Volponi: la vida de un Héroe que se regaló a la patria

Hoy 23 de mayo se cumple un nuevo aniversario de la muerte de Héctor Ricardo Volponi, para muchos, “un vecino de Tres Arroyos”, para otros “un buen muchacho”, algunos opinan “hijo de una buena familia”, quienes entienden de aviación dicen “un excelente piloto”, para quienes mezclan los momentos comentan “es otro militar”, lo cierto es que mundialmente lo reconocen como un Héroe de Malvinas.

A este Héroe argentino, nacido en Tres Arroyos, no podemos dejar de realizar otro emotivo homenaje y en especial una recordación para todos aquellos que ignoran la manera en que combatió, las circunstancias de su muerte, y los recuerdos de quienes estuvieron cerca, camaradas y familia.

En esta síntesis vamos a reconocer a una persona de educación familiar, de formación escolar, que supo del esfuerzo en el trabajo y del amor a la patria. Con una meta lograda de principio a fin. Un ejemplo para todos aquellos, que hoy dicen no poder y en especial a los jóvenes que piensan que es imposible ser una persona útil y un hombre de bien dentro de una sociedad.

Los Volponi en Tres Arroyos

Dorrego y Deán Funes fueron las calles de tierra que lo vieron nacer y aprender a caminar Héctor Ricardo que había nacido en el invierno de 1953, sus padres vivían en una sencilla casa de esa esquina, para esa época este inquieto niño que crecía con cariño, jugaba con compañeros de barrio y se “metía” en el taller de su papá.
En ese sitio tan especial se mezclaba sin darse cuenta, lo que para él iba a ser su futuro. La destreza y la velocidad.
Repitiendo una y otra vez a quien le preguntara, que vas a ser cuando seas grande: “voy a manejar aviones”.
Cursó toda su primaria en la Escuela N° 5 y disfrutó del taller de su padre, sin saber por esos años que iba a heredar la capacidad de maniobrar con rapidez. De muy chico, como muchos en esos tiempos, manejaba y sabia de mecánica, sus vecinos que lo recuerdan, le veían como alguien capaz de llegar muy lejos, muy alto.
El tiempo llevó a Héctor Roberto Volponi y María Elena Guerendian, sus padres, a mudarse a Emilio de la Calle al 300, allí transcurrió su infancia con fútbol y picardías de la época de adolescente y haciendo su secundario en el Colegio Nacional, la familia se mudó a la Av. Constituyentes, impecable en sus estudios y en su aspecto, aceleraba su capacidad para terminar cuanto antes su secundario. Como todo joven el “picado” y las salidas con amigos lo esperaba para darle una recreación al esmerado estudiante.

Para esa época el reconocido mecánico y la querida peluquera hacían todo el esfuerzo para que a Héctor Ricardo no le faltase nada y pudiera terminar con sus estudios de bachiller. También su prima Ana, se interesaba por él y compartían sus libros, se termina así el secundario para llegar a la tan ansiada Escuela de Aviación Militar en Córdoba, pero la vida le juega una mala pasada en ese momento y pierde un año de su único deseo. Ingresar a la Fuerza Aérea.

Pero si de Volponi hablamos, ese traspié, solo sirvió para tomar más ahínco, y su sueño de ser piloto comenzaba más cerca, en mayo de 1971, el Aeroclub de Tres Arroyos le abría sus puertas a quien con el tiempo se lo conocería como el Héroe de la ciudad.

Para principios del 73, el 29 de enero, tenía su brevet otorgado por Giaccone y se convertía en comandante de aviación. Su primer avión un Piper – PA11, y quien lo llevaba de la mano a su histórico camino, era Néstor J. Astiz. Ese mismo año acumula más de 20 horas de vuelo con un avión LV-YPF, y pocas semanas después pasan para volar rumbo a su destino de vida, manda a buscar un Piper PA 12-LV-NXP triplaza, y con este hermoso avión vuela a Córdoba, completa todos los papeles e ingresa a la Escuela de Aviación Militar.
Este breve relato, pero emocionado recuerdo, pertenece a un amigo de todos quienes gustamos de volar, Hugo H. Mirasso, una institución del Aeroclub local.

