Mi experiencia en las Islas Malvinas

Preparación para el día D

Este trabajo fue escrito habiendo pasado m√°s de 15 a√Īos de la gesta, por lo que algunos datos pueden no ser preciso especialmente en cuanto a lo relacionados con el tiempo calendario.

El d√≠a viernes 26 de marzo de 1982 recib√≠ telef√≥nicamente del Comodoro Casta√Īa Jefe del Departamento Comunicaciones del Comando de Operaciones A√©reas la orden de estar listo al d√≠a siguiente para embarcar en la plataforma militar del Aeroparque Jorge Newbery para participar en un operativo en el Sur del Pa√≠s. La informaci√≥n era muy escueta, pude sacar en limpio que el vuelo ser√≠a a Comodoro Rivadavia y que iba como A-5 del Estado Mayor (Jefe de Comunicaciones) que se constituir√≠a. Entre las recomendaciones que recib√≠ fue que no lo comentara con nadie, por que era un operativo Secreto.

Le inform√© al Comodoro Casta√Īa que no ten√≠a ropa de combate y que en la Regi√≥n A√©rea Centro el personal no ten√≠a ese tipo de ropa provista. Me pidi√≥ que con el mayor grado de cautela la obtenga de alg√ļn compa√Īero. Como viv√≠a en el Edificio Alas me fue posible conseguir la ropa de combate del Mayor Emilio Calder√≥n, cuyas dimensiones f√≠sicas eran similares.

Al día siguiente partimos todo el Estado Mayor en un avión Guaraní con destino a Comodoro Rivadavia, previa escala en Bahía Blanca. Me llamó la atención que los que integrábamos este operativo éramos un grupo de Mayores o Vice comodoros modernos.

Mi experiencia 31

Llegamos a Comodoro Rivadavia a la hora de almorzar, nos recibió el Brigadier Castellano que era el Jefe de Brigada, nos asignaron un lugar para trabajar en el nuevo aeropuerto (como se llamaba en aquella época). La información que nos dio el Brigadier a todo el Estado Mayor fue ambigua. Se había creado en el joven Estado Mayor la idea que existía un conflicto político muy importante con Chile y se pensaba realizar un operativo real en la Zona chilena de la Isla de Tierra del Fuego.

Comenzamos a analizar la cartografía y a estudiar como confeccionar un plan con los elementos que se nos habían asignado.

La tarde del s√°bado 27 de Marzo pas√≥ r√°pidamente en filos√≥ficas discusiones b√©licas y cada uno trat√≥ de expresar sus fantas√≠as guerreras en los planes de operaciones, ya que la mayor√≠a de nosotros √©ramos oficiales Jefes y nos desempe√Īar√≠amos como un Estado Mayor, constituido para atacar un enemigo desconocido, algo que no parec√≠a serio. Ten√≠a designada como auxiliar al Mayor Mario M√≥dica, compa√Īero m√≠o que estaba destinado en Comodoro Rivadavia en el Grupo II de Comunicaciones.

Mi experiencia 33

Al d√≠a siguiente, domingo, en horas de la ma√Īana mientras estaba poniendo en pr√°ctica mi imaginaci√≥n, me ordenan presentarme al despacho del Brigadier Castellano. Nunca hab√≠a trabajado con el Brigadier, ni creo que √©l, en ese momento hubiera tenido mayores antecedentes m√≠os.

En la reunión me explicó que solo él y yo a partir de ese momento, íbamos a saber la finalidad de por la cual estábamos en Comodoro Rivadavia. El objetivo era ir a las Islas Malvinas, estar unas 48 horas y volver.

En ese momento quede shoqueado, me costaba concentrarme en lo que el me expresaba. Me inform√≥ que hab√≠a sido seleccionado por mis excelentes antecedentes de la especialidad y por mis desempe√Īos en varios operativos.

Me entreg√≥ una hoja que era el anexo de comunicaciones a la orden de operaciones conjunta para la Invasi√≥n a las islas Malvinas. Ten√≠a muy poco escrito, me pidi√≥ que la leyera y que le hiciera alg√ļn comentario, cualquier duda que tuviera deb√≠a solo consultarlo a √©l. Me recalc√≥ que la informaci√≥n era estrictamente confidencial y secreta.

Me ordenó que no hablara con mi familia por teléfono y que actuara en forma normal como que nada sabía y que todo lo que pudiera necesitar estaba a mi disposición. El secreto incluía al Estado Mayor que formaba parte y para trabajar más aislado me asigno un lugar en el Taller Radioeléctrico de la Región Aérea Sur.

Cuando le√≠ el Anexo ‚ÄúComunicaciones al plan de invasi√≥n a las Islas‚ÄĚ, el mismo no dec√≠a Nada.
Recuerdo que tenia fecha de iniciación el 1 de abril de 1982 y que la duración decía 48 horas, el resto estaba en blanco, le pedí algunas aclaraciones y me informó que el objetivo era Puerto Argentino, que el día lunes iba a ir el Vuelo regular de LADE y podíamos utilizarlo.

Al salir del despacho del Brigadier me fui meditando y muy concentrado, no sabia como reaccionar, a llegar a mi oficina en el Taller Radioel√©ctrico, son√≥ el tel√©fono, era el Comodoro Casta√Īa que me preguntaba si ya hab√≠a pensado lo que deb√≠amos hacer, le dije que s√≠, que seg√ļn mi experiencia deb√≠amos utilizar ideas sencillas y ya probadas, por lo que suger√≠a instalar un equipo de HF en la casa del representante de LADE y que el equipo sea de los Collins que tenia la empresa a√©rea instalado en sus sucursales.
Conoc√≠a muy bien la red de LADE, las frecuencias estaban limpias y permanentemente probadas entre estaciones fijas y aeronaves, los equipos eran muy confiables y de f√°cil instalaci√≥n y exist√≠a autorizaci√≥n para utilizar esas frecuencias por parte del Gobierno Ingles. Tambi√©n en caso de tener problemas con las autoridades inglesas se pod√≠a demostrar que los equipos eran similares a los ya instalados. Me dijo que le gustaba la idea y que me iba a confirmar si exist√≠a alg√ļn problema. A los pocos minutos me confirmo que al d√≠a siguiente en el vuelo de LADE iba a estar los equipos y el personal para instalarlo, adem√°s me dijo que iban en vuelo desde Paran√° un oficial y doce suboficiales del Grupo 1 de Comunicaciones para trabajar en el plan.

Como debía pensar en todos los elementos que los técnicos de LADE debían llevar para instalar el equipo, para no olvidarme de nada fui a la planta transmisora para analizar la instalación e hice una lista de todos los elementos y herramientas que se necesitaban para instalar un equipo. Para cada paso de instalación pensaba la o las herramientas necesarias y los problemas que podrían surgir.

A partir de ese momento debía cumplir dos papeles; el primero, simular que trabajaba en el plan que elaboraba en ese momento el Estado Mayor y segundo el más importante prever los elementos necesarios para instalar un enlace al día siguiente desde la Isla, que para mí era el real.

