esa vez con logros importantes. As√≠ desde el tiempo posterior al bombardeo y hasta la salida del sol, los muchachos del Grupo de Construcciones ‚Äúfabricaron‚ÄĚ dos hoyos que simulaban ser enormes cr√°teres en la pista que parec√≠an reales. Por lo tanto, cuando los ingleses realizaran inteligencia sobre el resultado del ataque podr√≠a pasar como que la misma hab√≠a sido neutralizada. Los efectos buscados dieron resultado positivo, ya que la prensa brit√°nica difundi√≥ euf√≥rica esa informaci√≥n.

En la guerra como en la vida cotidiana, a veces lo que uno ve no es lo que parece.

Los da√Īos mayores los recibieron las tropas acantonadas en carpas, en las proximidades de los edificios del aeropuerto. Se habl√≥ de dos soldados fallecidos y entre los heridos estuvo el Suboficial Mayor G√≥mez que result√≥ semiaplastado por los escombros que gener√≥ una de las bombas. Al parecer tuvo una o dos costillas quebradas.

La guerra 2

Ya el sol anunciaba una ma√Īana esplendorosa, salvo por el efecto causado gracias al accionar de los hombres. En t√©rminos pr√°cticos, era una ma√Īana demasiado hermosa para que ocurrieran hechos luctuosos.

Nuestro radar hab√≠a entrado en operaci√≥n normal. Puse a Reyes al comando.¬†Como a las siete y cuarto de la ma√Īana casi en simult√°neo, el PC y el Negro nos avisaron de una incursi√≥n a√©rea enemiga. Los ‚Äúbandidos‚ÄĚ se estaban acercando por el Este. Nos pusimos de frente al Faro, mirando al cielo y buscando con la vista a los incursores.

‚Äú¬°All√° est√°n!‚ÄĚ, gritaron varios.

Era cierto. Bien alto había dos puntitos oscuros detrás de los cuales se trazaba una estela blanca como si estuvieran rayando el cielo. Recuerdo que vimos cómo avanzaban dos Sea Harrier. Volaban en sección: al frente iba el guía y un poco más atrás el numeral, avanzando en línea recta hacia nosotros, casi sin hacer ruido.

Albornoz, el operador del fierro 303 fue el primero de los artilleros que abrió fuego sobre los ingleses. Vimos cómo los proyectiles trazantes fueron directo a los aviones. Cuando todavía faltaba bastante para llegar al blanco, las municiones comenzaron a autodestruirse. Primero, vimos una luz amarilla rojiza y luego una diminuta nubecita gris oscura debajo de los aviones. Estos volaron como a 7000 metros de altura, totalmente fuera del alcance de las armas de la defensa.

La guerra 29

Una vez que escucharon la apertura del fuego del fierro 303, los demás artilleros lo imitaron. Esa fue una acción que sirvió para calentar el cuerpo y los ánimos. A la vez, demostró que los artilleros estaban prestos para repeler el próximo ataque.

Los dos aviones pasaron en direcci√≥n al Oeste, siempre a nuestra vista. Quiz√°s a la altura de Puerto Argentino iniciaron un giro de 180¬ļ, retornando por el mismo camino. Desde donde est√°bamos pudimos distinguir la pintura blanca de la ‚Äúpanza‚ÄĚ y las alas. El sonido que emitieron fue apenas audible, debido a la altura. Recuerdo que se desplazaron de manera majestuosa, sabiendo que nada ni nadie los pod√≠a molestar.

De a poco fueron desapareciendo de nuestra vista, en dirección al Este, buscando la seguridad del portaaviones de donde habían partido.

¬ŅQu√© tarea estar√≠an realizando? ¬ŅVerificando da√Īos en la pista y el aeropuerto? ¬ŅHaciendo aerofotograf√≠a? O ¬ŅNos avisaban que ellos eran los due√Īos de los cielos? Esas fueron las preguntas que, en ese entonces, no pudimos resolver. El tiempo nos dar√≠a alg√ļn indicio.

La guerra 30

Ataque aéreo masivo al aeropuerto

Una hora después aproximadamente, cuando estábamos a punto de desayunar, Reyes me avisó que el radar había detectado una gran cantidad de ecos provenientes del sector Norte. Mientras emití la voz de alarma, introduje mi cabeza en la oscuridad de la tienda del radar y, a pesar de que no estaba habituado a la escasez de luz, vi varias manchas en la pantalla. Para mi gusto eran muchas que dejaron a las claras que íbamos a recibir un ataque masivo de aviones.

La guerra 31

Del PC nos dieron la alarma roja. Luego, escuchamos la sirena activada en el aeropuerto. A las ocho y media se iba a producir el ataque de los Sea Harrier.

Salí de la carpa del radar y me dirigí hacia el médano para asomarme sobre la duna y divisar los incursores. Desde la cima, con un golpe de vista rápido vi varios aviones que provenían del Norte. En un vuelo muy bajo se aproximaron hacia nosotros. ¡Eran un montón!

Por la HT les avisé a los fierro 303 y 304 que el ataque provenía del Norte y les di nuevamente la autorización de Fuego Libre.

El ataque fue de manual ya que para lograr efectividad con el tipo de armamento empleado la técnica exigía que se lanzara con determinados parámetros de altura y velocidad que necesariamente obligara a los aviones atacantes a acercarse a una altura muy baja para pasar sobre el blanco y descargar sus armas. Con ello debían entrar dentro del alcance eficaz de las armas antiaéreas. ¡Eso fue lo que estábamos esperando!

Por la distribuci√≥n de los fierros en el terreno, realizando una defensa omnidireccional, cubriendo los 360¬ļ alrededor de la pista, esos aviones iban a ser recibidos, en primer lugar, por los ca√Īones ubicados paralelos a la pista en el sector Norte. Los fierros 2, 3, 4, 5 y todos los restantes contribuir√≠an ayudando a los indicados, en caso de no recibir ataques desde el sector de responsabilidad propia.

La guerra 32

Durante unos instantes me pareci√≥ que los sonidos externos desaparecieron. Hubo un silencio total. Luego se desencaden√≥ un ruido atronador que se entremezcl√≥ con el sonido sibilante de los motores a reacci√≥n, el tableteo de los ca√Īones antia√©reos y las sordas explosiones de bombas y cohetes que impactaron en el aeropuerto. Nuevamente los sonidos de la guerra atronaron la ma√Īana.

Por la HT se oy√≥ el primer grito apunt√°ndose un derribo. Fue el del Cabo Principal Almada, operador del fierro 3. Ese avi√≥n vol√≥ directo a su posici√≥n. El ca√Īonero sin realizar grandes correcciones en la punter√≠a dispar√≥ una r√°faga que lo impact√≥ de lleno. El avi√≥n se elev√≥ un poco de lado e inici√≥ un giro como si estuviera retornando al lugar de donde hab√≠a venido hasta que desapareci√≥ detr√°s de una lomada en la pen√≠nsula Freycinet, frente a nuestras posiciones. Dicho avi√≥n no alcanz√≥ a hacer uso de sus armas. Eso fue un √©xito total.

El Cabo Principal Diego Bartis, el Pollo, operador del fierro 8 ubicado en el sector Sur, casi al ingreso del aeropuerto, como no ten√≠a ning√ļn avi√≥n atacando por su sector, gir√≥ su arma y combati√≥ sucesivamente dos que provenientes del sector Noroeste pasaron distantes y oblicuo su posici√≥n en direcci√≥n al fierro 7.

La guerra 34Javier Saucedo

Ante el aviso del observador adelantado, el soldado Claudio Viano, de que ven√≠an dos aviones por detr√°s del hangar (Nor-Noroeste), gir√≥ su ca√Ī√≥n apuntando sobre el techo del mismo esperando al primero. Cuando el Sea Harrier apareci√≥ Bartis que miraba por la mira P-56 del ca√Ī√≥n RH, dada la escasa distancia que los separaba, la visualizaci√≥n del avi√≥n cubri√≥ la totalidad de la misma y le efectu√≥ una r√°faga. Sin esperar el resultado de la misma fue de inmediato en busca del segundo avi√≥n atacante.

