«¡Lo hicimos mierda!»

Delante nuestro y lanzado a unas 24 millas náuticas (44,5 Kms.) del blanco, el Exocet demoraría aproximadamente 109 segundos en llegar al objetivo, mientras esa instancia para nuestros A-4C significaría 153 segundos, pero ya sin la sorpresa inicial, es decir enfrentando a las defensas antiaéreas de los buques.


 


Los cuatro aviones de la FAA seguían la estela del Exocet, en su camino hacia el blanco, pero como el misil desarrollaba mayor velocidad, pronto lo perdieron de vista, a pesar de que la visibilidad era buena y alcanzaba a un poco mas de 15 km.


Vázquez que era el líder de la escuadrilla, hizo una seña a sus numerales para que cerraran la formación.
Los aparatos configurados con tres bombas de 250 kg. cada uno, se fueron acercando velozmente al objetivo, en vuelo bien rasante: apenas 12 mts. los separaban del agua.
De pronto, a lo lejos apareció una mancha oscura, borrosa por el efecto de la bruma.

No había dudas ahí estaba, inexplicablemente solo, sin otros barcos cercanos. Había llegado el momento de verse frente a frente con uno de los buques mas buscados de la Task Force.
Poco a poco, la figura inconfundible del portaaviones se fue haciendo mas clara, mas nítida, la cubierta ligeramente curvada hacia arriba en el sector de la proa, la «isla» (conjunto de construcciones ubicado sobre la cubierta de los portaaviones y desplazado hacia un costado de la misma) desplazada hacia la banda de estribor.

El buque navegaba a muy poca velocidad. Algo les llamó la atención, desde la base de la «isla» salía una densa columna de humo cuyo tamaño iba en aumento.

Rápidamente se dieron cuenta que era la prueba indudable de que el Exocet había impactado.

El humo negro salía desde el centro de la superestructura y por debajo de la pista de vuelo, como si el Exocet hubiera hecho impacto entre la línea de flotación y la cubierta.

No observó fuego. No había llamas, pero surgían negros borbotones de humo- la isla –rematada hacia delante y hacia atrás por las 2 bochas blancas de los radomos de proa y de popa.
Cuando los pilotos llegaron a unos 12 km. del blanco, pusieron la máxima potencia a sus motores y se prepararon para la aproximación final.

A la izquierda volaban Vázquez y Castillo, a la derecha, Ureta e Isaac.
En ese momento, un misil que nadie vio llegar, impactó en el avión de Vázquez que estalló a 8 kms. del blanco.
Tratando de dominar la angustia y la impresión que les había causado la inesperada muerte de su líder, los tres pilotos continuaron con su vuelo.
El blanco estaba a unos dos kilómetros.

Ya casi lo iban a «saltar» para descargar las bombas cuando una nueva explosión los sorprendió, era el avión de Castillo que también explotaba y prácticamente se desintegraba en el aire.

Las máquinas de Ureta y de Isaac se sacudieron debido a la onda explosiva.
Los misiles disparados desde algún buque desde el sector oeste, impactaron en los dos aviones que volaban a la izquierda de la formación.
Ureta apretó con rabia el disparador de sus cañones y levanto su avión, lanzando la carga y cruzando al portaaviones de popa a proa, en un ángulo de 30° respecto del eje de la nave.
Por su parte, Isaac tiró también con sus cañones, arrojo las bombas y cruzó a la nave cuando está estaba totalmente cubierta de humo.

Para evitar llevarse por delante la torre, tiró hacia la derecha y, planchándose al agua, comenzó a efectuar maniobras evasivas, mientras tomaba el rumbo de escape.
A medida que se alejaba, pudo observar que el portaaviones había quedado totalmente oculto detrás de capas de humo negro.

Así volaron separados durante unos kilómetros, bien rasante y en absoluto silencio de radio.
A lo lejos, un poco a su derecha, un punto parecía agrandarse.

Si, era el avión de Ureta que lo había visto y estaba reduciendo su velocidad.
– Isaac vamos a la nodriza – dijo refiriéndose al avión tanque.
-Si, señor, comprendido.
Las palabras estaban de más.