Fue para m√≠ muy dif√≠cil ver como el resto del grupo trabajaba in√ļtilmente en un plan totalmente simulado y uno solo, tenia a cargo llevar adelante el plan de comunicaciones para invadir las Islas.

A la tarde se me presentaron el personal del Grupo 1 de Comunicaciones, su Jefe era el Primer Teniente Zanardi al que lo acompa√Īaban 12 suboficiales, junto a ellos estaba el Suboficial Mayor Barbe, especialista en comunicaciones, en ese momento Jefe del servicio de Comunicaciones de la Escuela de Aviaci√≥n pero que hab√≠a estado destinado en los dos √ļltimos a√Īos en Puerto Argentino.

Me daba la sensación que el tiempo corría más rápido de lo habitual.

Hablamos entre todo el equipo de los elementos que son necesarios instalar en un Aeropuerto para brindar seguridad a las operaciones, cuales son los enlaces mínimos y que equipos son los más convenientes llevar para poder brindar un buen servicio operativo.

Los conocimientos del Suboficial Barbe sobre las instalaciones de la Isla eran fundamentales, el había mantenido el VOR de Puerto Argentino y operado las frecuencias de LADE. Aproveché como no lo conocía, a preguntarle en forma indirecta como era la vida en la Isla, el sistema de Comunicaciones, las instalaciones que tenia LADE. Fue para mí un excelente informante, porque poseía datos muy concretos, conocía muy bien la especialidad y me aportaba ideas muy claras como debía ser la primera etapa de nuestro plan de operaciones.
Primera parte del plan

El plan era muy sencillo y muy concreto, contaba con dos etapas, la primera instalar un equipo en Puerto Argentino de la forma más sencilla pero eficaz para pasar información segura entre la Isla y el Continente antes de la Invasión, la segunda, era instalar las comunicaciones necesarias para operar durante 48 horas en el Aeródromo de Puerto Argentino.

La primera etapa, la resolvimos realizar con dos empleados civiles de LADE que iban a ir en el vuelo regular de línea el día lunes 29 y que pernoctaba en Puerto Argentino. Se seleccionaron dos técnicos civiles de LADE, porque ellos tenían la autorización (pasaporte especial) para ingresar a la Isla que se tramitaba en la Cancillería Argentina. Los nuevos equipos y herramientas irían en el vuelo como si fueran para ser instalados en la Agencia de LADE. Los jóvenes técnicos tenían solo esa noche para instalar los equipos y la antena, debido que debían regresar con el vuelo del día siguiente. Por ese circuito de comunicaciones se iban a pasar información meteorológica horaria (QAM) de Puerto Argentino, con un código muy simple, la velocidad del viento en nudos indicaba la cantidad estimada de personal militar en la zona y no recuerdo que otra datos más indicaba la clave que se utilizó.

Mi experiencia 32

Esa noche me fue difícil dormir, pensaba en todo momento como se debía perfeccionar el plan.

El día 29 de Marzo comencé a ver que había gente del Estado Mayor que muchas cosas no le cerraban y por presión o por preguntas, el Brigadier nos informó a la Plana Mayor cual era verdadero motivo por el cual estábamos allí. Para mí fue un alivio, podía ahora compartir con alguien las alternativas previstas del plan. Este seguía siendo secreto para el resto de los colaboradores del Estado Mayor

Tuvimos una peque√Īa reuni√≥n con el personal del Grupo 1, nadie era un improvisado, todos conoc√≠an perfectamente la especialidad y estaban entrenados para el trabajo que se le hab√≠a asignado de esa reuni√≥n surgi√≥ del Suboficial Barbe la posibilidad de escuchar radio Malvinas.

La radio en Puerto Argentino era por cable, y en cada casa había un parlante con una perilla que le permitía regular el volumen, pero para los habitantes de las otras islas y de las estancias próximas al pueblo se utilizaban una frecuencia en la banda baja de HF, muy próxima a los dos megaciclos debido a que no podían hacerlo por cable.

Le pedí a Mayor Módica, colaboración para instalar un receptor en el taller. Como necesitábamos un mástil de 6 metros salimos urgente a comprarlo y posteriormente a instalarlo arriba del taller de radio ayudas de la Región Aérea Sur.

En poco tiempo comenzamos a escuchar la broadcasting de Malvinas, a todos se nos llenó de la cara de alegría. Esa alegría era interna por que no todos conocían el plan.

A partir de ese momento nuestro personal escuchaba solamente la frecuencia de la radio de Malvinas tratábamos de aportar datos para Inteligencia. Ya vivíamos la gesta de Malvinas.

Mientras escuch√°bamos m√ļsica y noticias de la BBC, el operador de la radio inform√≥ que iba a leer un mensaje enviado por la reina de Inglaterra al Gobernador de la Isla. En ese mensaje, para asombro de nosotros la Reina explicaba que exist√≠an rumores que la Rep√ļblica Argentina estaba preparando una invasi√≥n a las Islas, que Gran Breta√Īa no la pod√≠a evitar pero que iba a hacer todo lo que estuviera a su alcance para recuperarla. El mensaje le√≠do finalizaba con la tradicional frase ‚ÄúDios salve a la reina ‚Äú. A pedido del Vicecomodoro Mendiberri que se desempe√Īaba como Jefe de Inteligencia de la Brigada la misma fue grabada y enviada por √©l a la IX Brigada de Infanter√≠a donde ya funcionaba un Estado Mayor.

Fuimos a esperar el avi√≥n de LADE en el que ven√≠an los t√©cnicos que nos enviaban para instalar los equipos. Ten√≠an poco m√°s de 20 a√Īos. Les dimos instrucciones de lo que necesit√°bamos y la forma de realizar las pruebas. En esa hora fuimos lo m√°s claro y precisos con ellos. Quiz√°s le transmitimos una responsabilidad muy grande, se fueron sin decir palabras. Sab√≠amos el clima que ya viv√≠an los Isle√Īos debido al mensaje que se emit√≠a por la Radio Malvinas.

La madrugada del día martes 30 de marzo, ya sabíamos que el primer paso había sido dado con éxito, los equipos funcionaban perfectamente bien, el Mayor Gamen y el Vicecomodoro Gilobert ya cumplían la ficticia función de meteorólogos.

Fuimos a recibir el vuelo de regreso donde nuestros técnicos venían de cumplir tan exitosa misión, ambos estaban extenuados, no podían hablar por la afonía que tenían debido al frío que habían tomado en la noche instalando las antenas en el exterior de la casa, trabajando a oscuras y peleando contra el frío viento reinante. Pero se los notaba felices por que habían superado todos los problemas y veían lo agradecidos que estabamos todos nosotros.

Es una l√°stima no recordar sus nombres, ya que fueron de los primeros que trabajaron para esta gesta.

Nuestra primera etapa del Plan se hab√≠a cumplido, ya se recib√≠a informaci√≥n meteorol√≥gica ‚Äúadicional‚ÄĚ de Puerto Argentino.

La tarde del martes seguimos trabajando con nuestras tareas, analizando el plan de frecuencias, controlando los equipos, y previendo que íbamos a llevar en cada vuelo.