Héctor Ricardo en Córdoba

Un año nuevo comenzaba y Córdoba esperaba a la nueva camada de futuros pilotos de la Fuerza Aérea Argentina.

Cuando la familia ya estaba establecida al 400 de la Av. Güemes, el destino del Héroe ya comenzaba a forjarse. Los padres de Héctor Ricardo lo apoyaron y sus firmas autorizaron a que el “cadete”, comenzara su camino, el pelo corto, la gomina y el impecable uniforme brillaban en ese esmerado joven, que sabiendo del esfuerzo de los “viejos”, realiza una carrera increíble, con excelentes calificaciones y en un tiempo ideal.

Esos años fueron de mucho sacrificio para la familia Volponi, para Héctor Roberto, su esposa y para el mismo “Volpi”, que sabiendo de lo costoso que eran sus estudios, cuando podía “se arremangaba” y trabajaba igual o más que sus padres.

Finalizados los 4 años del período de formación, egresó con el grado de Alférez del Cuerpo de Comando, eligiendo en el escalafón del aire, la especialidad más difícil, pero su sueño de años: Aviación de Caza.

La mudanza de “Cazas”

Mendoza fue su destino para comenzar con los aviones y su familia. Ingresó al Grupo de Caza 4 de la Base Aérea El Plumerillo, allí perfeccionó su estilo de piloto-aviador a bordo de los Douglas A-4C. Contó con la suerte de encontrase con viejo amigo, el Capitán Dimeglio, quien lo recuerda así: “Cuando llegué de pase a la V Brigada Aérea, me alegró encontrar a un Oficial a quien había conocido como cadete, cuando era instructor del Centro de Formación de los Oficiales de nuestra fuerza. No había cambiado nada; aunque ya era un hombre, seguía competente, humilde y respetuoso como cuando ingresó”.
También en esa época conoció a su novia, María Inés Rico, nativa de esa provincia y profesora de filosofía.
Se casaron en 1980 y después de algunos meses, el teniente fue trasladado a la Sexta Base Aérea de Tandil. Un año después en esa ciudad nació María Soledad, la felicidad de la familia era completa, los cálidos días de primavera, acariciaban la piel de la niña y el bienestar de los Volponi. El buen tiempo permitía que Héctor Ricardo pudiera practicar una y otra vez sobre los recién llegados Dagger, en sus vuelos hacia el sur, hacia rasantes sobre las playas despobladas de Claromecó.

Los Dagger

Según relata la historia oficial a mediados de 1978, se presentó la necesidad de adquirir material aéreo del tipo Caza bombardero. En ese entonces la enmienda Humprey-Kennedy, impedía la adquisición de material bélico de procedencia estadounidense o Europea, por lo cual se debió optar por otros mercados, entre ellos se encontraba el israelí.

En un acuerdo entre la FAA y la Israel Aircraft Industries-IAI se acordó la compra de 24 monopostos y dos biplaza de aviones Nesher, para remplazar a los F-86 F Sabre. Estos aviones adquirieron el nombre de “Dagger” que era el nombre en clave de este proyecto secreto de compra. Los 24 monopostos al arribar al país adoptaron las matriculas C-401 al C-424 y los dos biplazas las matriculas C-425 y C-426. Luego se incorporó un lote adicional de 13 aviones (11 monopostos y 2 Biplazas) junto a un stock de repuestos. Estos aviones adquirieron las matriculas C-427 al C-437 y los biplas C-438 y C-439, el C-427 quedó en Israel para el estudio del reabastecimiento en vuelo como no se realizó esta modificación se le practicó el proyecto SINT y llegó a Río Cuarto en febrero del 82.

