El eterno abrazo del “Pipi” Sánchez

Discurso conmemorando los 30 años de la participación de Escuadrones A4 B en Malvinas.

A 30 años de la gesta de Malvinas, los pilotos de combate que integramos los escuadrones A4 B, desplegados en este bendito suelo santacruceño, nos reunimos para recordar el histórico acontecimiento y rendir homenaje a nuestros compañeros caídos en combate.

No resulta fácil hablar respecto de aquello vivido durante la guerra, y menos aún transmitir nuestros sentimientos, cuando nos encontramos frente a una constante desacreditación pública de los esfuerzos realizados por amor a la defensa de nuestra patria.

Al hablar del conflicto de Malvinas caemos en el error de la eterna discusión respecto a si constituyó la respuesta al llamado a la guerra, emitido por una ya decadente junta militar, para sostener un gobierno en caída; o la imperante necesidad de las instituciones armadas por participar en un conflicto bélico.

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Es allí, en la manipulación del discurso donde comenzamos a ceñir una amplia y diversa realidad a hechos históricos y puntales de una minoría; politizando no solo la gesta sino también el sentimiento nacional; formando de este modo, una cultura que circunscribe el conflicto a un periodo histórico de nuestro país y entiende una ofensa publica… osar darle impronta de honor, moral, orgullo o cualquier tipo de valor, a la figura del militar.

Consecuencia de ello, carece de valía o reconocimiento  el esfuerzo de aquellos hombres, argentinos, que estuvieron dispuestos, y dieron, su vida por la patria…

No, no olvidamos el contexto en que aconteció la guerra, ni negamos los errores de un gobierno que olvidó su rol protector. Pero aquí no se trata de establecer una posición frente a la dictadura, sino de reconocer un sentimiento que yace en los corazones de los argentinos desde mucho antes del 2 de abril de 1982. Un sentimiento que comienza a formarse en nuestros hogares y junto a las primeras letras en la escuela primaria; y que creció a lo largo de nuestra historia nacional.

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Quienes conformamos la fuerzas armadas de nuestro país, no abrazamos la profesión militar por el placer de la búsqueda de intervenir en un conflicto armado; lo hacemos con el fin de formarnos y capacitarnos para defender la paz de nuestros habitantes y el patrimonio nacional. Vestimos con orgullo el uniforme, para servir a la patria… Y no para servirnos de ella.

No participamos en el conflicto de Malvinas para buscar reconocimientos, obtener glorias u honores personales. Tampoco arriesgamos nuestras vidas con miras al progreso profesional individual. Nuestra motivación era el cumplimiento del deber, respondiendo al llamado de defensa del territorio nacional y sus habitantes, así debiéramos dar a cambio el bien más preciado de todo hombre: la vida.

El tiempo pasó, pero continúan intactos los sentimientos que nacieron durante aquellos días y nos marcaron para siempre.

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Como olvidar las largas noches sin dormir, las interminables horas de espera, sabiendo cada vez más cercano el momento del llamado para salir en combate.

No escapa a mi memoria, el hábito de cambiar de lugar en la mesa durante las comidas; remedio insuficiente y producto de la necesidad de disfrazar la ausencia de aquellos que ya no estaban entre nosotros.

Permanece latente la soledad en la cabina de nuestro avión durante el vuelo frente a nuestro enemigo, la expresión de los mecánicos y armeros, y de nuestros compañeros, al comprender que alguno de nosotros…ya no regresaría.

Imposible olvidar el momento del último abrazo silencioso, con los compañeros designados en una misión de combate al partir rumbo a los aviones. La dolorosa despedida a un amigo que tal vez no volveríamos a ver jamás.

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Muchos se preguntan si no teníamos miedo. Claro que lo tuvimos. Porque a la hora de la verdad, poníamos todo en juego: esposas e hijos, padres, hermanos y amigos… nuestro futuro.

El verdadero miedo no solo es producto del peligro del combate, sino también tener que enfrentar nuestros propios temores y poder vencerlos… valiente no es quien carece de temor, sino quien lo vence para lograr su objetivo.

Los años pasan, pero persiste aquella sensación de angustia al dejar el refugio de nuestro querido Hotel Santa Cruz, para emprendernos en el lento camino al deber.