Habían logrado llegar hasta el portaaviones, impactado en él y estaban regresando a casa. Pero habían perdido para siempre a dos amigos.

Aproximadamente a 70 km. del punto en que debían encontrarse, con el avión tanque, los dos Skyhawk ascendieron abandonando la navegación rasante.


Los 2 KC-130 aguardaban a unos 5.000 metros de altura, en una zona donde, afortunadamente había buen tiempo.
Uno de los miembros de la tripulación del Hércules KC-130, intrigado por saber el resultado de la misión, interroga a través de gestos a Isaac, quien le contesta:
-«¡Lo hicimos mierda!»
Luego de cargar combustible pusieron rumbo a Río Grande. Ya llevaban tres horas desde el despegue y todavía les quedaba aproximadamente otra hora de vuelo.
Ureta aterrizó en primer término; segundos después lo hizo Isaac.

Entre los pilotos que esperaban el arribo, estaban Francisco y Collavino, que recién habían aterrizado y que sintieron la muerte de Vázquez y de Castillo como si hubieran sido compañeros de toda la vida.
Ureta e Isaac se abrazaron llorando con algunos camaradas, librando toda la tensión acumulada.

Lentamente fueron caminando hacia los oficiales de la base, donde por separados brindaron un detallado informe del ataque, algo muy importante, pues habían tenido la oportunidad de pasar sobre el objetivo y realizar los lanzamientos.
De acuerdo con los datos que fueron aportando, se efectuó un análisis de la silueta de los buques ingleses, una especie de «identikit».
De esa manera describieron la salida del Exocet, la silueta del blanco y la salida de humo desde este, con la certeza de que se trataba del impacto del misil.

Ureta explicó que había cruzado a la nave desde popa y hacia la mura de estribor, afirmando que logro buena puntería. Con exactitud describió al portaaviones, sus dos chimeneas, su «isla» grande, la distancia de separación de ésta con respecto al eje central del buque, los radomos de color claro, la popa chata. Todo coincidió en que se trataba del «Invincible» y no del «Hermes».


La información que brindo Isaac fue similar a la de Ureta. Como éste, cuando se le mostró una serie de siluetas de distintos barcos, no dudó: «este es el que atacamos», expresó refiriéndose al «Invincible».
Al día siguiente de la misión, con el radar de Malvinas, se efectuó el control del PAC de Harrier que se venía haciendo desde tiempo atrás: la actividad aérea británica había disminuido considerablemente.

Para analizar qué fue lo que le pasó al buque hace falta destacar la gravedad del impacto, de cada proyectil que supuestamente según los pilotos han arrojado al buque.

Extraído del libro «Halcones sobre Malvinas»

«Los técnicos de las FAA continuaron los estudios para reemplazar modificando a otras bombas y espoletas, desarrollando, ensayando, y fabricando con la Industria Argentina, nuevos retardos, detonadores y piezas mecánicas a ritmo febril.


Al cabo de 15 días, las nuevas bombas estaban provistas a las Unidades de combate y se emplearon por primera vez el día 25 de mayo, en el HMS Coventry, el cual desapareció instantáneamente de la superficie ante el impacto de 3 bombas. Su empleo se repitió con «Sir Galahad» (hundido), «Sir Tristan» (hundido) y la Fragata «Plymouth» (inutilizada), y al portaaviones Invincible.
Ahora sí, la totalidad de los impactos, implicaba la destrucción o el fuera de combate del blanco.»

El portaaviones no solo habría recibido tres de esas poderosas bombas, sino que también sufrió el impacto de un Exocet. Este misil hundió (y inutilizó a otros) a su blanco cada vez que fue lanzado durante el conflicto.

«Luego del ataque, el radar argentino ubicado en Malvinas, detecta una gran actividad de helicópteros británicos, que se dirigen al este de la isla Soledad. Al mismo tiempo los aviones del Invincible se elevan a 12.000 metros de altura, con el fin de ahorrar combustible. Luego los aviones aterrizan en San Carlos, donde las tropas británicas se habían establecido el 21 de mayo.» (Fuente: La Guerra Inaudita II).

Luis Satini
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