En ese verano aumentan las maniobras y los vuelos de prácticas hacia el sur del país. Quienes estábamos en la zona, el mar y las playas los veíamos pasar y nos sorprendíamos de su velocidad y destreza. Allí estaba el “Lince”, en su hábitat con sus manos que lo guiaban y dejaban disfrutar de algo tan suyo, sobrevolar las olas a más de 1.500 Km/h.
Mientras tanto en Tandil la vida seguía, el matrimonio hacia planes, María Soledad cumplía un año y un nuevo embarazo se gestaba en María Inés. Pero el otoño iba a ser distinto, la vida de la familia cambiaria para siempre, finalizaba marzo y sin saberlo el “Volpi” comenzaba su carrera de Héroe.



Aprestos de guerra

El 4 de abril de 1982 el Comodoro Tomás Rodríguez, recibió instrucciones para alistar los aviones hacia tierras patagónicas. El 25 de abril de 1982 se constituyeron 2 Escuadrones aeromóviles “La Mariete” y el I Escuadrón Aeromóvil “Avutardas Salvajes” en la Base Aérea Militar Río Grande a 690 Km. de Malvinas a órdenes del Mayor Carlos Martínez e integrado por los Capitanes Cimatti, Maffeis, Mir González, Rhode, Janett, Moreno, Robles, los Primeros Tenientes Ratti, Luna, Gabari, Ardiles, Antonietti, y los tenientes Bernhardt, Bean, y Volponi.

Cada Escuadrón disponía de 10 a 12 Dagger y operaron con 3 tanques pendulares de 1300 Lts y con bombas inglesas de cola lisa de 1000 y 500 libras con paracaídas de frenado de origen español. Para misiones de combate aéreo estaban disponibles los misiles Shafrir Mk IV.

La noche del 30 de abril hubo festejos por los cumpleaños de los integrantes del Escuadrón. En lo mejor de la fiesta, llegaron adelantos de posibles misiones de combate; cobertura sobre !as Islas y ataque a objetivos navales.

Del revuelo de la fiesta se pasó al nerviosismo e interrogantes. Aunque todos tenían la certeza de que los ingleses venían a atacar y por lo tanto se preparaban para lo que se venía; interiormente se decían que no podía ser, “estar nosotros a las puertas de una guerra, era una situación parecida a la de aquellos que leen sobre un accidente fatal en automóvil, pero ni se les cruza por la cabeza que les pueda ocurrir a ellos”.

Los aviones estaban cargados con tres tanques de combustible, 2 misiles y munición completa para sus cañones (DEFA 30 mm).

El Bautismo de Fuego de la FAA, el bautismo del “Lince”

El 1° de mayo, de noche todavía, cubierto el cielo por una compacta capa de nubes a sólo 90 metros de altura y una niebla que envolvía a los edificios dándoles un aspecto fantasmal; con el indicativo “Toro”, despegaron las “Avutardas Salvajes” el “Talo” (Cap. Carlos Moreno) y el “Volpi” (Ten. Héctor Volponi). Con el peso que tenían en sus aviones por el armamento que llevaban (mísiles aire-aire Shaffrir), para el despegue los metros de la pista resultaron justos, dejándola doscientos metros antes del final y perdiéndose en la lechosa capa.

Los Dagger estaban configurados con el máximo peso posible de combustible y armamento que les permitiera la navegación de ida, más un escaso tiempo sobre las islas y la vuelta al ‘nido’; sin posibilidad de alternativas.

Ya sobre Malvinas, que estaba bajo bombardeo inglés, el radar los guió hacia los ecos de los aviones enemigos, entrando en combate con dos Sea Harriers tripulados por el LtCdr Robin Kent y el Lt Brian Haigh pertenecientes al grupo aéreo embarcado en el HMS Invincible. En esa acción el Teniente Volponi vio pasar un misil entre ambos aviones, el que seguramente indeciso por la proximidad de los dos, no se decidió por ninguno. Hubo algunas escaramuzas pero nada sucedió.

Con mínimo combustible regresaron a las 09:45 a su Base de asiento, haciendo un procedimiento por instrumentos, en el cual cometieron un error debido a los nervios por lo recién vivido, lo que fue subsanado gracias al operador de radar, que lo advirtió y corrigió. Ese mismo día realizó cobertura aérea al ataque al portaaviones HMS “Hermes”.