A medida que iba llegando el día 1 de abril, más difícil era dormir pues, ya había mucha gente llegando o trabajando en el operativo. No todos conocían el plan por lo que se dificultaba mucho más las conversaciones diarias.

El día 31 de marzo en las primeras horas del día nuestros especialistas tenían todo listo para actuar a la madrugada del día siguiente. Cada uno sabia lo que tenia que hacer, que debía instalar, y como lo debía hacer.

Ese día a la tarde, hablando informalmente con los médicos de la Brigada nos comentaron que ellos iban a tener preparados para cualquier emergencia varios quirófanos en el Hospital de YPF que quedaba ubicado en un lugar denominado Kilómetro 3, camino a la Ciudad de Comodoro Rivadavia, pensé en la necesidad de poder tener un enlace directo con sanidad por cualquier emergencia que tuviéramos en la Isla.
La idea era que, en caso de evacuaciones sanitarias por medio de aeronaves, los médicos conocieran el diagnostico de antemano para preparar los quirófanos e prever el tipo de ambulancia. Ese trabajo se lo pedí al Mayor Módica, él conocía muy bien al personal de médicos de la Guarnición y también muy bien la forma de implementar un enlace.

Mi experiencia 4

Cuando anochec√≠a comenzaron a llegar varios aviones H√©rcules C-130, no fue el ruido lo que delat√≥ la presencia de ellos, sino la conquista de espacios en los casinos, las piezas ten√≠an varias cuchetas y un sinn√ļmero de bolsos, ya era dif√≠cil hasta obtener un lugar para dormir.

Como pasa en estos casos las bromas estaban a la orden del día. Eran muy pocos los que tomaban este momento con miedo, daba sensación que el nerviosismo nos obligaba a actuar de esa manera.

Cerca de medianoche se nos informó que debido al mal tiempo, la Armada pedía demorar 24 horas el desembarco. Fueron 24 horas más de vigilia, de pensar, de recordar, y de analizar lo ya planeado.

El arribo a las Islas Malvinas

El día 2 de abril a la madrugada embarcamos en el primer avión C-130 que despegó con destino a Puerto Argentinos. Además del Estado Mayor, iba el GOE y el Grupo de 1 de Comunicaciones. El vuelo fue en silencio, íbamos ubicados al costado de dos vehículos del Ejército. Fue más largo de lo habitual, ya aterrizados y mientras íbamos carreteando hacia la plataforma el personal del GOE se fue tirando del avión. Cuando se nos dio la orden de descender del avión, mientras íbamos tomando posición hacia la torre de control se sentían disparos aislados y se veían tambores de 200 litros obstruyendo la pista de aterrizaje.

Mi experiencia 5

No habían pasado un minuto que ya desde nuestro lugar de operación, debajo de la torre de control, con el equipo portátil de HF estábamos comunicados con el continente. El personal de operaciones ya estaba autorizando aterrizajes y despegues y coordinando los vuelos con helicópteros de la Armada a través de nuestro VHF portátil.

Todo funcionaba tal cual lo hab√≠amos pensados, los operadores enviando y recibiendo mensajes con total naturalidad. Comenzamos a instalar los equipos fijos y tambi√©n a estudiar donde se deb√≠an pasar los cables para habilitar una peque√Īa central telef√≥nica para el Estado Mayor.

A pesar del movimiento intenso que había en el Aeropuerto, las versiones que circulaban, y que los disparos seguían en un extremo del aeropuerto, el personal de comunicaciones (que ya habían sido bautizados por el Primer teniente Zanardi como los “ganchos salvajes “), estaban calentando el agua para tomar mate. Todos los que fueron estaban muy entrenados, trabajaban rápidamente y en silencio.

Mi experiencia 1
El apodo de ‚Äúganchos‚ÄĚ, se debi√≥ a que todos eran suboficiales de comunicaciones y es com√ļn en nuestra Fuerza expresarse en forma lunfarda, cuando se esta hablando de Suboficiales, y el de ‚Äúsalvaje‚ÄĚ fue por que en aquella √©poca tuvo mucho √©xito la pel√≠cula de guerra ‚ÄúLos gansos salvajes‚ÄĚ y es similitud al desempe√Īo de un bravo pelot√≥n de soldados norteamericanos los comenzamos a definir como los ‚ÄúGanchos Salvajes‚ÄĚ.

Recuerdo de esos momentos dos an√©cdotas, la primera era que desde el continente todos los aviones que participaban en esta invasi√≥n ten√≠an los indicativos Litro m√°s un n√ļmero.

De pronto un avión argentino que se identificó con un indicativo diferente a Litro, pedía autorización para aterrizar.

Rompió con la rutina, era algo fuera de la planificación y creó el mismo nerviosismo que si un avión ingles pedía autorización para aterrizar, era un F-28 de la Armada. Por no estar previsto se le negó la autorización y viendo que el comandante de aeronave insistía se le ordeno al GOE colocar tambores de 200 litros como obstáculos en la pista para evitarlo. Fue un momento muy tenso, me impactó la decisión con que actuaba el joven Estado Mayor, en el avión venia el Comandante de Operaciones Navales. El avión tuvo que regresar.

Mi experiencia 2

Otra anécdota interesante fue la evacuación de heridos, un grupo de cuatro o cinco hombres de la Armada que habían participado en la Toma de la Casa del Gobernador habían sido heridos por armas largas, los habían llevados en helicópteros para operarlos en uno de los barcos que hacía de hospital, pero dado la gravedad optaron por enviarlos al continente por modo aéreo. A través de nuestro sistema de coordinación médica pudimos comunicarles a los médicos del Hospital de YPF el diagnóstico exacto que tenía cada paciente, que curaciones se le pudieron hacer en el barco y que tipo de cirugía se debía realizar a cada uno de ellos. Los heridos fueron trasladados desde el barco al aeropuerto en helicópteros y desde allí en F-28 al continente. En Comodoro Rivadavia siempre nos agradecieron el poder saber con antelación el tipo de tratamiento que habían recibido cada uno de los heridos para poder prever a los especialistas, y gracias a esa coordinación pudimos salvar más de una vida.

A todo esto, con los ‚Äúganchos salvajes‚ÄĚ ya est√°bamos viendo cual era el mejor lugar para ‚Äúacobacharse‚ÄĚ, ya que ten√≠amos un refrigerio para pasar el primer d√≠a de combate y lo principal era prever el lugar de descanso.

Mi experiencia 3

Primer acto oficial del izamiento de la bandera argentina en Puerto Argentino

Aproximadamente a eso de las 10 de la ma√Īana del 2 de abril, el Brigadier Castellano me orden√≥ que con un Suboficial de Comunicaciones me dirija a la ciudad para un acto, donde por primera vez se iba a izar la bandera argentina despu√©s de la usurpaci√≥n inglesa. F√°cil es decirlo, pero muy dif√≠cil de concretarlo, ya que nosotros no ten√≠amos veh√≠culos, nuestra misi√≥n era solo estar en la Isla 48 horas y brindar las comunicaciones para un √≥ptimo funcionamiento del aeropuerto, no ten√≠amos previsto ning√ļn veh√≠culo en nuestros planes.