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Muchos no habrían de volver luego de la batalla… Pero sin embargo, y como todos los días, con el espíritu partido entre la pérdida y el coraje,… marcados por el temor a sufrir la misma suerte, marchábamos nuevamente al cumplimiento de nuestra tarea diaria, con la frente en alto y confiados en la protección de Dios nuestro Señor.

Y a nuestro regreso, encontrábamos el constante sostén del pueblo de Santa Cruz. Ustedes también participaron y aportaron a esta gesta. Diariamente nos extendían la invitación a compartir una cena, abriendo las puertas de sus casas para acompañarnos y cumplir el rol de la familia que tan lejos estaba.

No importaban las largas distancias a recorrer: allí estaban ustedes, junto a la ría, en este mismo lugar, saludándonos durante nuestro despegue. Contando y con la misma ansiedad que nuestros compañeros, soldados y suboficiales, cuantos aviones partían y cuantos regresaban.

Jamás nos permitieron olvidar porque estábamos luchando. Y así, en la compañía diaria y el apoyo constante, renovaron nuestro espíritu y nos infundieron de valor para seguir adelante.

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Enfrentar a nuestro adversario no fue tarea fácil; tuvimos que pasar por una dura formación y salir al combate con nada más que los medios disponibles. Nuestras mejores herramientas fueron: el entrenamiento que teníamos en ese momento, el espíritu de equipo de los escuadrones, la templanza individual de sus pilotos y el personal de mantenimiento de nuestros aviones.

Y allí, en el sacrificio de la entrega, en la preparación individual y grupal, a partir de la cual nace la profunda camaradería, encontramos el fundamento del éxito obtenido, y el espíritu que caracterizó la hazaña de los soldados alados, que nos armamos en defensa de nuestro patrimonio.

Mediante la guía de nuestros jefes de escuadrones, ejemplo diario al ofrecer en cada misión volar ellos y evitar así poner en riesgo la vida de los más jóvenes, nos unimos hasta ser una verdadera familia. Ya no éramos un conjunto de individuos enfrentando al enemigo, ahora todos éramos uno. Estábamos eternamente ligados a pesar del peligro inminente, llenándonos de fortaleza para enfrentar los desafíos. El resultado exitoso en las operaciones realizadas contra la flota enemiga, se obtuvo gracias a la simbiosis avión – piloto y de estos con su unidad aérea. Una hermandad que se mantendrá por el resto de nuestras vidas.

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Fue esta hermandad entre los pilotos de combate, desplegados en Rio Gallegos durante el conflicto, la que nos destacó durante la guerra y ante todo el mundo. Fue a través de ella que nos armamos de valor y, a pesar de la desventaja, atropellamos a la flota inglesa en cada ocasión que nos lo propusimos.

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Gracias al sentimiento de camaradería superamos nuestros temores y miramos a los ojos a la muerte para salir a enfrentarla con coraje e ingenio, dejando atrás cualquier deficiencia tecnológica y la terrible capacidad bélica desplegada por el enemigo.

No dimos, ni pedimos tregua… El enemigo aprendió a respetarnos, y demostramos, en nombre de nuestro país,  lo que un argentino es capaz de hacer por una causa justa…. Superamos todas las adversidades jamás imaginadas por cualquier piloto de combate.    Donde presagiaban la imposibilidad del cumplimiento de la misión, seguimos volando una y otra vez contra la flota inglesa, en apoyo a nuestros soldados que combatían en las islas.

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Como ciudadanos comunes, integramos una institución que pertenece a todos aquellos que conformamos esta gloriosa nación. Somos parte de una institución que es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Es nuestro deber  y responsabilidad defender los intereses nacionales en la hora de necesidad.

Malvinas es parte de nuestra identidad nacional y,  más allá de cualquier discrepancia sobre la guerra, las islas son, y por siempre serán, Argentinas.

Nueve de nuestros queridos Halcones quedaron en el camino, cumpliendo con su promesa a la patria de defenderla hasta perder la vida. Recordamos a aquellos que entregaron todo en defensa de nuestra nación. No hay amor más grande que el de quien ofrenda su vida por el prójimo, su pueblo y su patria.

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Hoy puedo verlos igual que ayer, patrullando y defendiendo nuestro cielo. Allí estarán hasta que nos reencontremos nuevamente. Le doy gracias a Dios, por haber tenido la suerte de haber volado junto a estos contemporáneos de mi patria. Ellos son el ejemplo a seguir, los verdaderos Héroes de esta historia que jamás deben ser olvidados. Honrémoslos como se lo merecen: con la frente en alto y orgullo nacional… Más allá de cualquier división o política.