El 1 de mayo había transcurrido, el “Lince” tuvo el honor que muchos hubiesen querido, participar del bautismo de fuego de la FAA,  jornada durante la cual los Dagger completaron 13 salidas y fueron derribados dos.
Esa fue la primera y última vez que los ingleses intentasen atacar la costa a la luz del día, en adelante solo podrán hacerlo amparados por la seguridad de la noche. La Fuerza Aérea Argentina no había demostrado aun su formidable poder ofensivo.
El “Lince” tuvo varias participaciones durante el conflicto, entre ellas el 21 de mayo participó del ataque al destructor misilístico HMS “Antrim”.


La Batalla de San Carlos estaba en pleno apogeo. Los ataques de la aviación argentina se sucedían día a día, en un épico esfuerzo para dificultar el desembarco ingles y detener el avance de las tropas terrestres.
Se acumulaban los derribos, las bajas, los pilotos eyectados. A menos de cincuenta kilómetros en línea recta, la guarnición argentina de la isla de Borbón, casi en la boca norte del estrecho de San Carlos, era testigo privilegiado del paso rasante de los cazabombarderos rumbo al combate, del regreso orgulloso, de las ausencias lamentadas.
Se veían en combate cazas argentinos e ingleses, en sus playas pedregosas algunos encontrarían alivio y desazón de caer al mar eyectados. Otros amortiguaron la caída en su turba y dos aviones, con sus tripulaciones, hallaron allí su destino definitivo luego de ser derribados.

Borbón era un sitio de paso para los hombres que volaban al combate. Los impulsaba el coraje y el sentido del deber y se confortaban en la seguridad de que, en caso de ser derribados, de alguna manera, otro argentino los buscaría y rescataría en cualquier condición táctica o meteorológica. Cuanto más seguro está un piloto de que será rescatado, mayor será la probabilidad de éxito de su misión, de allí la importancia que los comandantes asignan a este tipo de operaciones.
Allí una escuadrilla de Dagger fue interceptada y los tres aviones derribados.

La muerte de un Halcón

El 23 de mayo, su escuadrilla, con indicativo radial “Puñal”, junto a otras denominadas “Daga” y “Coral”, despegaron desde San Julián con siete Dagger M-V, todos con el mismo objetivo naval: un buque o más que se estimaba en función piquete de radar, a unas 15 o 20 millas al Norte de la entrada al Estrecho de San Carlos. Llegaron los “Daga” y “Puñal”, con cinco minutos de diferencia.

Los primeros no encontraron el blanco. En ese momento, escucharon por radio a sus camaradas (los “Puñal”), que estaban siendo interceptados por una patrulla aérea de combate británica.

Los “Puñal”, que volaban rasante y estaban armados en configuración antibuque con bombas de 500 kilos, eyectaron todas sus cargas externas y trataron de escapar, tomando curso de regreso.

El Dagger del frente iba demasiado rápido para ser alcanzado, pero el C-437 al mando de Volponi se hallaba una milla atrás y al alcance del misil AIM 9L “Sidewinder”, del Lt. Martin Hale, quien piloteaba el Sea Harrier ZA194 del 800 Sqn.

El misil fue disparado desde aproximadamente 900 metros por detrás del avión de Volponi, impactando al final de su inevitable camino, la zona de la tobera de escape del Dagger.

El reloj marcaba las 15:40, y se escuchaban dos explosiones. El avión se desintegró a bajo nivel, impidiendo al piloto eyectarse, cayendo los restos sobre tierra, en el lado occidental de la Bahía Elefante, en la Isla Borbón, a casi dos millas del establecimiento de nuestra Estación Aeronaval Calderón.

Volponi había realizado 2 salidas ese día, nada alcanzaba para detener la cabeza de playa de los ingleses.