Mi experiencia 0

Mientras analizábamos como llegar al centro de la ciudad, que creo que estaba a unos seis o siete kilómetros, se acerca una lancha anfibia de la Armada a conocer la zona del aeropuerto. Tenia unas ruedas muy grandes tipo tractor, con frente (capot) similar a una lancha. Le pedimos si nos podían llevar hasta la casa del Gobernador, aceptaron y nos llevan hasta ese sitio.

Fuimos sentados sobre la carrocería, el camino estaba vacío, se veían banderas argentinas colgadas de algunos alambrados. Fue un viaje incomodo, pero lleno de emoción.

Cuando llegamos a la ciudad me dio la impresión de estar deshabitada, el chofer sufrió el primer impacto al ver que los escasos vehículos circulaban por el lado opuesto a lo que estábamos acostumbrados.

Al llegar a las inmediaciones de la casa del Gobernador, mi primera sorpresa fue encontrarme alrededor del mástil al Vicecomodoro Alegría, estaba vestido de combate con una gorra de servicio, junto a él estaba el Vicecomodoro Gilobert vestido con ropas civiles y en su cabeza una gorra de servicio, también estaba el Mayor Gamen vestido de civil con su familia.

Mi experiencia 6

El m√°stil de la casa del Gobernador, estaba en un peque√Īo jard√≠n en desnivel en el costado de la residencia y terminaba en la calle principal que bordeaba el mar.

A pocos metros de allí, había muerto el Cap. Giaquino

Se ordenó realizar la formación en frente del mástil. La Armada y el Ejercito tenia una sección con bandera de guerra y escolta, el lugar de ubicación de ellos era de espaldas al mar, o sea mirando a la casa del Gobernador.

A mí criterio la Fuerza Aérea no estaba prevista en esta ceremonia.
Nosotros no ten√≠amos ning√ļn tipo de bandera, ni tampoco tropa para participar en esta formaci√≥n.
A cargo de la sección del Grupo especial del Ejército estaba el Teniente Coronel Seneldin.
En un costado donde se colocan los invitados, estaba la Fuerza Aérea representada por el Brigadier Castellanos, los Vicecomodoros Alegría y Gilobert, el Mayor Gamen, un suboficial de comunicaciones y yo, también estaba la familia Gamen.

Mi experiencia 16

En ese acto había tantos periodistas y camarógrafos como militares.

Se ató en el mástil una bandera argentina muy grande, la persona seleccionada para izarla era el General García.
Para obtener buenas fotografías y facilitarles el trabajo a los camarógrafos, el izamiento era realizado muy lentamente, el viento era fuerte y soplaba a nuestras espaldas, la bandera desde el primer momento flameaba inquieta.
Cuando pasó la mitad del mástil, se desató el extremo inferior, segundos después el superior y la bandera se voló del mástil ante el asombro de los presentes.

Todos quedamos inmóviles y sin reaccionar.

Para los que estábamos en la ceremonia fue una premonición de lo que iba a ser la guerra.

Fue tal el nerviosismo de los que izaban la bandera, que el general soltó la cuerda del mástil y por el propio peso y la acción del viento se desenhebró de la roldana.
No solo se había volado la bandera, sino que la cuerda estaba en el suelo.

Tomó la iniciativa el Teniente Coronel Seneldin y le ordenó a uno de sus hombres que se subiera al mástil y que enhebrara la cuerda en la roldana del mástil. Después de varios intentos al estilo marinero lo consiguió y se repitió la ceremonia. Ya no era lo mismo, no tenía la emoción de la primera vez.

Cuando nos desconcentramos y hablábamos de nuestras experiencias vividas, yo pensaba en que podíamos volver al aeropuerto.

Mi experiencia 21

La estación de comunicaciones Cables & Wireless

Al costado de la casa del Gobernador estaba la planta de comunicaciones de la Empresa Cables and Wireless. Cuando pasamos caminando vimos que había un soldado del ejército de guardia, quien no nos impidió la entrada al vernos de uniforme. Recorrí la planta, era un edificio sencillo, con grandes ventanales y que en su interior tenía un equipamiento muy similar al que poseía la Fuerza Aérea en las cabeceras de comunicaciones del Tránsito Aéreo.

Mientras íbamos caminando hacia la oficina de LADE, el Vicemodoro Alegría me pregunta si podía hacer funcionar la estación, le respondí que sí. Me volvió a recalcar y le insistí que sí, que me sentía capacitado. Tengo la certeza que el Vicemodoro me creyó, ya que me conocía de haber trabajado juntos en la IV Brigada Aérea.

Le insistí que estaba en condiciones de hacerla funcionar. Me pidió que vaya caminando a la estación y lo esperé en la puerta.

El Brigadier Castellano y el Vicecomodoro Alegría iban a la primera reunión conjunta que se realizaba en la Isla y entre los temas tratados surgió el de la estación de comunicaciones de la Isla.

El Ejército había desembarcado en la Isla con el apoyo de un Regimiento de comunicaciones con asiento en Bahía Blanca y su Jefe consideraba que el sistema instalado era muy moderno y complejo como para poderlo operar; por lo tanto, aconsejaba cerrarla.

Como habíamos conseguido un vehículo que nos iba a llevar de regreso al Aeropuerto junto con el Brigadier Castellano debimos esperar que finalice la reunión.

Finalizada la misma el Brigadier y el Vicecomodoro, con cinco o seis oficiales de las distintas armas fueron caminando hasta la estaci√≥n de comunicaciones donde yo los estaba esperando con el suboficial que me hab√≠a acompa√Īado al acto.

El Brigadier me dio a entender con gestos que la estación la iba a operar la Fuerza Aérea, y que yo debía de rendir mi primer examen.

Antes que ellos llegar√°n, yo hab√≠a entrado por segunda vez a la planta y la recorr√≠ con mayor detenimiento las instalaciones, cada segundo que pasaba sabia que estaba capacitado para operarla sin ning√ļn problema, conoc√≠a la tecnolog√≠a y la operaci√≥n de la planta.

Todos ingresamos a la planta, fui caminando con seguridad al puesto de operador principal y seguí la secuencia lógica para prender los equipos de esta potencia, coloqué las frecuencias que me habían dado en ese momento y que habían sido ordenadas desde Buenos Aires, seleccioné las antenas, y esperé que el sistema automático de adaptación de antena estuviera listo.

Mi experiencia 7
Mayor Antonio Gonz√°lez Iturbe
Foto del¬†libro La Pasi√≥n seg√ļn Malvinas de¬† Nicol√°s Kasanzew

Enfrente mío, había dos grupos, unos que necesitaban que yo triunfara y otros que apostaban a la derrota.

Los equipos necesitaban unos 3 minutos para estar operables, para muchos fue una eternidad.

Cuando por medio de luces el ciclo de puesta en servicio finalizó, con seguridad me coloque enfrente del micrófono y llame al Centro Internacional Buenos Aires.