Ese vino próximo al primero pero más bajo, ametrallando todo a su paso.

En ese momento se estableci√≥ la lucha directa: ca√Ī√≥n versus avi√≥n.

Bartis realiz√≥ las r√°fagas, corrigiendo el tiro y visualizando el recorrido de las municiones trazantes ya que no tuvo tiempo de utilizar la P-56. La r√°faga de los ca√Īones del Sea Harrier tuvo por destino final el ca√Ī√≥n, en donde una esquirla impact√≥ en el alimentador para incrustarse pr√≥xima al pedal de disparo, sin afectar al jefe de pieza.

Finalizado ese breve pero intenso combate, de su observación en la corrida de escape de ambos aviones pudo ver cómo la trayectoria rectilínea del primero cambió iniciando un leve viraje a la izquierda con rumbo al Sudeste, adentrándose en el mar y desprendiendo un humo negro por la tobera de escape.

All√≠ lo estaba esperando el cabo Ruiz, operador del fierro 6, que lo ven√≠a apuntando en su ruta de escape y, a corta distancia le dispar√≥ una r√°faga. Se escuch√≥ por la radio HT un ‚Äú¬°Viva la Patria!‚ÄĚ

La guerra 35

Había sido el operador del fierro 6 el que decía haber impactado al avión.

Desde mi posición, ubicado de pie cerca del Superfledermaus, alcancé a visualizar que el avión se alejaba con rumbo Sudeste, tratando de aproximarse lo más posible al agua, mientras desprendía un humo renegrido por la tobera de escape del motor.

Casi en simultáneo y en esa misma dirección, vi pasar lo que en un primer momento me pareció era un avión, desprendiendo por la tobera de escape un dardo de fuego rojo-anaranjado. De inmediato corregí la apreciación y reconocí que en realidad se trataba de un misil que quizás había sido lanzado desde las proximidades del aeropuerto, en persecución del avión antes citado. Como éste no alcanzó el blanco o salió de la zona de guiado, inició un ascenso vertiginoso casi vertical para explotar a unos trescientos metros de altura, produciendo un flash multicolor que contrastó con el cielo azul. Pero el vértigo del combate no nos permitió realizar extensas observaciones bucólicas.

La guerra 38
Posici√≥n ‚ÄúFierro 1‚ÄĚ, Ca√Ī√≥n¬†Rheinmetall¬†20 MM Jefe de Pieza Cabo Daniel Oyola. Se puede apreciar el Monte Dos Hermanas y parcialmente ‚ÄúPuerto Argentino‚ÄĚ.

Siempre mirando en esa dirección, pude ver el humo de la pólvora saliendo por los apaga llamas del fierro 304, disparando a unos diez metros lateral de mi cabeza una ráfaga muy corta en dirección al Norte. De inmediato sentí en mi espalda un fuerte ruido a turbinas e instintivamente giré de lado buscando al causante del sonido y vi pasar un Sea Harrier rasante a unos diez metros de mi ubicación, en actitud de escape. Iba tan bajo y estaba tan cerca de mí que pude distinguir con total nitidez el casco del piloto. Pocos segundos después, se perdió de vista detrás de una duna, rumbo al mar.

Con la fugacidad con la que se había iniciado el ataque también había terminado. Quizás tardó unos 20 o 30 segundos. No lo sé… Lo que sí sé es que fue tan grande y violento como tenaz y decidida, la defensa.

Desde el refugio Iraizoz me avisó que entre el personal ubicado en el mismo, no había habido novedades.

Algo era inocultable: la gran euforia que hab√≠a en todas las posiciones artilleras. Por la HT, a cada rato se o√≠a alg√ļn ‚Äú¬°Huija!‚ÄĚ ‚Äú¬°Sapucay!‚ÄĚ y los ‚Äú¬°Viva la Patria!‚ÄĚ.

√ćntimamente sentimos que en nuestro primer combate hab√≠amos actuado muy bien. Varios aviones hab√≠an sido afectados. Todav√≠a no pod√≠amos hablar de una cantidad precisa de derribos, pero las versiones indicaban que hab√≠a al menos dos bajas confirmadas.

La guerra 18

Durante un buen tiempo nos quedamos esperando nuevos ataques. Luego, desde el PC nos avisaron que los incursores se habían alejado con rumbo al Sudeste y que, por el momento, no se detectaba actividad aérea en la zona.

Hab√≠amos sido atacados por nueve aviones brit√°nicos que hab√≠an elegido como blancos principales la aerostaci√≥n, la plataforma de aviones y el hangar utilizado por la Armada. Adem√°s, hab√≠an arrojado todo tipo de armas: bombas de prop√≥sitos generales, ca√Īones, cohetes, m√≠siles y bombas de racimos del tipo Hunting BL -755. Estas √ļltimas, tambi√©n denominadas en la jerga militar como ‚Äúbelougas‚ÄĚ, cuya principal tarea consisti√≥ en da√Īar aviones en plataformas, radares, veh√≠culos, artiller√≠a antia√©rea y personal.

La guerra 6

Cada contenedor lanzado contuvo 147 submuniciones o granadas que se esparcieron cubriendo una gran zona; muchas de ellas quedaron intactas en lugares donde se encontraba personal que quedaba aferrado al terreno, impidiéndole la movilidad ante el peligro de tocarlas y activar su explosión.

Si ese ataque se hubiera concretado con √©xito quiz√°s los brit√°nicos hubieran estado en condiciones de exigir o intimar una rendici√≥n incondicional. A mi entender, los sorprendimos, ya que no esperaban una defensa antia√©rea tan eficaz, puesto que nos defendimos muy bien, repeliendo el ataque e infringi√©ndoles serios da√Īos. Los ingleses pudieron comprobar que los artilleros en ese lugar no est√°bamos de paseo.

Acab√°bamos de recibir nuestro ‚ÄúBautismo de Fuego‚ÄĚ combatiendo.

La emoci√≥n me dificultaba el habla, cuando a trav√©s de la HT les pregunt√© a mis fierros cu√°les eran las novedades. El 303 me respondi√≥ que no hab√≠a ninguna y que estaban limpiando el ca√Ī√≥n.

El 304 hab√≠a tenido inconvenientes al dispararle al avi√≥n que hab√≠a sobrevolado nuestra posici√≥n ya que la r√°faga se interrumpi√≥ y el ca√Ī√≥n se trab√≥. Al tratar de ponerlo en servicio, Rivarola baj√≥ la tapa del caj√≥n de mecanismos antes de tiempo y le apret√≥ los dedos de la mano a Repizo que estaba con mucho dolor.

Recuerdo que a ambos fierros les dije: ‚ÄúLos felicito por la tarea realizada. ¬°Viva la Patria!‚ÄĚ. Luego de superadas las emociones, m√°s tranquilo les orden√© que hicieran el mantenimiento de las armas. Primero, el del 304 mientras el 303 se quedaba en estado de alerta. Luego, a la inversa. Los dos confirmaron la recepci√≥n de la orden. Hab√≠a euforia y alegr√≠a por nuestro desempe√Īo. L√°stima que no hab√≠amos podido usar la Bater√≠a como sistema. De haber sido as√≠, el desenlace hubiera sido otro.

La guerra 17

Con la tranquilidad de saber que todos mis hombres estaban bien, sub√≠ a la duna m√°s pr√≥xima para echar una mirada. Lo primero que vi fue que el hangar que usaba la gente de la Armada se estaba incendiando, lanzando grandes lenguas de fuego por las ventanas y una nube negra de humo hacia el cielo producto del incendio de los combustibles, aceites y fluidos hidr√°ulicos que se guardaban all√≠. A la distancia el resto de las instalaciones parec√≠a no haber sufrido grandes deterioros. Por su parte, la pista segu√≠a con los mismos da√Īos.