El “Lince” no siempre piloteó el mismo avión, voló en este orden:

1 mayo: C-430  abatido el 24 de mayo
4 mayo: C-429
21 mayo: C-418
23 mayo mañana: C-437
23 mayo mediodía: C-437

Participó de 5 misiones de guerra

La primera el 1 de mayo junto al capitán Moreno en la que mantienen el careo con los Sea Harrier del 801 con base en el HMS Invincible, poco después del ataque al aeropuerto de Puerto Argentino por los Sea Harrier del 800 Sqn del HMS Hermes.

La segunda misión es el 4 de mayo y dan cobertura aérea a un SP-2H Neptune que regresa a su base en torno a las 16:30. Aunque erróneamente en algunas fuentes adjudican como víctima del ataque de los SUE por la mañana al HMS Hermes (en verdad es el HMS Sheffield), esta misión de Volponi no cubrió al Neptune implicado en el ataque al Sheffield. Su compañero era igualmente el capitán Moreno. A los SUE y el KC-130 del ataque de la mañana (en torno a las 11:00), los cubrió otra CAP de Dagger volada por los capitanes Robles y Cimatti.

El 21 de mayo ataca al HMS Antrim también junto al capitán Moreno y el Mayor Martínez.

El 23 de mayo vuela dos misiones antibuque. Una por la mañana en la que no encuentran al Learjet que va a hacer de guía, por lo que abortan y regresan a la base. Y otra al mediodía en la que es interceptado perdiendo la vida.

El personal de la base de la Armada Argentina rescató sus restos y los guardaron, hasta que el 29 de mayo, un avión Twin Otter de la Fuerza Aérea Argentina, en arriesgada acción y bajo la (Orden Fragmentaria 2532), fue a buscarlos y los llevó al continente en una urna, junto al mayor Puga y al capitán Díaz, pilotos de otras misiones que lograron eyectarse cuando fueron derribados. Vaya en este relato mi humilde reconocimiento al accionar de nuestros hombres del aire, valorados internacionalmente por su valentía y coraje recibiendo el recuerdo y homenajes que se merecen. Testimonio Cristian P. Benito Piloto de avión

Las noticias en el continente

En Tandil y Tres Arroyos, las noticias enlutaban las calles, como en toda la patria que seguía de cerca los acontecimientos y apoyaba la gesta llenando la Plaza de Mayo. María Inés Rico tenía 27 años, María Soledad solo uno y el embarazo de 2 meses de Ricardo, de quien Volponi nunca se enteraría.

Magdalena Volponi, una tía política recuerda que le avisaron a la familia del teniente que el avión había sido derribado, pero conservaban la esperanza de que hubiera podido eyectarse. La realidad fue otra y la noticia se confirmo tres días más tarde.

Testimonios:

1) “Pasó junto a mi avión y enseguida fue atacado”

El vicecomodoro Aguirre Faget recordó que vio la aeronave de Volponi antes del encuentro con los Harrier británicos.

“Poco antes de que Volponi se enfrentara con los Harrier que lo derribaron, nos cruzamos en el aire. Yo iba camino a otra misión y él me preguntó, por radio, si era yo el que había pasado cerca de él. Le dije que sí. Pocos minutos después, él, junto con el teniente Napoleón Martínez, intentó hacer un ataque a buques ingleses, pero fueron interceptados por aviones británicos que patrullaban la zona.”

El vicecomodoro Gustavo Aguirre Faget, no sólo compartió los días del conflicto bélico en las Malvinas con Volponi, el piloto del avión encontrado en la isla Borbón, al norte de la Gran Malvina. Fue, además, su amigo y compañero de estudios en la Escuela de Aviación, de Córdoba, y en la Escuela de Caza, en Mendoza.

“Éramos cuatro pilotos, muy unidos. Tres de ellos perdieron la vida en las Malvinas.” Los tenientes Pedro Bean, cuyo avión fue derribado el 21 de mayo; Héctor Ricardo Volponi, caído a tierra el 23 de mayo y Juan Bernhardt, con igual suerte el 29 de mayo, los 3 llegaron juntos en 1980 a la Brigada de Tandil, donde unos 12 aviones Mirage V-Dagger recién habían ingresado al país.