Con muchísima alegría y en forma inmediata contestó Buenos Aires, la repuesta salió muy clara y fuerte en los parlantes.

Vi en muchos rostros una cara impresionante de asombro. Habíamos aprobado el examen, las comunicaciones internacionales y nacionales de la Islas nos pertenecían. Todos los que estábamos presentes estábamos emocionados.

Creo que una parte importante de este trabajo lo hicieron el Vicecomodoro Alegría que lo convenció al Brigadier que asumiera la responsabilidad de hacer la prueba y el Brigadier Castellano que jugo una apuesta fuerte en un oficial que no conocía.

Volvimos al Aeropuerto, las comunicaciones operativas funcionaban muy bien, la cantidad de gente que hab√≠a ya era mucho mayor. Seguimos analizando como operar la estaci√≥n de comunicaciones de la Isla. Decidimos que unos dos suboficiales me acompa√Īaran y apoyarnos con el personal kelper de la empresa.

A partir de ese momento mi responsabilidad fue la de operar la Estación de comunicaciones, al principio con personal de Fuerza Aérea, luego se sumaron personal de la Empresa inglesa, los cuales solo realizaban trabajos administrativos.

Con el tiempo me di cuenta que las cuarenta y ocho horas que iba a durar la invasión era una utopía, ya comenzaban los rumores de que se enviaba un gobernador.

Mi experiencia 9

Nuestro trabajo

Nosotros por medio de esa estación nos podíamos comunicar con todo el mundo. El sistema funcionaba, desde la Isla hasta el continente utilizando frecuencias de HF, duplicadas y diferentes tanto para recibir como para transmitir.

Se recibían en la Estación receptora de ENTEL en Don Bosco y se transmitía por la Planta transmisora de Pacheco. Desde ambas plantas se comunicaban con microondas al Centro internacional Buenos Aires, que por medio de la red nacional o por satélite nos comunicaba con el mundo.

Mi experiencia 13

La estación comenzó a funcionar en forma inmediata, se autorizó a hablar por teléfono al personal militar de todas las jerarquías, a medida que pasaba el tiempo era mayor la cantidad de personas que hablaban. Los kelper tuvieron restricciones para hacer uso del sistema.

Para colaborar con nosotros y para cumplir compromisos internacionales de comunicaciones antárticas unos días después se destacaron cuatro especialistas civiles de comunicaciones del correo argentino.

Dos de ellos (Lares y Pietra) habilitaron la estaci√≥n costera que presta apoyo a los buques de ultramar en el sur y dos (Vitaliano y Pugliese) se encargaron de la planta transmisora y en poner en funcionamiento el TOR ARQ ( sistema que permit√≠a enviar telegramas v√≠a HF) con la Rep√ļblica Argentina.

La Fuerza Aérea designo dos empleados civiles de inteligencia (Dodorico y el Pirincho Freyre). También fue muy importante la colaboración de tres soldados del Ejército argentino que tuvimos a nuestro mando.

Cuando se hizo cargo el Gobernador de la Isla, la estación de comunicaciones comenzó a depender del Coronel Machinandiarena quien cumplía la función de Secretario de Comunicaciones del gobierno de las Islas Malvinas.

Mi experiencia 8

Durante todos los días hasta la rendición la estación cumplió en forma silenciosa una extraordinaria labor, gracias a todo el personal que trabajo en la isla y a la de las operadoras del centro internacional Buenos Aires, que era de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones.

En la mayoría de los libros que se escribieron sobre la batalla de Malvinas, nuestro selecto y reducido grupo siempre tuvo un párrafo donde se resaltó el trabajo realizado.

Uno de los personajes discutidos que usaba nuestra estación para hablar con los medios fue el Padre Fernández, un capellán del Ejército que por medio de las radios de todo el mundo quiso mandar tranquilidad a los parientes de los soldados. En un principio fue visto muy bien, pero luego que se fue complicando la situación bélica su aparición fue más esporádica, debido a que sus informaciones eran aprovechadas por los servicios de Inteligencia Británicos.

Tuvo la oportunidad de hablar por medio de nuestra estación con las radios más lejanas y raras del mundo, inclusive hablo con la BBC de Londres.

Mi experiencia 11
Soldados Gustavo Masini, Carlos Maceira y Otulich.

Entre las anécdotas mas interesantes está la de la escucha en forma diaria de las comunicaciones entre los aviones de reconocimiento de la Fuerza Aérea Argentina sobre el Atlántico, próximo a Ascensión y de los comentarios con el personal que venia a hablar por teléfono. Lo que ellos observaban a pocos les interesaba, nadie nos creía cual era la dimensión de la flota.

Mientras tanto seguíamos vendiendo por medio del Correo televisores en cuotas con normas Pal N para poder ver el programa emitido por el primer canal de TV instalado con un equipo donado por un pueblo de Misiones. Unos ingenieros realizaban estudio de cómo ampliar la costanera y otro grupo analizaba donde se iba a instalar el barrio con las 200 casas para funcionarios argentinos que se iban a construir.

Había un sector que vivía un mundo irreal, se demoraban en descargar los barcos por que se los usaba como alojamiento, no existía restricción de combustible, muchos estaban convencidos que la guerra nunca iba a comenzar.

Comienza la Batalla

El bombardeo del 1 de mayo, fue el primer síntoma importante de alerta que cambió radicalmente la manera de pensar. Se habían perdidos varios días viviendo una realidad ficticia.

Ten√≠amos tambi√©n un fuerte indicio de que la invasi√≥n estaba en marcha. Una de nuestras funciones era la de reenviar los air letters al personal de la Ant√°rtida de las distintas bases extranjeras. Recib√≠amos los textos y los retrasmit√≠amos por nuestro sistema de telex. En los textos de las cartas ve√≠amos que los ‚Äúprimos estaban por visitarnos ‚Äú, ‚Äúmi primo ya se embarco‚ÄĚ, ‚Äú tu primo llega dentro de unos d√≠as y me trae regalos‚ÄĚ, etc.

Mi experiencia 19

Por medio de este circuito conocimos al instante la rendición de Gritvikuen, y cuando fui a dar la novedad al Estado Mayor, el personal de la Armada reaccionó y me amenazó con hacerme un Consejo de Guerra por emitir falsos testimonios. Se me informó oficialmente que los Lagartos eran una tropa de elite y que poseían un arma secreta que era el Mambo, lo que los hacia invencibles. Le ordenaron al Vicecomodoro Miari realizarme un Consejo de Guerra.

Me fui desmoralizado a la estaci√≥n, pero all√≠ pude comprobar que en las Bases Ant√°rticas estaban de fiesta, ‚Äúlos primos hab√≠an llegado‚ÄĚ. Comprob√© que la informaci√≥n que ten√≠an algunas autoridades de la Isla era totalmente falsa. Recuerdo como llor√°bamos de impotencia junto al receptor cuando escuch√°bamos que enviaban un C-130 a hacer reconocimiento sobre la Gritviken.