La guerra 12La guerra 14

Posteriormente tuvimos varias alarmas que nos mantuvieron alertas y expectantes durante un buen lapso. Cerca de la media ma√Īana, la calma retorn√≥ lentamente al aeropuerto. Los aviones brillaron por su ausencia. Eso nos indic√≥ que durante el combate hab√≠an recibido lo merecido o que se estaban preparando para algo grande. ¬°Hab√≠a que esperar!

Cada uno comentaba lo vivido. En algunos casos las vivencias eran coincidentes.

Al avi√≥n que hab√≠a pasado rasante sobre m√≠, Albornoz le hab√≠a disparado la totalidad del cargador del fusil FAL: 20 cartuchos de 7,62 mm, ya que en ese momento Pedernera se encontraba destrabando el ca√Ī√≥n, que por el fr√≠o m√°s la vaselina con que se untaba la munici√≥n y los residuos de la p√≥lvora se hab√≠a ‚Äúemplastado‚ÄĚ y se hab√≠an trabado las armas. Esa experiencia negativa fue esencial. De all√≠ en m√°s cambiamos los procedimientos empleados para evitar las interrupciones. S√≥lo le aplicamos una fin√≠sima capa de vaselina para asegurarnos que se desplazaran con suavidad por los mecanismos.

Como medida adicional, baquete√°bamos los tubos del ca√Ī√≥n al t√©rmino de cada tiro que realizamos para eliminar restos de p√≥lvora. Esa fue una tarea riesgosa que implic√≥ estar inermes durante dicha operaci√≥n. Por esa raz√≥n, se realiz√≥ por turnos.

Desde el acceso al refugio, el Alf√©rez Iraizoz ubicado como en la butaca de un cine observ√≥ la evoluci√≥n de los aviones atacando, las explosiones del armamento lanzado y la respuesta de los ca√Īones repeliendo el ataque como si estuviera contemplando una pel√≠cula de acci√≥n. Incluso, dijo: ‚ÄúHubo uno que parec√≠a venir directo hacia m√≠ pero fascinado por su avance ca√Īoneando, no pod√≠a dejar de contemplarlo‚ÄĚ.

Casi sin darnos cuenta de la hora pasó el mediodía. Iraizoz, siempre atento a los detalles y necesidades de los demás, hizo preparar unos enormes y abundantes sándwiches de salchichón primavera y queso tipo Mar del Plata.

A esa altura de los hechos eso fue un manjar. La bebida m√°s apropiada para acompa√Īar esa merienda fue un jarro de mate cocido bien caliente para entrar en calor. A pesar que no era una de mis bebidas preferidas, en ese momento la estim√© como muy apreciada.

¬°Los ingleses est√°n a 200 millas!

Cerca de las dos de la tarde, con una buena y agradable temperatura producto del sol y la ausencia de viento nos encontrábamos sentados sobre la duna conversando con un grupo de personas en las proximidades del radar, cuando algo ubicado detrás del horizonte marino llamó mi atención.

Agudizando un poco la vista hacia el Sur, divis√© lo que parec√≠an ser m√°stiles de embarcaciones que se desplazaban de Este a Oeste. Por aquellos tiempos, mi agudeza visual era uno de mis rasgos distintivos. Pod√≠a ver con claridad en distancias donde el com√ļn de los mortales no ve nada. Por lo tanto, en situaciones como aquellas mis sentidos se potenciaban.

Me incorporé de un salto y fui hasta el OPO, enfocando el anteojo en dirección a los presuntos buques. Gracias a la increíble capacidad de magnificar imágenes que tenía el anteojo corroboré que estaba en lo cierto.

Recort√°ndose apenas en el horizonte, vi los m√°stiles y estructuras superiores (antenas/chimeneas) de al menos dos embarcaciones que estaban desplaz√°ndose como si estuvieran ‚Äúdesfilando‚ÄĚ por nuestro frente, con rumbo al Oeste.

Estaban tan lejos que la curvatura de la tierra sólo me permitió ver esa porción de las embarcaciones que, si las matemáticas no fallaban, estaban ubicadas a un poco más de 16 kilómetros.

La pregunta del millón fue si eran propios o enemigos.

De inmediato alert√© a mis compa√Īeros de charla. Canessini, que pertenec√≠a a la dotaci√≥n de Bater√≠a de GAL, fue el primero que se acerc√≥ corriendo a ver de qu√© se trataba. Como dispon√≠a de una HT le dije que llamara al Jefe y le preguntara si los barcos que se aproximaban eran nuestros o de los ingleses.

Mientras Canessini intentaba comunicarse con Maiorano me esforc√© para distinguir detalles que me dieran alguna se√Īal con respecto de la procedencia de los buques.

¬°Y lo consegu√≠! Con seguridad uno de ellos luc√≠a la ‚ÄúUni√≥n Jack‚ÄĚ.

Recuerdo que se me erizaron los pelos de la nuca e inmediatamente le grité a Canessini que les comunicara que eran ingleses.

La reacción del otro lado de la línea no se hizo esperar. El Jefe nos dijo que dejáramos de dar falsas alarmas porque los ingleses estaban a 200 millas y pidió hablar con la persona que estaba a cargo.

Mientras seguía observando el movimiento de las naves, escuché con claridad la conversación. Por eso noté cierto dejo de molestia en la voz del Jefe. Como me di cuenta de que él no le daba crédito a lo que le estábamos informando, tomé la HT de Canessini y hablé con él.

Sin quitar la vista de las embarcaciones que cada vez se volvían más nítidas le dije:

‚ÄďJefe, aqu√≠ Turco. Cambio

‚ÄďTurco, ¬Ņqu√© pasa con los barquitos? ¬ŅQui√©n es el que dice que son ingleses? ¬°Dejen de ver fantasmas y no generen falsas alarmas! ¬°Los ingleses est√°n bien lejos!

Con gran esfuerzo, respirando profundo para no reaccionar de mala manera y guardando la compostura le contesté:

‚ÄďJefe, yo digo que son ingleses porque acabo de confirmarlo. Al menos llevan en sus m√°stiles la bandera inglesa. Y sigo teniendo malas noticias para usted. No son dos, sino tres. Ahora cambiaron de rumbo, pusieron proa hacia aqu√≠ y se aproximan a toda m√°quina. ¬°Cambio!

Ante esa catarata de noticias del otro extremo de la línea se produjo silencio total.

Un yunque era menos pesado que esas novedades. Además el Jefe sabía que precisamente el Turco no era míster simpatía. Por lo tanto, no estaba bromeando.

Trascurridos unos largos segundos en los que habr√° meditado o no s√© qu√© cosa, sali√≥ al aire y dijo: ‚Äú¬°Atento, Turco! Enseguida le confirmo‚ÄĚ.

Mientras tanto los buques comenzaron a distinguirse en toda su magnitud. Hab√≠an puesto proa al Norte y se aproximaban velozmente en una formaci√≥n en l√≠nea hacia el aeropuerto. Una que se destac√≥ de las otras dos por el gran porte, chimeneas y domos de radar cre√≠ que era un Destructor. Las otras dos eran un poco m√°s peque√Īas. Quiz√°s eran Fragatas o Corbetas. En realidad poco importaba el porte de las embarcaciones. Se acercaban con total impunidad en una demostraci√≥n de fuerza, dominio y control de la situaci√≥n.

De pronto la HT cobró vida:

‚ÄאּTurco, aqu√≠ Jefe.

‚ÄďProsiga Jefe para Turco.

‚ÄďTurco a partir de ahora hay alarma gris.

Eso fue todo lo que dijo. El timbre de voz había cambiado denotando preocupación.

¬°Alarma Gris! ‚Äú¬ŅQu√© ser√° Alarma Gris?‚ÄĚ, me preguntaba y les preguntaba con mirada de s√ļplica a los que estaban conmigo. Por supuesto nadie tuvo una respuesta. Para salir de dudas, lo llam√© y le pregunt√©:

‚ÄďJefe – Turco. Me aclara qu√© significa alarma gris.