Esta foto tiene casi 30 años y pertenece a la ceremonia de Vuelo Solo en el año 1980. El que esta a la izquierda mirando para otro lado, es Héctor Ricardo Volponi, quien falleciera el 23 de Mayo de 1982 a bordo del Dagger C-437. El del medio es Gustavo Aguirre Faget, hoy encargado del INAC en Moron y el que le sigue mirando a la camara es Juan Domingo Bernhardt, fallecido el 29 de Mayo de 1982 a bordo del Dagger C-436.

2) “Un hombre de lucha y sólidas convicciones”

El comodoro Carlos “Napoleón” Martínez era el líder de la escuadrilla Puñal, en la que voló Volponi por última vez. Fui su jefe en el escuadrón de Río Grande,  estuve con él en la misión en que murió y pude concurrir a la inauguración de su merecido monumento.

Volponi era una persona digna de ser piloto de caza -dice Martínez-, muy aguerrido, con mucha voluntad de lucha. Era un experto en vuelo, pese a que tripulaba una máquina que conocía desde hacía poco. Cuando por la mañana llegábamos al escuadrón, nos daba a todos una dosis de optimismo, era un alma de enorme transparencia, con un excepcional perfil de cazador.

Martínez continúa con el relato del día en el que perdió a uno de sus mejores pilotos. Cuenta que el Comando de la Fuerza Aérea Sur, con sede en Comodoro Rivadavia, ordenó la misión al norte del estrecho de San Carlos, para ubicar y atacar a naves británicas. Cuando llegamos a la zona -hace memoria- no encontramos ninguna nave, los ingleses movían continuamente sus barcos y decidimos emprender el regreso, siguiendo la misma ruta porque teníamos el combustible justo. Volaban al ras del mar para eludir los radares enemigos. Vimos a dos aviones ingleses y brevemente lo comentamos. Ese fue nuestro último contacto radial, evoca con inocultable emoción

Las últimas maniobras desesperadas comienzan a hacerse más vívidas en la voz del líder de la escuadrilla Puñal. Ya cerca de la isla Borbon observé una especie de bola de fuego y humo inmediatamente detrás de mí avión y Volponi dejó de comunicarse, dice.
Su mano derecha se convierte en su avión Dagger, y la hace volar para graficar el relato. Escapé en vuelo rasante hacia la isla Borbon, y puse rumbo hacia Río Grande, convencido de que Volponi había caído al mar. Dos días después supe que pudo llegar a la isla, pero se estrelló contra el monte First.

También me di cuenta de que la bola de fuego y el humo que había visto doscientos metros detrás habían sido de un misil disparado contra mi avión pero que, al no darme alcance, se autodestruyó, dice Martínez, a quien el Congreso otorgó la Medalla al Valor en Combate, en 1995.
Reflexiona: Nadie deja de tener miedo y para controlarlo se requieren convicciones muy fuertes. De ahí se obtiene fortaleza. Antes de guardar libros y fotografías, Martínez mueve la cabeza y repite: Volponi era un hombre que iba siempre al frente, de lucha y sólidas convicciones. Para mí, todo un héroe.




3) Yo encontré a Volpi

El hoy Comodoro Luis Puga, tras eyectarse de su avión sin control, también destruido por un misil, debió pasar horas flotando en el mar hasta que -exhausto y con riesgo de perder la vida por la baja temperatura del agua- logró alcanzar la playa. Al día siguiente (25 de mayo) iba caminando por la estribaciones del Monte First, al oeste de la bahía Elefante, trataba de orientarme. En eso divisé una columna de humo. Pensé que era una vivienda. Pero eran unos tubos de goma que todavía ardían, con inscripciones en hebreo, lo que me hizo comprender que se trataba de los restos de un Dagger, dice Puga. Más adelante -continúa el hombre que desde 1982, por el milagro de haber sobrevivido, festeja dos cumpleaños- encontré una rueda y los fragmentos del aparato, diseminados en un radio de entre 400 y 500 metros. Entre ellos, vi un pedazo de chapa con la matrícula C-437. Esa era, precisamente, la matrícula del avión del teniente Volponi. Puga también halló lo que quedaba de la cabina del aparato. Allí estaba la pernera (una chapa sujeta al muslo de los pilotos, donde están escritos los datos principales de la misión). Todavía estaba adherida a la pierna. Tenía escrita la lista de procedimientos del vuelo del teniente Volponi.