Gracias a Dios no les sucedió nada. Cuarenta y ocho horas desde el momento que había dado la novedad sobre la rendición, las evidencias eran tantas que ya nadie creía en los Lagartos. Nunca nadie me informo que pasó con mi Consejo de Guerra. Esa amargura me duró toda la Guerra.

Mi experiencia 20
Nicol√°s Kasanzew BAM Malvinas

Nuestras tareas continuaron con mayor empe√Īo, cada vez ven√≠an m√°s personas a hablar por tel√©fonos con sus familiares. Muchos de ellos ya estaban viviendo experiencias muy especiales como derribar alg√ļn Harrier con su sistema de artiller√≠a, haber sido heridos por esquirlas del bombardeo naval enemigo, o haber sufrido alg√ļn accidente con armamento.

Estas permanentes visitas nos permitían conocer como evolucionaba el conflicto y cuales eran los principales problemas.

Algo que me asombr√≥ durante ese periodo fue la entereza del personal militar de todas las jerarqu√≠as cuando hablaba con alg√ļn familiar, nosotros escuch√°bamos las comunicaciones, ya que nuestros auriculares y micr√≥fonos estaban en paralelo.

Escuchamos personas que estaban heridas de gravedad, que habían sufrido mutilaciones de miembros o quemaduras muy importantes que se sentían orgullosos por haber podido combatir. Llamaba poderosamente la atención la tranquilidad de espíritu de todos ellos, sin ninguna duda se sentían como quijotes de tan digna causa.

Otro recuerdo muy interesante fue el día que lo comunique al Oficial de Gendarmería cuyos hombres habían tenido un grave accidente con un helicóptero y le explicaba a su Jefe los actos heroicos que se habían vivido, rescate de personal herido en medio del helicóptero en llama y próximo a explotar. Quienes lo habíamos vivido sabíamos lo que es un acto heroico, hecho que la persona que estaba en otra punta del teléfono no podría nunca entenderlo, esos momentos pueden ser evaluados solo por los participantes.

El bombardeo nos fue generando problemas en el campo de antenas de la planta transmisora, pero nuestra gente en forma diaria y heroica fue solucionando los problemas.

Entrado el mes de junio, la situación se fue complicando, los bombardeos navales eran diarios, el personal que venia a hablar por teléfono eran combatientes que habían tenido contacto con el enemigo en emboscadas, se habían eyectados o sus embarcaciones habían sufridos ataques aéreos. Pero el espíritu era muy alto y en general todos se sentían motivados.

Mi experiencia 10

Hab√≠a un grupo importante de personas que no ten√≠an un rol espec√≠fico de combate, y que en forma permanente aparec√≠an a hablar por tel√©fono. Daba la sensaci√≥n que sobraban, nosotros los hab√≠amos bautizado como ‚Äúlos mutantes‚ÄĚ. Como trat√°bamos de facilitarle las comunicaciones a aquellos que ven√≠an de lugares muy distantes, las escasas dos l√≠neas que pose√≠amos las encontraban ocupadas. Para evitar que eso suceda a los asiduos concurrentes le empezamos a pedir autorizaci√≥n de sus jefes, pero eso no fue obst√°culo, se consegu√≠an autorizaci√≥n escrita para hablar por tel√©fono.

Los √ļltimos d√≠as

Uno de las personas que venia a hablar por teléfono era el periodista Kasansew, el vio que el lugar mas importante para saber como estaba realmente la situación era la estación de comunicaciones. Muchas de las anécdotas de su libro fueron sacadas de ese recinto.

Un d√≠a nos enteramos que a fines de mayo era el cumplea√Īos de Kasansew, lo invitamos a nuestra casa a cenar, si mal no recuerdo el cocinero era el Vicemomodoro Mendiberri quien hab√≠a hecho unas milanesas utilizando como pan rallado las galletitas Criollitas, fue una velada agradable. Recuerdo que en ese momento Mendiberri que es un hombre con mucho conocimiento de inteligencia y un estudioso de la historia, profetiz√≥ con lujo de detalles como iba a terminar la guerra y hasta arriesg√≥ un pron√≥stico de fecha de rendici√≥n. Kasansew estaba asombrado de lo que escuchaba. Los hechos le fueron dando la raz√≥n con precisi√≥n milim√©trica.

Unos d√≠as antes de rendirnos me llam√≥ por tel√©fono el Vicecomodoro Mendiberri, me pidi√≥ que observe por la ventana de la estaci√≥n que daba hacia la costanera y le contara lo que ve√≠a. Para mi asombro, observ√© como una procesi√≥n de soldados en estado deplorable caminaba por la costanera e iba en direcci√≥n al centro de Puerto Argentino. Eran los soldados que hu√≠an de la artiller√≠a de los cerros Dos hermanas. Muchos de ellos llevaban arrastrando por medio de sogas o cintos a los compa√Īeros heridos. Era un espect√°culo muy triste.

La hora final estaba por llegar.
Con algunos soldados que tuve oportunidad de hablar me comentaban que en los puestos de artiller√≠a normalmente se cumpl√≠an turnos, y mientras sus compa√Īeros estaban combatiendo en las alturas donde generalmente se ponen las piezas de artiller√≠a, ellos descansaban en los campamentos en la parte inferior de los cerros, muy cerca del √ļnico camino que venia del norte.
Esa noche, mientras estaban descansando, se infiltr√≥ una patrulla de Gurcas, muy bien equipados con anteojos de visi√≥n nocturnas, y aquellos que estaba durmiendo fueron sorprendidos. Nuestros soldados se despertaron sobresaltados y amenazados. Los dejaron correr por la noche despavoridos, lo que gener√≥ p√°nico al resto y como un efecto cascada los soldados encontraron como alivio el camino a Puerto Argentino, donde trataron de estar a salvo en el menor tiempo posible alertando al resto de sus compa√Īeros. La confusi√≥n que se gener√≥ hizo que en breve plazo existiera una usina de rumores, desde que mutilaban a los soldados, los decapitaban, etc etc, esta transmisi√≥n oral de an√©cdotas fue muy favorable para los ingleses.

Nuestros soldados solo llevaban el casco, la mayoría del armamento personal lo habían dejado en sus campamentos. Los oficiales y los suboficiales siguieron combatiendo.

Cuando fui designado como Jefe de la Estaci√≥n de Comunicaciones, pens√© en mi fuero interno que iba a estar lejos de donde se iban a realizar√≠an los combates, pero los √ļltimos d√≠as fuimos blanco esquirlas de morteros, granadas y disparos de armas largas. Como el edificio era de madera, comenzamos a poner las fuentes de alimentaci√≥n como barreras contra los proyectiles y las esquirlas. La estaci√≥n termin√≥ maltrecha, pero operativa hasta el √ļltimo minuto.

Dos días antes de rendirnos la situación era insostenible, evacuamos en avión al personal civil de ENTEL que había trabajado con nosotros, fue un momento nostálgico, nos habíamos hecho amigos en el peligro.