‚ÄďTurco significa Ca√Īoneo Naval. ¬°Todos deben hacer cubierta completa! ¬°Todo el mundo a los pozos! ¬ŅRecibi√≥?

‚ÄאּOk Jefe! Recibido.

A partir de ese momento, iniciamos una serie de actividades para prepararnos para el ca√Īoneo naval; algo totalmente desconocido para nosotros. Personalmente la √ļnica noci√≥n con respecto a ese tipo de ataque la hab√≠a obtenido viendo alguna pel√≠cula de la II Guerra Mundial; sobre todo, aquellas que mostraban a la flota norteamericana ca√Īoneando a las tropas japonesas acantonadas en alguna isla del Pac√≠fico.

Por lo tanto, no tenía experiencia en ese tipo de ataque. Por lo cual pensé que no estábamos adecuadamente preparados; pero como en todas las cosas siempre hay una primera vez. Además, era esperable que tras la actividad de ablandamiento de las posiciones defensivas inmediatamente después sobreviniera un ataque con infantería de marina a reconquistar la plaza o establecer una cabeza de playa.

Preventivamente orden√© que se desarmaran las carpas que estaban frente a los refugios para evitar que las visualizaran desde los buques y reglaran nuestra posici√≥n para ca√Īonearla. Adem√°s hice guardar los v√≠veres, distribuy√©ndolos equitativamente e hice colocar las herramientas de trabajo dentro de los refugios. Si se produc√≠a alg√ļn derrumbe, producto del ca√Īoneo naval y nos qued√°bamos encerrados, √≠bamos a poder salir por nuestros propios medios desde adentro. Hab√≠a que sobrellevar el ca√Īoneo para combatir el posible desembarco.

En los ca√Īones qued√≥ la dotaci√≥n m√≠nima de personal, en caso de que simult√°neamente se produjera un ataque a√©reo. El resto debi√≥ buscar cubierta en los refugios.

Cuando las estructuras de los buques ya se ve√≠an en toda su magnitud, se destac√≥ con mayor nitidez la imponencia de uno de ellos respecto de los otros dos. Tambi√©n vimos que un helic√≥ptero que por su silueta parec√≠a un Sea King de color casi negro. Como un ‚Äúp√°jaro de mal ag√ľero‚ÄĚ se elev√≥ de uno de los buques y empez√≥ a desplazarse hacia el Este. Luego pas√≥ por detr√°s del Faro, bastante lejos de √©l, y se dirigi√≥ hacia el Norte.

All√≠, en la pen√≠nsula Freycinet, un poco al Oeste de ‚ÄúPunta Celebro√Īa‚ÄĚ, comenz√≥ a descender. Antes de tocar el suelo, vimos que descend√≠an unas personas que r√°pidamente desaparecieron de nuestra vista. Esas maniobras se realizaban a unos 8 Kil√≥metros, totalmente fuera de nuestras posibilidades de combate.

A medida que esas cosas iban ocurriendo, en tiempo real se las trasmitíamos al PC que a su vez se las pasaba a la COAaCj, en donde Savoia les informaba a los miembros del CIC.

La guerra 23

Una vez efectuada la descarga, el helicóptero regresó por la misma ruta dirigiéndose nuevamente hacia las naves. Antes de que se posara, otro Sea King despegó e inició un recorrido idéntico. Se nos ocurrió la idea de que alguien tenía que dispararle, porque para nosotros estaba demasiado lejos y muy fuera de alcance.

Entonces, le hablamos al personal de Ejército que operaba los mísiles Tiger Cat y que se encontraba a 600 metros más hacia el Sureste, para ver si ellos podrían llegar con sus armas. Nos respondieron que creían que no llegaban pero que de todas maneras lo iban a intentar.

La guerra 36

Todo eso ocurrió delante de nuestras narices. Nos dimos cuenta de que los ingleses tenían todo controlado o al menos nos dio esa sensación. Se movieron con suma tranquilidad. Los helicópteros trasladaron al personal sin que nadie pudiera hacerles nada. ¡Qué impotencia!

Por ello, con la expectativa de que la gente de Tiger Cat intentara algo, nos quedamos a la espera del disparo del misil. Mientras el ave negra se desplazaba lentamente en direcci√≥n al Faro, escuchamos un fuerte estampido. Fue el inicio del motor cohete del misil que sali√≥ volando bajo en direcci√≥n al helic√≥ptero. La llama de la tobera de escape ten√≠a la forma de un dardo de color anaranjado, igual al que hab√≠a visto durante las horas de la ma√Īana. Recuerdo que fue bien dirigido. Mientras ve√≠a que se acercaba y pensaba que le √≠bamos a dar un buen susto, cuando todav√≠a faltaba un buen trecho, el misil inici√≥ un brusco ascenso y explot√≥ bien alto. Alcanz√≥ la m√°xima distancia de operaci√≥n; por eso, al interrumpirse o finalizar la etapa de guiado el misil realiz√≥ ese proceso de ascenso seguido de la autodestrucci√≥n.

Evidentemente los ingleses no arriesgaron nada y los helicópteros operaron muy lejos y seguros, sabiendo que no íbamos a poder alcanzarlos con las armas de la defensa emplazadas en el aeropuerto. Una vez que completaron la tarea de descargar tropas, en el viaje de regreso hacia los buques, el helicóptero se detuvo detrás del faro, ubicándose como a unos 6 kilómetros de nuestra posición y a unos 100 metros de altura, en vuelo estacionario, con la proa apuntando hacia nosotros.

Inmediatamente comprendimos que desde all√≠ har√≠a las veces de reglador del tiro, indic√°ndole a los buques las correcciones a efectuar en sus respectivas trayectorias para asegurarse batir eficazmente los blancos y las zonas preseleccionadas. ¬°El ca√Īoneo naval comenz√≥!

Las embarcaciones estaban detenidas como a unos 10/12 kil√≥metros de la costa. En la proa del buque vimos una nube de humo, despu√©s escuchamos el estampido del disparo de un ca√Ī√≥n con un ruido seco y potente y luego otro y as√≠ sucesivamente. A partir del cuarto disparo o√≠mos el ulular del proyectil en acercamiento y luego la explosi√≥n de unos tras otros hasta contar andanadas de m√°s de diez.

La guerra 25

Dentro del refugio, los oficiales, los suboficiales y los soldados, libres de la operaci√≥n de los ca√Īones, nos protegimos del eventual desmoronamiento del lugar, sentado o acostado. Colocamos nuestras cabezas debajo de la mesa, esperando que sus fuertes tablones soportaran todo el peso del techo en caso de que se cayera.

Me senté dando frente a la puerta de acceso, en el sector en donde se ubicaba la mesada y la cocina. Desde allí observé los rostros de mis hombres. Noté en ellos el miedo a lo desconocido. Estaban todos muy callados.

Cuando comenzaron a explotar los proyectiles en la zona del aeropuerto, notamos que en el refugio no pasaba nada. Sólo tembló un poco; pero se mantuvo incólume. Los buques dispararon salvas de diez a quince proyectiles. Una vez que terminaron, prosiguieron con el siguiente. Nos asomamos unos instantes y confirmamos que la mayor concentración de tiro era en dirección a los entornos del aeropuerto. Así estuvieron como quince minutos. Como nos dimos cuenta de que el bombardeo estaba dirigido hacia un lugar distante, comenzamos a salir para observar qué estaba pasando.

Los Dagger atacan

En el sector opuesto a nuestra posici√≥n de combate, el fierro 9 emplazado casi al Suroeste de la cabecera de pista 08, donde el soldado Javier Saucedo, estaba al comando del¬†¬† ca√Ī√≥n, con una vista privilegiada y panor√°mica del sector en donde se ubicaban los buques, siguiendo con atenci√≥n las evoluciones de los Sea King en su ir y venir mientras trasladaban tropas. Cuando esa tarea finaliz√≥, uno de ellos se posicion√≥ detr√°s del faro en vuelo estacionario y, en un breve lapso posterior, comenz√≥ el ca√Īoneo naval sobre las instalaciones del aeropuerto.