Discurso pronunciado el 9/06/2012 en Rio Gallegos conmemorando los 30 años de la participación de Escuadrones A4 B en la Guerra de Malvinas.

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Comodoro VGM Héctor “Pipi” Sánchez (FAA)

 

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Reseña del Amigo “Pipi” Sánchez

Casi de casualidad el joven Héctor Hugo Sánchez ingresaría a la EAM, estudiaba junto Orlando Pons en la Escuela Nacional de San Nicolás, cuando transcurrían los últimos meses de la educación secundaria, le preguntó a su compañero de banco que seguiría como carrera, Orlando le comentó que ingresaría a la Escuela de Aviación de la Fuerza Aérea, fue ahí cando se interesó y le pidió que le dijera que debía hacer para el ingreso, su meta era volar.

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Al ver que el tiempo era escaso por los rigurosos exámenes que iban a venir, se preparó con mucho esfuerzo y la ayuda de su amigo. El futuro estaba echado, sus padres veían con buena cara la decisión, por lo que también deciden apoyar su carrera, no solo espiritualmente, también con su esfuerzo económico.

Y aunque tal vez no lo supiera, la llama comenzaba a encenderse en el nuevo Alférez, que en diciembre de 1975 egresaba de la Escuela de Aviación Militar, junto a Pons serian compañeros de la Promoción XVI. Atrás quedaban años de estudio, sacrificio, para comenzar su propia vida, con nuevas amistades, camaradas y económicamente independiente.

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Estos nuevos oficiales de la FAA, pensaban que habían llegado a su meta, sin saber que recién comenzaba. Distintas preguntas invadían la mente y el cuerpo del joven Sánchez, comenzaban los interrogantes a sus ansias de volar, el nuevo Alférez temía por la responsabilidad que le impondría la FAA, dudaba cumplir con el difícil camino que significa llegar a ser piloto militar, no solo volar sino también forjarse y superar las exigencias como aviador, pero su camino se allanaría estando seguro de una premisa, Héctor Sánchez sabía que antes de ser piloto, ya era Militar, y nada menos estaba en las filas de la gran Fuerza Aérea Argentina.

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Los pasos que vendrían serian excelentes y no solo se convertiría en aviador militar, sino que el destino lo marcaría como uno de los mejores de la historia argentina, un piloto de caza… un Halcón.

Durante la enseñanza y como parte del adiestramiento realizó navegaciones de larga duración, y ataques a blancos enemigos tales como, bases logísticas, centros de comando y control, poder enemigo y pistas.

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Dos son los entrenamientos que más recuerda, primero el realizado en V Brigada Aérea de Villa Reynolds, San Luis (Asiento natural de los A4-B) hasta las Cataratas del Iguazú, con reabastecimiento en vuelo con los C-130 y regreso por distinta ruta a V. Reynolds) y el segundo estando desplegados en el sur, Rio Gallegos, haciendo navegación nocturna a baja altura, simulando ataque nocturno a la Base de Comodoro Rivadavia y con regreso a Gallegos. Esta acción la hizo con el Luis Alberto “Tucu” Cervera, con las luces externas de los A4 apagadas antes del amanecer.

En todos estos ejercicios utilizaban prácticas de tiro en los campos habilitados para la FAA.

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Su formación fue vertiginosa, y así sin darse cuenta, mientras hacía el curso para poder volar el sistema de armas Mirage III en la VIII Brigada Aérea, lo sorprende 1982 y con ello la Guerra de Malvinas. Con 28 años y el grado de Primer Teniente, fue llamado por el Capitán Carlos “Trucha” Varela, Jefe de Escuadrilla de los Escuadrones A4-B, a integrar la misma como adscripto al II Escuadrón Aéreo de ese Sistema de Armas.

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Junto al “Trucha” y al Capitán Antonio “Tony” Zelaya, Jefes de Escuadrones en el conflicto y sus camaradas integraban una letal formación de combate, debido a la preparación y adiestramiento adquirido con los A4. Volaban en misión real sabiendo del compañerismo y confianza del grupo, pensando siempre que todo un pueblo los apoyaba, pero por sobre todas las cosas, pensando en Dios, a quien encomendaba su vida en cada ida y vuelta contra la flota inglesa.