Mi experiencia 12

El fin de la contienda

El d√≠a de la rendici√≥n estaba operando los equipos cuando apareci√≥ amablemente un oficial ingles quien me dijo que yo estaba en territorio ingles, que deber√≠a entregar la estaci√≥n y dirigirme a la zona argentina. Me fui con cierta nostalgia, quise llegar a mi casa a retirar mis objetos personales, no me dejaron. Hab√≠an quedado peque√Īas cosas, que para uno en ese momento tienen un valor incalculable. Fui obligado a ir caminando hacia el centro de la ciudad. Mis √ļnicas pertenencias era lo que llevaba puesto.

Llegué hasta la oficina comercial de LADE que estaba a pocas cuadras de distancia y comencé a operar con los equipos de la empresa utilizando la red de radioconversación. Sentía que el estar comunicado con alguien me daba tranquilidad.

Mi experiencia 17

Esa noche mientras estábamos alojados en la oficina en el segundo piso, vimos como comenzaba a quemarse un aserradero o deposito que estaba en la parte de atrás del edificio. El incendio tomo dimensiones muy grandes, la población civil (hombres y mujeres) dirigidas por personal de seguridad ingleses trabajaron en apagar el fuego, nosotros fuimos solamente espectadores. Siempre pensamos que era un incendio intencional producido por los Mutantes.

Al día siguiente nos llevaron al aeropuerto, que era la zona argentina, mientras íbamos podíamos observar como los soldados entregaban sus armamentos al costado del camino.

Se veían una infinidad increíble de fusiles FAL apilados en la ruta en las afuera de la ciudad.

Mi experiencia 18

Los oficiales argentinos mientras estaban los soldados no tuvimos que entregar las armas y en el caso particular mío continué con mi pistola provista.

En la zona del aeropuerto hab√≠a aproximada unas 1000 personas, estaban pr√°cticamente en los lugares donde hab√≠an estado combatiendo. Yo me sent√≠ como un extra√Īo.

El paisaje que se ve√≠a eran muy triste, hab√≠a un n√ļmero importante de aviones rotos entre los escombros de la zona bombardeada de la pista, una gran cantidad de fogatas dispersas, y personal militar con los uniformes embarrados y barbudos. Muchos caminaban sin rumbo entre el barro y los desperdicios. Algunos veh√≠culos como topadoras a oruga y tractores segu√≠an movi√©ndose por la zona.

Mi experiencia 15

Ese espect√°culo desgarrante y desolador se ve√≠a tambi√©n agravado por los d√≠as grises y lluviosos de esa √©poca del a√Īo. Los mutantes en esta zona y a esta hora eran centenares.

Cada uno de ellos era un peligro en potencia, por lo que robaba, por lo que destruía y por lo que hacia, eran un mal endémico, operaban libremente durante el día y la noche.

Me acuerdo un ejemplo que nos dejó a todos con la boca abierta, uno de ellos se subió a uno de los aviones Pucará que se encontraban fuera de servicio. Se sentó, se ató e hizo funcionar el asiento eyectable, se vio como el asiento volaba por los aires y después el paracaídas se abría, salvando su vida de casualidad.

A pesar del caos imperante pude rápidamente ubicarme con los camaradas en el lugar donde funcionó la jefatura del aeropuerto. Al pasar por un sector del mismo, encontré un equipo de HF portátil, Marca Grinel que era de los que habíamos llevado nosotros a la Isla. Nos conseguimos una batería y nos comunicamos con el continente siempre por medio de la red de LADE, recuerdo que tuve en esa oportunidad de hablar con el Comodoro Crespo que estaba en Comodoro Rivadavia y también con mi familia. Cuando ya nos estábamos por ser trasladados con mucho dolor del alma rompimos nuestros fieles equipos.

Los ingleses fueron poco a poco llevando los prisioneros a los barcos y la zona se fue despoblando.

Mi experiencia como prisionero de guerra

Al día siguiente fuimos separados y en un grupo grande nos llevaron a la zona de administración del puerto. Nos alojamos en una habitación muy reducida donde pasamos la noche. En un momento pudimos por una ventana ingresar al segundo piso, donde estuvimos más cómodos, también encontramos algunos productos en lata y chocolate de origen ingles. Nos vino muy bien, por que ya comenzaba hacer mucho frío y uno tenia que tener sus provisiones, ya que éramos prisioneros autónomos, comíamos lo que podíamos conseguir.

Cerca de medio día nos llevaron hasta cerca del Town Hall donde había un terreno bastante amplio, desde allí fuimos embarcado en un helicóptero Chinook que nos llevo, pese al mal tiempo hasta un frigorífico abandonado en San Carlos que fue, a partir de allí, nuestra prisión.

Como ya tenia experiencia que en combate todo elemento que se ve es √ļtil, antes de entrar al fr√≠o y triste local donde iba a ser nuestra celda colectiva, ya me hab√≠a apropiado de una caja de cart√≥n, que una vez desarmada, iba a ser mi colch√≥n por varias semanas. Fue algo envidiados por varios y prestado en algunas horas a algunos amigos.

Por razones de afinidad y de amistad, nos juntamos en un sector aquellos que sin distinción de armas, ya teníamos unos cuantos días de haber vivido experiencias bélicas.

Mi experiencia 14

Mi primera comida caliente fue para m√≠ una experiencia nueva, los ingleses no nos daban cubiertos y platos, y no todos ten√≠amos bolsa de rancho. En la cola para servirse, nos correspond√≠a un cuchar√≥n por persona. En el caso particular, utilic√© como plato mis manos cubierta por un peque√Īo trozo de nylon, la comida estaba caliente lo que me quemaba las manos, pero sin perder tiempo me llev√© las manos a la boca y me puse a comer como un perro. Para la segunda vez comenzamos a conseguir elementos como latas de conserva y maderas para hacer tenedores y cucharas. Por primera vez supe lo que significa en la vida militar ‚Äúelemento de circunstancias‚ÄĚ. Todo serv√≠a.

Un peque√Īo grupo electr√≥geno nos daba luz, y tambi√©n nos permit√≠a por medio de dos conductores colocados en una lata sobre un cart√≥n calentar agua.

La jerarqu√≠a de ‚Äúmutante‚ÄĚ la ten√≠amos todos, ya sab√≠amos como hacer corto circuitos en el sistema para poder obtener algo en la oscuridad o simplemente para generarles malestar a los ingleses. Ya nos hab√≠amos ofrecido como cocineros, lo cual nos permit√≠a hacer la comida al gusto argentino y poder obtener algo extra de las despensas.

Nos comenzaron a visitar los observadores de la Cruz Roja, dos hombres y una mujer, todos de origen suizo. Reclam√°bamos por el estado que est√°bamos viviendo, la falta de ba√Īos, y la imposibilidad de higienizarnos que fue aumentando d√≠a a d√≠a.

Mi experiencia 24

Al principio nos llevaron a caminar en un corral que quedaba al lado del frigorífico y pegado al cementerio argentino, hacia siempre mucho frío y el piso del corral era puro barro. Esta actividad no se suspendió por lluvia, nieve o mal tiempo.

Al cabo de varios días, desde allí pudimos ver que en un descampado algo estaban haciendo a unos 200 metros de nuestra prisión. Eran cuatro pilares de madera, de unos dos metros de altura, donde en parte superior se construía una plataforma y se estaban colocando tambores de 200 litros.