El recuerdo de ese momento es contundente y al respecto dijo: ‚ÄúYa llevaban como veinte minutos ca√Īoneando sobre las instalaciones del aeropuerto, cuando me sorprendi√≥ la aparici√≥n de tres aviones volando bajo por detr√°s del Faro. Estos realizaron un viraje escarpado, poniendo proa al Oeste con rumbo directo hacia los buques. Les lanzaron las bombas y pasando sobre ellos y con seguridad vi como impactaron sobre el buque de mayor porte, el m√°s imponente, que le produjo abundante humo entre gris y negro, envolvi√©ndolo casi en su totalidad.‚ÄĚ

En ese momento, yo me estaba encaminando hacia la salida del refugio para visualizar hacia d√≥nde iba dirigido el ca√Īoneo. A pocos pasos de alcanzar la misma, escuch√© el sonido de los reactores.

Esos sonidos eran muy familiares. ‚Äú¬°Son Dagger o Mirage!‚ÄĚ, pens√©. ¬°No me equivoqu√©! Los Dagger estaban saliendo de la maniobra de ataque y acababan de descargar sus armas sobre las embarcaciones que nos hostigaban y que, por tal motivo, hab√≠an dejado de ca√Īonear.

A los gritos y a los saltos de alegr√≠a festejamos lo que nuestros pilotos, compa√Īeros y amigos de tantos a√Īos, hab√≠an realizado atropellando a la flota. Por lo tanto, esos tres buques que nos perturbaban comenzaron a iniciar una r√°pida retirada.

Unos de los operadores de 20 mm que estaba sentado como en la primera fila de la platea de ese particular teatro nos avisó, confirmándolo luego por HT, que los Dagger de la FAA habían impactado a uno de los buques con una bomba.

Evidentemente algo por el estilo hab√≠a ocurrido. Las dos embarcaciones menores inmediatamente pusieron proa al Sur y huyeron a ‚Äútoda m√°quina‚ÄĚ, desprendiendo humo blanquecino por la chimenea y abandonando a su suerte al Destructor malherido. El helic√≥ptero que hasta hac√≠a unos momentos actuaba como reglador del tiro de esos buques raudamente se fue con proa al Sur al encuentro de una nave en donde posarse.

Pero al Destructor las cosas no le fueron del todo bien, ya que estaba envuelto en un humo oscuro y denso. Lentamente comenz√≥ a girar a babor en direcci√≥n hacia las Corbetas ‚Äúvelocistas‚ÄĚ. Cuando su popa qued√≥ presentada hacia nosotros del lado de estribor se desprendi√≥ un humo entre gris y gris oscuro con bocanadas de color casi negro que nos dieron la pauta de que hab√≠a sufrido aver√≠as. Lo vimos bastante escorado a estribor.

Para describirlo utilizando t√©rminos automovil√≠sticos podr√≠a decir que se le hab√≠a roto un el√°stico o da√Īado un amortiguador porque estaba bastante ca√≠do hacia ese lado. No navegaba majestuosa ni arrogantemente como unas horas atr√°s, sino que se arrastraba penando y sufriendo. De ese modo se alej√≥ lentamente entre los v√≠tores de todos los que apreciamos ese espect√°culo. Una vez que desapareci√≥ tras el horizonte, durante bastante tiempo seguimos observando la nube de humo que iba dejando tras de s√≠ se√Īalando la posici√≥n exacta en donde se encontraba a cada instante. En ese momento, intuimos que por alg√ļn tiempo no volver√≠a por donde est√°bamos.

Todav√≠a no sal√≠amos de la emoci√≥n vivida, cuando el Jefe se comunic√≥ pregunt√°ndome: ‚Äú¬ŅTurco, ustedes le dispararon a un avi√≥n Mirage que se dirig√≠a al aterrizaje?‚ÄĚ

Me extra√Ī√≥ sobre manera esa pregunta puesto que, salvo los aviones que recientemente hab√≠an atacado en la zona del aeropuerto, no hab√≠amos visto ning√ļn otro.

Le respond√≠: ‚Äú¬°No, se√Īor! Nosotros no abrimos fuego sobre ning√ļn avi√≥n‚ÄĚ.

Durante un buen rato, me qued√© pensando sobre ese tema. Me preguntaba qu√© hab√≠a sucedido. La respuesta llegar√≠a bastante entrada la noche, ya que en el mismo momento en que est√°bamos bajo los efectos del ca√Īoneo naval, un avi√≥n Mirage que regresaba de una misi√≥n de combate, por el gran consumo de combustible que le insumi√≥, como no estaba en condiciones de regresar al continente, quiso aterrizar en el aeropuerto.

Al pasar sobre las posiciones de artillería antiaérea, ubicadas al extremo Oeste de la bahía de Puerto Argentino, desprendió sus cargas externas para aligerar el avión ya que iba al aterrizaje en una pista demasiado corta para un Mirage. Ese hecho confundió a los artilleros que lo tomaron como enemigo y los derribaron. El piloto no se pudo eyectar y falleció.

¡Qué día! Sin dudas el día más agitado de nuestras existencias. En el ambiente se percibía un mesurado optimismo fruto de nuestras propias acciones en el aeropuerto. Además también contribuyó el accionar de los pilotos sobre los buques ingleses en un momento muy difícil para nosotros.

Recuento de novedades

Entrada la noche cuando nos reunimos en el refugio cada uno contó cómo había vivido ese día. Sobresalieron las anécdotas del fierro 303 que había sido el primero en abrir fuego sobre los incursores ingleses, al realizar una ráfaga de 129 cartuchos. Eso fue algo poco usual ya que normalmente disparábamos mucho menos de la mitad.

Recuerdo que al Cabo Albornoz le hice contar varias veces las vainas servidas posteriores al tiro, ya que me parecía imposible que hubieran sido tantas. ¡Pero era verdad!

Evidentemente el nerviosismo por la presencia del enemigo y el ataque de aviones reales fueron los factores inexistentes en un tiro de adiestramiento. Por lo tanto, bajo esas condiciones extremas fue muy difícil controlar la ráfaga. No obstante, pudimos comprobar con total certeza que no se habían amilanado ni paralizado ante la situación adversa y habían actuado acorde a cómo habían sido instruidos.

Durante el fragor del combate en uno de los cambios de blanco, al girar tan r√°pido el ca√Ī√≥n y no estar debidamente sentado, Mancilla fue expulsado del mismo y se golpe√≥ en la zona de los ri√Īones. Eso le produjo un fuerte dolor que hizo que estuviera en observaci√≥n durante un tiempo.

El Cabo Principal Eduardo Molina, el Cuervo, operador del fierro 304, tuvo una severa contractura muscular en la espalda que no lo dejó moverse. El otro golpeado fue Repizo a quien se le hincharon los dedos de la mano por la contusión que había sufrido. Rivarola que fue el que le apretó los dedos contó lo que pasó. A modo de cargada, todos dijeron que no le creían y lo acusaron de querer cortárselos.

Hubo un ambiente alegre y distendido. No era para nada igual a lo que habíamos vivido unas pocas horas atrás: ¡un duro e intenso combate!

Luego de intentar varias veces contar su historia, cuando los √°nimos se aquietaron Rivarola explic√≥ que cuando vieron que el avi√≥n ven√≠a directo hac√≠a ellos el Cuervo le apunt√≥ y dispar√≥. Los ca√Īones hicieron Brumm y se quedaron mudos.

Supuso que debieron haber salido cuatro proyectiles y que luego de eso se trabó. Mientras tanto el avión seguía viniendo. Entonces, él levantó las tapas de los cajones de mecanismos, el Cuervo tiró los blocks de cierre hacia atrás y lo destrabaron. Lo hicieron tan rápido que bajaron la tapa sin comprobar dónde estaba la mano de Repizo. Así fue que se la apretaron.