Participó de cuatro (4) misiones, y luchó palmo a palmo con sus camaradas a pesar de las bajas, esas muertes de amigos que golpeaban cada día, pero mucho más cada noche cuando la paz y la reflexión llegaba a las habitaciones, ahí se podían ver las cuchetas vacías y los rostros indisimulados. Pero con una moral muy alta y entrega infinita, cada piloto se ofrecía como voluntario para salir en cada misión.

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Lamentó mucho la falta de elementos vitales para dar la estocada final a los ingleses, la falta de información exacta de los blancos navales, el armamento adecuado para atacar los blancos, los tan requeridos sistemas de navegación OMEGA (ya que solo unos pocos aviones lo tenían). Luego, cuando las tropas inglesas habían desembarcado, no poder contar con la información adecuada de inteligencia realizada por los mismos pilotos y la Red de Observadores de la FAA. La gran ayuda que hubiera sido poder operar con una pista en Puerto Argentino y haber podido utilizar la misma asumiendo los riesgos que traía su operatividad.

Sobre este tema, recuerda la misión del 7 de junio al sudeste de la Isla Soledad, en esa oportunidad voló con el Primer Teniente Danilo Bolzan y el Vicecomodoro Ernesto Ricardo “Conejo” Dubourg, 1 y 2 respectivamente, el objetivo eran navíos que en ningún momento pudieron encontrar pese a los esfuerzos de sobrevolar la zona lo máximo permitido por la autonomía, volviendo a Gallegos con un sabor agridulce, el temor y riesgo que conlleva buscar el objetivo con la posibilidad que alguna patrulla de Harrier los detecte y los derribe, y por otro lado el no haber encontrado el blanco para neutralizarlos. Porque como dice más arriba, el Escuadrón era un compacto grupo, un grupo de amigos, y sabían que dejando un blanco sin atacar, ese mismo blanco era un enorme riesgo para la escuadrilla que llegara a la zona.

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Su amigo hermano el “Tucu” cuenta con orgullo sobre la última misión del Escuadrón, en la cual el “Pipi” tira el Casco al piso y lo patea con lágrimas en los ojos, puteando y queriéndose pelear con todos aquellos que querían detenerlo para que no salga en esa misión, hasta que el mismo “Tucu” le dijo, “déjame a mi hermano que la cosa no está bien por allá, a lo que el Pipi responde, por eso boludo, déjame ir a mí a matar a todos esos hijos de puta que están matando a nuestros soldados”.

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Los Escuadrones Aéreos fueron una perfecta maquinaria de combate, que a pesar de lo antiguo del material aéreo, demostraron al mundo lo que se puede realizar con entrenamiento, ingenio, esfuerzo, sacrificio y voluntad de lucha.

La rendición no lo sorprende ya que en cada incursión podían ver como las tropas enemigas desembarcadas en San Carlos avanzaban a Puerto Argentino pese al esfuerzo de las tropas en tierra, y la entrega de vidas de los pilotos de la FAA que eran insuficientes para detener semejante avance inglés.

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De algo está seguro, sabe que la guerra no terminó para él, reconoce haber perdido solo una batalla por la recuperación de la Islas. Todos los integrantes del grupo no se rindieron aun, por ahora solo les ordenaron suspender las operaciones aéreas aquel 14 de junio. Nueve (9) pilotos eran las bajas en ese momento, pero todavía contaban con tripulantes y material para seguir la contienda.

Se siente orgulloso de haber sido parte de la Fuerza Aérea en la guerra, para lo cual fue formado y haber dado el Sí Juro, al igual que todos sus camaradas, ese grupo que estaba ensamblado desde el primero al último, desde el personal de apoyo técnico, logístico o el mecánico que lo terminaba de atar, hasta el tal vez más querido “Gordo” Romero, médico del Grupo Aéreo. Todos eran ese famoso engranaje aceitado, que terminaba en la “Garra armada del Halcón”, cada especialidad aportaba su granito de arena para la misión emanada.

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Los Escuadrones eran muy unidos, sabedores de los riesgos en cada misión disfrutaban de los momentos libres desafectados de operaciones, sabían que cada segundo era oro, que cada día era un regalo de Dios. De acuerdo a la personalidad de cada integrante se lograba el distendimiento con humor y así mantener en alto el espíritu del grupo.