En la parte inferior habían instalado 4 duchas.

Mi experiencia 25

Cuando terminaron la instalaci√≥n nos llevaron en grupos. Nos ten√≠amos que desvestir y durante dos minutos ca√≠a agua tibia sobre nuestras cabezas. El agua se calentaba con unos calentadores a gas, era izado hasta la parte superior donde se volcaba sobre uno de los tambores y desde all√≠ se abr√≠a el paso del agua durante dos minutos. Tres elementos fundamentales faltaban para hacer placentero el ba√Īo, era al aire libre, con temperatura cercana a los ceros grados, no ten√≠amos jab√≥n, ni toallas para secarnos.

Después de esta experiencia, creo que todos íbamos a reflexionar antes de seguir pidiendo que se nos concediera algunos de los derechos que tiene el prisionero de guerra.

A las dos semanas de estar prisionero en San Carlos fuimos embarcados en el Barco Saint Edmount, en cada camarote fuimos instalados tres personas, pero solo hab√≠a dos camas. Ten√≠amos agua y jab√≥n lo que nos permiti√≥ ir higieniz√°ndonos de a poco y de vez en cuando ba√Īarnos. All√≠ tuvimos algunas ventajas, nos daban un desayuno y una cena, bien frugal, Tambi√©n nos daban dos cigarrillos diarios.

Mi experiencia 27

En una de las visitas del personal de la Cruz Roja, me dejaron una novela ‚ÄúEl p√°jaro canta hasta morir‚ÄĚ, la desarmamos e √≠bamos prestando hoja por hoja para que muchos la pudieran leer en forma simult√°nea. Fui bibliotecario de un solo libro, pero con muchos usuarios.

Al principio estuvimos anclados en la Bahía de San Carlos, y a la semana fuimos a fondear a Puerto Argentino, donde permanecimos hasta la partida a Puerto Madryn.

Mi experiencia 29

√Čramos llevados a cubierta una vez por d√≠a durante una media hora. Pudimos ver muchas veces la cubierta del barco cubierta de nieve y observamos como reparaban algunos barcos que estaban anclados a nuestro alrededor.

En la noche del 8 de Julio, sucedió un hecho muy raro, sonó en el barco la alarma de ataque aéreo, nos obligaron a meternos en nuestros camarotes y se apago la luz de los compartimentos. Pude ver por el reflejo de unas lámparas rojas que indicaban las salidas de emergencias que seguían encendidas, uno de nuestros custodios estaba arrodillado rezando.

Mi experiencia 28

Al d√≠a siguiente, lo encontr√© cuando fui al ba√Īo y le cont√© que lo hab√≠a visto arrodillado. Me coment√≥ que era de los marinos que salieron de Liverpool, que su barco sufri√≥ un ataque feroz de la Fuerza A√©rea y tuvieron que evacuarlo. Su vida la hab√≠a salvado por milagros y ahora tenia terror cuando sonaba la alarma de ataque a√©reo.

El d√≠a 9 de Julio en el sector del buque donde est√°bamos prisioneros, hicimos una peque√Īa formaci√≥n en homenaje a la Patria, la presid√≠a el Teniente Coronel Alper√≠n, quien era el mas antiguo de los oficiales en ese sector.

Mi experiencia 26

Antes que el Saint Edmount nos desembarcara en Puerto Madryn, un marino ingles que había estado viviendo en su juventud en Buenos Aires nos dio la despedida en castellano por los altoparlantes simulando el final feliz de un crucero de placer en la Empresa Sea Link que era la propietaria del Barco.

Las palabras dichas fueron aproximadamente las siguientes: ‚ÄúSu atenci√≥n por favor, la Empresa Sea Link les desea a los se√Īores pasajeros que hallan tenido un crucero muy feliz, les agradece haber seleccionado a nuestra empresa para realizar esta traves√≠a, y los espera muy pronto para realizar un nuevo crucero de placer. Feliz retorno.‚ÄĚ

Mi experiencia 30

Desde Puerto Madryn fuimos trasladados hasta el Aeropuerto de Trelew, y desde allí solicitamos al Brigadier Castellano que el Boeing 707 que nos esperaba, hiciera escala en Comodoro Rivadavia, ya que la mayoría de nuestras cosas habían quedado allí desde Abril.

Mi experiencia 22

Con alegría nos fuimos reencontrando con nuestros camaradas, y en Ezeiza nos esperaban nuestros familiares, fue algo muy emotivo, ver los rostros, hablar, reírse.

Me di cuenta que era una alegr√≠a distinta, √ļnica, hab√≠a regresado sano y salvo de una guerra.

Relato del Mayor VGM Antonio Federico Gonz√°lez Iturbe

Comentarios de Camaradas

En Puerto Argentino, creo que el 3 de junio, una ma√Īana fui a Cables & Wireless, una especie central telef√≥nica y el Mayor Gonz√°lez Iturbe, realiz√≥ un Phone Patch con mi casa (no hab√≠a nadie…!!!!) le ped√≠ otra oportunidad y me dej√≥, habl√© con mi novia (actual esposa) y muy escuetamente sin dar datos de lugar y otras referencias, pude explicar que no estaba prisionero en Pradera del Ganso (creo que no entendi√≥ nada, ya que se deb√≠a decir ‚Äúcambio‚ÄĚ- cada vez que hablaba un participante), no era una comunicaci√≥n muy sencilla en la faz sentimental, ya que Gonz√°lez Iturbe, no solo estaba al lado m√≠o, sino que escuchaba todo por los auriculares con una mano en la “clavija” para desconectar al menor indicio que el Alfeta diera alguna referencia t√°ctica. Pero por lo menos sab√≠an que el 3 de junio estaba vivo!!!.

Hable entre los racks de los equipos de radio. Se decía que ahí también se hacía escucha de toda la red de los kelpers del interior de las islas.

Otra vez fui creo que el 5 de junio, de pasada, ya que íbamos a la Casa de Piedra.

Antes de hablar te daban tantas recomendaciones que solo atinabas a decir Hola!!! Estoy bien no se preocupen por mi!! Cambio y del otro lado te preguntaban todo que hab√≠an escuchado en Radio Colonia, en Carve de Montevideo… Y solo volv√≠as a repetir… Si soy Eduardo, Estoy bien no se preocupen por nada cambio…y otra vez…pero hijo… no escuchas lo que te pregunto??? es cierto que… Estoy bien…y te hac√≠an se√Īas que corte… Un beso y no se preocupen cambio…y sacan la clavija!!!

No s√© d√≥nde sacaron los “gringos”, especialmente Richard Aldrich en su libro “GCHQ: The Uncensored Story of Britain’s Most Secret Intelligence Agency” que d√°bamos tanta informaci√≥n, hablabas entre los racks grises llenos de equipos, telex y v√°lvulas y al frente el sensor!!!

Brigadier VGM Eduardo Daghero

Fotos: Grupo Radioescucha Argentino / Nicolas Kasanzew / ZM.

Luis Satini

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