También dijo que cuando el avión estuvo a unos 100 metros y pasó lateral al radar, estuvieron otra vez en servicio. Pero dada la proximidad no lo pudieron combatir nuevamente. Dijo que le pareció que pasó a 20 metros laterales sobre ellos. Se quedaron a la espera de otro. Sin embargo, como los ingleses no eran tontos salieron para otro lado.

Eso √ļltimo lo dijo con un tonito de suficiencia que provoc√≥ que le lanzaran una lluvia de jarros, vasos pl√°sticos y latitas de gaseosa. Todo lo que estuviera al alcance de la mano iba a parar hacia √©l.

Sin lugar a dudas lo que más festejamos fue el relato del ataque de los Dagger a los buques ingleses. Pensamos que quizás la precisión y audacia de ese ataque, los haría repensar su estrategia en cuanto quisieran acercarse a las Islas.

Recuerdo que nos hab√≠a sorprendido mucho c√≥mo las Corbetas hab√≠an abandonado a su suerte al buque averiado. Era como el viejo dicho popular: ‚ÄúSoldado que huye, sirve para otra guerra‚ÄĚ o ‚ÄúDisparar no es cobard√≠a‚ÄĚ. Lo cierto era que ambas salieron de la escena, dejando una estela de espuma tras de s√≠ y desapareciendo r√°pidamente de nuestra vista.

Ya era noche cuando nos aprestamos a cenar un apetitoso y picante guiso de fideos, con carne, papas y arvejas. Esa comida contribuyó a consolidar la sensación de bienestar que nos había dejado el día que iba terminando. Por la radio portátil escuchamos un poco entrecortado el anuncio de que iba a hablar al país el Presidente de la Nación.

A la distancia, escuchamos el tronar de los ca√Īones. No sab√≠amos si era un nuevo ca√Īoneo naval o la artiller√≠a de campa√Īa que estaba ubicada en las proximidades de la ciudad. Las explosiones eran lejanas. Para ese entonces, ya no le tem√≠amos.

El ca√Īoneo naval s√≥lo iba a ser letal si nos impactaba de manera directa o nos sorprend√≠a en un descampado. Por experiencia sab√≠amos que los efectos que produc√≠a eran m√°s psicol√≥gicos que reales. Con el sonido del ca√Īoneo como tel√≥n de fondo, nos dispusimos a descansar.

En nuestros rostros se notaba que el día había sido muy duro. Jóvenes y veteranos habíamos realizamos por igual un desgaste importante. A partir de ese momento, sólo esperamos ver qué actitud iba a adoptar el enemigo. Una de las hipótesis más probables era que tuviera planeado hostigarnos de continuo para impedir que descansáramos. Esa noche más que nunca realicé lo que venía haciendo como rutina todas las noches: rezar el Rosario. Tenía mucho para agradecer: haber entrado en combate, haber resistido los embates del enemigo y estar todos íntegros y sanos.

A pesar del d√≠a agitado pasamos una noche relativamente tranquila. El ca√Īoneo se transform√≥ en un arrullo. Nos despertamos el domingo 2 de mayo con el olorcito a caf√© reci√©n hecho que activ√≥ con rapidez nuestro deseo de desayunar.

Cerca de las diez de la ma√Īana, por la HT recibimos el llamado del capit√°n Savoia que hab√≠a regresado a ocupar su puesto de combate. Recuerdo que nos dirigi√≥ una arenga sentida y emotiva y nos felicit√≥ a todos los artilleros por el gran desempe√Īo. Entre varias cosas, nos dijo: ‚ÄúLos felicito por la defensa que han realizado. Ahora los ingleses se han ido bien lejos, mar adentro, a lamerse las heridas. ¬°Los insto a seguir as√≠!‚ÄĚ.

En respuesta, lanzamos gritos, vivas y un sapucay. La autoestima estaba bien alta, en el punto deseable para proseguir con la lucha.

Como no hab√≠a indicios de presencia de los enemigos, decidimos ir hasta la zona del aeropuerto para constatar los efectos que hab√≠an producido las diferentes armas durante los ataques y tambi√©n para evaluar los da√Īos.

Lo primero que nos llamó la atención fue la gran cantidad de bombas del tipo Belougas que había diseminadas por todas partes. Eso implicó que los que se movían por allí tuvieran que hacerlo con mucho cuidado, ya que estaba latente el riesgo de que se activaran al moverse. Era preferible prevenir que curar.

Además muchas de ellas ni siquiera se habían armado (una condición necesaria para explotar). Eso quizás se debió al hecho de que fueron lanzadas desde una altura inferior a la aconsejada. También pudimos ver algunos cráteres inmensos como de quince o veinte metros de diámetro y al menos ocho metros de profundidad que habían dejado las bombas pesadas lanzadas por el Vulcan durante el primer ataque nocturno.

El hangar utilizado por el personal de la armada para almacenar combustibles, aceites, fluidos hidráulicos, herramientas y repuestos para los aviones Aermacchi, por fuera estaba totalmente tiznado por el humo del incendio que había consumido todo lo que se encontraba adentro.

La guerra 4

En un sector el terreno circundante parec√≠a arado producto del ca√Īoneo naval. Afortunadamente los da√Īos fueron escasos. Por desgracia, nos confirmaron el fallecimiento de dos soldados: uno de la Armada y otro de la Fuerza A√©rea; adem√°s de la del piloto del Mirage en el aeropuerto. Dentro de los heridos, estuvo el suboficial G√≥mez, que fue destinado con nosotros en Mar del Plata, que hab√≠a sido desplegado para atender el mantenimiento de los ca√Īones de GAL. Lo trasladaron al hospital con las costillas rotas. Por suerte, se recuper√≥ satisfactoriamente.

La guerra 7

Por nuestra parte, dejamos a Mancilla en observación en el refugio porque el golpe que se había dado nos preocupaba.

El saldo de la contienda había generado las primeras víctimas que en comparación con la gran cantidad de armamento lanzado por los británicos, en un espacio tan reducido, no había afectado a mayor cantidad de personal por Gracia de Dios.

La guerra 15

No obstante, la muerte había comenzado a rondar por el aeropuerto.

Los del PC abandonaron la posici√≥n que ten√≠an y fueron a cavar unos hoyos en forma de ‚Äúnichos‚ÄĚ en las depresiones del terreno. En ellos introdujeron primero los pies y luego dejaron la cabeza hacia fuera.

Con un poco de humor negro, podríamos decir que se aprestaban para efectuar una práctica para el descanso eterno. En esa condición era muy difícil pensar que pudieran durar mucho tiempo en ese lugar. La solución de ese problema pasaba por construir un PC en otro lugar. Pero lo más atinado era que el PC se integrara a nuestra posición. Había suficiente espacio para ello y sabían que eran bienvenidos.

La guerra 5

Conversando con Savoia, nos enteramos que en un determinado momento, antes de lanzar el primer ataque masivo al aeropuerto, a eso de las ocho de la ma√Īana, el Almirante Sandy Woodward, Comandante de la Fuerza de Tareas Brit√°nica, le hab√≠a enviado al General Men√©ndez un mensaje en el que le ofrec√≠a que las Fuerzas argentinas nos rindi√©ramos. Por supuesto que dicho ‚Äúofrecimiento‚ÄĚ fue rechazado.

Viendo d√≥nde y c√≥mo estaban nuestros camaradas, la posici√≥n que ten√≠amos realmente podr√≠a haber sido considerada como un ‚Äúpalacio‚ÄĚ. Otra vez qued√≥ en evidencia que el esfuerzo por construir los refugios daba sus frutos.