Todo el Escuadrón, al igual que cada Piloto de la Fuerza Aérea, sabía que su adiestramiento y equipamiento estaba acorde a su responsabilidad primaria, la batalla aérea y aeroterrestre para lo que estaban formados. Pero aun así no dudaron en ningún instante en salir en defensa del territorio nacional y mucho más, a proteger la tropa propia que sufría día a día el constante cañoneo y finalmente ataques terribles de sus posiciones.

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Por este motivo tuvieron que aprender en plena contienda ataques a objetivos navales e ir probando armamento eficaz contra los buques en la medida que se realizaban las misiones, misiones que eran responsabilidad primaria de la Armada.

Los aviones no tenían asignado un piloto en particular, ya que las diferentes novedades o misiones asignadas, el piloto era informado en el momento, pero para el “Pipi” hay un avión que tiene una historia especial, el A4-B C-231, con ese avión voló más de una vez y además fue el que me trajo de regreso el 8 de Junio después de sobrevivir al ataque de dos Sea Harrier en Bahía Agradable.

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Recuerda con cierto dejo de tristeza que su madre vivió engañada durante todo el conflicto, ella pensó que el Pipi siempre estuvo en Buenos Aires y para ello la familia colaboró para esta sana mentira cuidara de su salud.

Para Héctor Sánchez la guerra no terminó, es una parte de su vida que aún no pudo cerrar, e inclusive hay otra guerra que junto a su hermano de la vida dan a diario, en las redes sociales y principalmente en sus charlas que no solo son en cada ciudad de cada provincia, sino también en países limítrofes donde fueron invitados especialmente.

Esta lucha es contra el olvido de sus acciones en lo que fue la recuperación de las Islas Malvinas y olvido del pueblo argentino, que en su mayoría ignoran el trabajo realizado, y por encima de ello el gran esfuerzo de cada componente.

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Quiere cerrar una brecha que pareciera fue hecha a propósito, esa brecha de divide y reinaras, esa maldad de desmalvinizar a costa de todo y de todos. El trabajo es unir y utilizar la voluntad de todos para crecer, los que combatieron y los que no lo hicieron, los profesionales civiles y los conscriptos, los que cobran una pensión y los que todavía luchan por ella, pero más luchan por su reconocimiento y dignidad.

Siente mucho dolor por el olvido, por el esfuerzo realizado de quienes dieron su vida en combate, siente tristeza por la misma gente que se ofrecieron como voluntarios para ir a luchar por su patria, la de todos, sin pensar en ningún momento en dinero, sueldo, reconocimiento, medallas, menciones, solo entregar su sangre en un campo de batalla.

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También se indigna con los dirigentes corrompidos, los de adentro y los de afuera, y brega por la unión nacional, sabe que solo así se podrán alcanzar los objetivos estratégicos a seguir, entre ellos Malvinas. Los dirigentes deben ir a la cabeza como ejemplo y compromiso, para que el pueblo pueda creer en ellos y así lograr progreso y crecimiento, sin intereses mezquinos, personales o sectoriales.

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Por ultimo quiere dejar un mensaje de unidad, así como lo conservan los Halcones en sus reuniones, encuentros de gran emotividad, donde se entremezclan los recuerdos, los malos y los buenos, donde están presentes todos, los que volvieron y los que quedaron custodiando las Islas, los Héroes de Malvinas.

22 abrazo

La personalidad de cada Caído en combate es recordada por sus valores y características que lo hacían diferente, ellos comparten cada encuentro, los recuerdan con mucho cariño y brindan por su valor.

32 abrazo

Cuando los invaden los momentos angustiosos vividos allí en el sur de la patria, recuerdan el espíritu del Grupo, el mismo espíritu que tuvieron durante la guerra, las bromas y las canciones superan el mal trago, y así dejar de pensar por algunos momentos los riesgos que enfrentaban en el 82.

36 abrazo

Sabe que ahora se debe continuar la guerra con otros medios, con la diplomacia o la política, aunque indudablemente primero hay que ser creíbles, pero el objetivo estratégico no se debe abandonar jamás.

Saludo Uno!!

Capitán Hugo Palaver Primer Teniente Manuel Bustos Primer Teniente Luciano Guadagnini Primer Teniente Fausto Gavazzi Primer Teniente Danilo Bolzan Teniente Mario Nivoli Teniente Jorge Ibarlucea Teniente Juan Arraras Teniente Omar Gelardi Alférez Jorge Vázquez

37 abrazo

Luis Satini

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