Sin muchas novedades, el día pasó casi sin pena ni gloria. Parecía que era cierto que les habíamos propinado una fuerte paliza a los ingleses, ya que durante toda la jornada no hubo un solo ataque aéreo. Pensamos que quizás estaban reorganizándose y planificando un nuevo modo de acción, ante el mal resultado de la jornada inicial. Después del mediodía, desde el PC nos avisaron que nuestros helicópteros iban a decolar para realizar una tarea. Por lo tanto, como de costumbre, entramos en alerta para darles protección en caso de ataque.

Una vez despegados iban a ir directamente hacia la zona en donde los británicos, durante las horas de la tarde anterior, habían desembarcado las tropas transportadas por los helicópteros Sea King. Recuerdo que iban volando bien bajo, apenas a tres metros sobre el nivel del agua. Al momento de aproximarse al borde de la península, las siluetas se recortaron con precisión debido al contraste que hacían con el cielo azul. Luego, tomaron una cierta altura y atacaron en un pasaje de Este a Oeste, lanzando cohetes.

La descarga de cohetes en salva batió una vasta zona. Se pudo ver con claridad las explosiones que levantaron grandes columnas de humo y tierra. Personalmente, vi ese hecho como una respuesta muy tardía a las inquietudes formuladas en su debido momento. Pero trascurridas 24 horas, vaya uno a saber por dónde andaban esas tropas desembarcadas.

Al final de la tarea los helicópteros regresaron directo al aeropuerto y dimos por finalizado el Alerta.

Como Mancilla continuaba dolido lo trasladamos hacia el hospital para que lo controlaran mejor.

La tarde del domingo se fue apagando lentamente. La rutina nos impuso escribir cartas que no se sab√≠amos cu√°ndo se iban a poder enviar, iniciar una ‚Äúrueda‚ÄĚ de contadores de chistes y cuentos, jugar al truco o al p√≥quer. El mate circulaba por doquier, acompa√Īando la velada.

Antes de dar por terminada la jornada, establecí un turno de seguridad perimetral de las instalaciones de la Batería. Los más antiguos nos quedamos a cargo del dispositivo de defensa terrestre y atendimos las comunicaciones con el PC.

Recuerdo que lo inició Ledesma de 22:00 a 00:00 horas; Alasino de 00:00 a 02:00 horas; Iraizoz de 02:00 a 04:00 horas y yo de 04:00 a 06:00 horas.

El personal restante fue a descansar para estar al cien por cien al día siguiente. La premisa era que nadie se desplazara en la zona. Por tal motivo, me dispuse a descansar porque una vez que me levantara no volvería a hacerlo hasta la próxima noche.

La guerra 24

Desde el punto de impacto

Comodoro (R) VGM Oscar Humberto Spath Jefe 3ra Batería Antiaérea

La guerra 27

Personal de la BAM ‚ÄúMar del Plata‚ÄĚ ‚Äď Dotaci√≥n de la 3ra. Bater√≠a ‚Äď BAM Malvinas

Mayor Maiorano, Hugo Alberto (‚ÄúJefe‚ÄĚ) ‚Äď Jefe AAa Componente FAA

Capit√°n Savoia, Rodolfo (‚ÄúFlaco‚ÄĚ) ‚Äď Jefe PC AAa en BAM ‚ÄúMalvinas‚ÄĚ

1er teniente Spath, Oscar Humberto (‚ÄúTurco‚ÄĚ) ‚Äď Jefe 3ra Ba. AAa

Teniente Reyes, Jorge Luis (‚ÄúNegro‚ÄĚ) ‚Äď Auxiliar 3ra Ba. AAa

Alf√©rez Iraizoz, Pedro Esteban (‚ÄúVasco‚ÄĚ) ‚Äď Jefe Secci√≥n Piezas 3ra. Ba. AAa

S.P. Ledesma, Rodolfo Antonio (‚ÄúGodolfo‚ÄĚ) ‚Äď Mec√°nico Electr√≥nica

S.A. Alasino, Arnoldo Jos√© (‚ÄúGringo‚ÄĚ) ‚Äď Encargado 3ra. Ba. AAa

C.P. Molina, Eduardo Alberto (‚ÄúCuervo‚ÄĚ) ‚Äď Fierro 304

C.P. Rivarola, Omar Antonio ‚Äď Fierro 304

C.P. Cardoso, An√≠bal David ‚Äď Fierro 303

C.P. Mancilla, Carlos Alfredo ‚Äď Fierro 303

C.1¬ļ Pedernera, Miguel- Mec√°nico Armamento-Fierro 303

C.1¬ļ Repizo, Oscar Rub√©n ‚Äď Mec√°nico Armamento- Fierro 304

C. Rivoira, Walter Mauro (‚ÄúGringo‚ÄĚ) ‚Äď Fierro 304

C. Albornoz, Rub√©n (‚ÄúTucu‚ÄĚ) ‚Äď Fierro 303

C. Mart√≠nez, Jos√© Luis (‚ÄúSimp√°tico‚ÄĚ) – Encargado Seguridad Terrestre / RH Fierro 5

Soldado √Ālvarez, Jos√© Lu√≠s – Sirviente de Ca√Ī√≥n 35 mm

Soldado B√°ez, Mario Alejandro (‚ÄúNegro‚ÄĚ) ‚Äď Sirviente de Director de Tiro

Soldado Campos, Rosario Julio (‚ÄúCampitos‚ÄĚ) ‚Äď Sirviente de Ca√Ī√≥n 35 mm

Soldado Canteros, Juan Alberto ‚Äď Sirviente de Ca√Ī√≥n 35 mm

Soldado Mastronardi, Jes√ļs Omar (‚ÄúMastro‚ÄĚ) ‚Äď Sirviente de Ca√Ī√≥n 35 mm

Soldado Knecht, Alberto Ra√ļl ‚Äď Sirviente de Ca√Ī√≥n 35 mm

Soldado Pizarro, Julio Gustavo (‚ÄúFlipper‚ÄĚ) – Sirviente de Director de Tiro

Soldado Ricillo, F√©lix Ra√ļl – Sirviente de Ca√Ī√≥n 35 mm

Soldado Rodr√≠guez, N√©stor Bernardo – Sirviente de Ca√Ī√≥n 35 mm

Personal de la BAM ‚ÄúR√≠o Gallegos‚ÄĚ – Dotaci√≥n de la Bater√≠a Rheinmetall – BAM Malvinas

1er. Teniente Dalves, Alberto Eduardo (‚ÄúManot√≥n‚ÄĚ) ‚Äď Jefe Ba AAa 20 mm GAL

S.M. G√≥mez, Hugo ‚Äď Mec√°nico Armamento Bater√≠a RH 20 mm

C. Oyola, Daniel ‚Äď Fierro 1- Bater√≠a 20 mm RH GAL

C.¬†Chazarreta, Sergio ‚Äď Fierro 2 – Bater√≠a 20 mm RH GAL

CP. Almada, Carlos ‚Äď Fierro 3 – Bater√≠a 20 mm RH GAL

C. Sánchez, Julio РFiero 4- Batería 20 mm RH GAL

C. Rodr√≠guez, Jorge ‚Äď Fierro 5 – Bater√≠a 20 mm RH GAL

C. Ruiz, Jos√© ‚Äď Fierro 6 – Bater√≠a 20 mm RH GAL

C. Remorino, Edgardo ‚Äď Fierro 7 – Bater√≠a 20 mm RH GAL

CP. Bartis, Diego (‚ÄúPollo‚ÄĚ) ‚Äď Fierro 8 – Bater√≠a 20 mm RH GAL

C. Pinelli, Oscar ‚Äď Fierro 9 – Bater√≠a 20 mm RH GAL

C.1¬ļ Canesini, Osmar ‚Äď Operador Radar Elta de la Bater√≠a de GAL

Soldado Ballo, Miguel √Āngel ‚Äď Fierro 1- Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Correa, Miguel ‚Äď Fierro 1- Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Curruhuinca, Juan Carlos ‚Äď Fierro 1- Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Almendra, Julio Aurelio ‚Äď Fierro 2 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Desiderio, Sergio Lu√≠s ‚Äď Fierro 2 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Sambueza, Jos√© Eliberto ‚Äď Fierro 2 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Afonso, Eduardo ‚Äď Fierro 3 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Aravena, Miguel √Āngel ‚Äď Fierro 3 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Ramos, H√©ctor Antonio ‚Äď Fierro 3 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Liso, Walter Javier ‚Äď Fierro 4 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Mu√Īoz, Lu√≠s Antonio ‚Äď Fierro 4 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Riquelme, Eresmildo ‚Äď Fierro 4 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Espinosa, Francisco Antonio ‚Äď Fierro 5 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Flores, Manuel Alberto ‚Äď Fierro 5 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Pertusi, Rodolfo Ra√ļl ‚Äď Fierro 5 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Aravena, Roberto Antonio ‚Äď Fierro 6 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Carriqueo, Jos√© Argentino ‚Äď Fierro 6 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Porcel, Carlos ‚Äď Fierro 6 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Garc√≠a, Juan Carlos ‚Äď Fierro 7 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado L√≥pez, Juan Jos√© ‚Äď Fierro 7 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Rosetti, Cesar Oscar ‚Äď Fierro 7 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Olave, Pedro Jos√© ‚Äď Fierro 8 ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Orozco, Adolfo N√©stor ‚Äď Fierro 8 ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Viano, Claudio Oscar – Fierro 8 ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Riquelme, Elvio Emilio ‚Äď Fierro 9 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Saucedo, Javier Huber ‚Äď Fierro 9 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Vargas, H√©ctor Eduardo ‚Äď Fierro 9 – Bater√≠a RH 20 mm GAL

Personal de Operadores del Sistema de Misiles Port√°tiles SAM 7 ‚Äď BAM Malvinas

Teniente Ugarte, Jaime (‚ÄúJaime‚ÄĚ) ‚Äď Jefe SAM 7

Alf√©rez Garay, Walter Heraldo (‚ÄúTero‚ÄĚ) ‚Äď Auxiliar SAM 7

S.P. S√°nchez, Vicente Roque (‚ÄúHormiga‚ÄĚ) ‚Äď Mec√°nico SAM 7

C.1¬ļ Bevilacqua, Roberto (‚ÄúBevi‚ÄĚ) ‚Äď Operador SAM 7

C.1¬į Contreras, Fernando ‚Äď Operador SAM 7

C. Alonso, Edgardo ‚Äď Operador SAN 7

C. Peirone, Carlos ‚Äď Operador SAM 7

C. Lucero, Walter‚Äď Operador SAM 7

C. Baldissone, Fernando ‚Äď Mec√°nico SAM 7

C. Encinas, Jorge ‚Äď Operador SAM 7

C. Carranza, Alberto ‚Äď Operador SAM 7

Personal de Operadores del Sistema Rheinmetall de la BAM ‚ÄúC√≥ndor‚ÄĚ

Teniente Valazza, Dar√≠o Antonio del Valle ‚Äď Jefe Ba. AAa 20 mm en BAM C√≥ndor

Alférez Favre, Arnaldo Hugo _ Auxiliar Ba. 20 mm en BAM Cóndor

S.Aux. Forni, Miguel Carlos ‚Äď Encargado Ba. 20 mm en BAM C√≥ndor

C.P. D√≥mina, Nicol√°s ‚Äď Mec√°nico Ba. 20 mm en BAM C√≥ndor

C.1¬į Galanti, Ricardo ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

C.1¬į De Giusti, Diego ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

C.1¬į Chicone, Ra√ļl ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

C.1¬į Giannini, Elvio ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

C. Heredia, Omar ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

C. Corradi, Lorenzo ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Antico, Marcelo‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Atlas, Jorge‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Callao, Eduardo‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Stancatti, Hugo‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Luna, Francisco ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Sosa, Hugo ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Castellano, H√©ctor ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Vaucher, Mario ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Pinto, Daniel ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Oshiro, Mario ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Piris, Juan ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Serrano, Jos√©‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Garces, Ram√≥n ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Soldado Herra, Lucio ‚Äď Bater√≠a RH 20 mm CRV

Personal integrante de la segunda dotaci√≥n de la 3ra. Bater√≠a ‚Äď BAM Malvinas

Capit√°n Aguilar, Miguel Alberto ‚Äď Dotaci√≥n de relevo Bater√≠a 35 mm MDP

Capitán Martínez, Luis Guillermo- Dotación de relevo Batería 35 mm MDP

1er. Teniente Zupanc, Marcos РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

S.P. Geiges, Oscar Antonio РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

S.P. Ver√≥n, Jes√ļs – Dotaci√≥n de relevo Bater√≠a 35 mm MDP

S.A. Iturbe, Rómulo José РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

S.Aux. Caballero, Héctor Miguel- Dotación de relevo Batería 35 mm MDP

C.P. Vilatta, Ra√ļl Esteban – Dotaci√≥n de relevo Bater√≠a 35 mm MDP

C.P. Fernández, Víctor Manuel РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

C.P. López, Mauricio РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

C.P. Rodríguez, Carlos РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

Soldado Asim, Teodoro РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

Soldado Blanco, Hugo РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

Soldado Cano, Mariano РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

Soldado Corani, Sergio РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

Soldado Fal, Fernando РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

Soldado Granata, Ricardo РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

Soldado Izaguirre, Claudio РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

Soldado Fernández, Ramón РDotación de relevo Batería 35 mm MDP

Personal integrante de la segunda dotaci√≥n de la Bater√≠a Rheinmetall ‚Äď BAM Malvinas

Teniente Villano, √Āngel ‚Äď Dotaci√≥n de Relevo Ba. AAa 20 mm GAL

S.Aux. Martínez, Ricardo РDotación de relevo Batería 20 mm GAL

C.P. Arroyo, Horacio РDotación de relevo Batería 20 mm GAL

C.P. Vera, Carlos РDotación de relevo Batería 20 mm GAL

C.P. Coria, Ra√≠l ‚Äď Dotaci√≥n de Relevo Bater√≠a 20 mm GAL

C.P Pirani, Natalio Gregorio РDotación de relevo Batería 20 mm GAL

C.1¬į Mancini, Ricardo – Dotaci√≥n de relevo Bater√≠a 20 mm GAL

C.1¬į Mancini, Hugo – Dotaci√≥n de relevo Bater√≠a 20 mm GAL

C.1¬į Sapalchuk, Atanasio – Dotaci√≥n de relevo Bater√≠a 20 mm GAL

C. Mu√Īoz, Carlos – Dotaci√≥n de relevo Bater√≠a 20 mm GAL

C. Bilbao, Eduardo РDotación de relevo Batería 20 mm GAL

Soldado Albornoz, Pedro Antonio ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Alfaro, Jos√© Lu√≠s ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Barria, C√©sar Leonel ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Barreto, Rolando ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Carpinacci, Carlos ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Castillo Bernardo ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Castillo, Hern√°n Galvarino ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Curriqueo, Jos√© Nicanor ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Chirino, Roberto Giena ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Darino, Arnaldo Walter ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Guayquimil, Norberto ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Guti√©rrez, Juan Manuel ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Jaque, Benjam√≠n ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado M√©ndez, Oscar Gilberto ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Navas, Daniel Ra√ļl ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado N√ļ√Īez, Rub√©n Hugo ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Paulo, Oscar Adri√°n ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Riquelme, Oscar Ra√ļl ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Rodr√≠guez, Lu√≠s Alberto ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Salas, Oscar Omar ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Salerno, Nicol√°s Antonio ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado S√°nchez, Omar Roberto ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Sanmart√≠n, Juan Humberto ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Segovia, Gervasio ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Troncoso, David Elvio ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado V√°zquez, Ervin El√≠as ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Yranzo, Pedro Gustavo ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Ysasa, Hugo ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Soldado Zanassi, Mario ‚Äď Relevo Bater√≠a RH 20 mm GAL

Luis Satini

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