Ese día hubo 46 ataques de la aviación Argentina contra las fuerzas de desembarco, 23 de ellas abortadas: una de éstas fue la del teniente Volponi.

Mientras esperaba un avión que nos traería al continente, los marinos fueron adonde se había estrellado el avión de Volponi y recogieron lo que pudieron de sus restos. Los colocaron en una caja de madera (municiones) y los traje personalmente para entregárselos a los familiares en la VI Brigada Aérea de Tandil.

Sus restos y el sentimiento

María Inés recuerda que “la Fuerza Aérea me entregó sus restos, y los enterramos en Maipú porque nos mudamos a Mendoza”. “Todos sufrimos, pero sé que para ellos es más difícil, porque les duele haber perdido el papá sin poder conocerlo y disfrutarlo.”
Los restos del teniente Volponi fueron enterrados en Mendoza por solicitud de su mujer. A las manos de Marita, llegó un féretro con una caja de municiones y parte de un fémur. Recién en 1998 un kelper encontró restos óseos que según se supo eran los pies que pertenecían al aviador y que permanecían en Malvinas.

Por medio de un comunicado, la Fuerza Aérea informó que las autoridades de las islas Malvinas habían identificado el avión cuyos restos encontró un habitante de la isla Borbón la semana última.
El Foreign Office se lo comunicó a la Cancillería, que luego se puso en contacto con las autoridades de la fuerza. Cuando obtuvo la matrícula del avión, la Fuerza Aérea le transfirió la información a la viuda de Volponi, que preferiría reunir los restos humanos encontrados junto a la aeronave, con los que enterró en el cementerio de Mendoza en 1982 y no dejarlos en Darwin.

El 30 de mayo de 1982, los íntimos sentimientos de María Inés, se mezclaron con los reproches por una guerra que consideraba absurda.

“En ese entonces tenía 27 años, una hija, María Soledad y otro en camino, Ricardo Luis. Los chicos pudieron crecer normalmente, asumieron la pena con resignación e inteligencia”.  Licenciada en Filosofía, María Inés es docente en la Universidad de Cuyo. Se volvió a casar -con un médico- después de diez años de viudez. De su segundo matrimonio nació María Florencia. Todos viven en el barrio Bombal de Mendoza, en una casa comprada con un crédito de Fuerza Aérea.

Hablé por última vez con Ricardo el 21 de mayo del 82. Lo noté quebrado, con la garganta apretada. Están ocurriendo cosas muy feas, me dijo, nada más. Después supe que esa mañana había caído su gran amigo, el teniente Pedro Bean, rememora. María Inés guarda como un tesoro la última carta de Ricardo. Comprendió que esas líneas encerraban una despedida. Se encontraba muy conmocionado, estaban cayendo todos, afirma. Mendocina, católica, vivaz y reflexiva, María Inés asegura que siempre objetó la guerra por Malvinas.

Nunca fui partidaria de retomar las islas. Me pareció una medida muy desafortunada por la índole del adversario. Era como tocarle la cola a un león…, opina.-¿Ricardo pensaba igual?-No, él no discutió la decisión política. Asumió el rol para el que estaba preparado, con valentía y temperamento. Era un hombre de acción, vital, amaba la vida.
No era un militar de alma, sentía pasión por los aviones. Y en las circunstancias que le tocó afrontar tuvo un gran temple. En una semana murieron Volponi y los tenientes Bean y Juan Bernhard, compañeros de promoción. Todos compartían una pieza en la base naval de Río Grande.

Desde allí operaban los Dagger. El 23 de mayo de 1982, María Inés escuchó por radio que un Dagger no había vuelto de una incursión por las Malvinas. Es Ricardo, recuerda que pensó sin titubear.
Al otro día sintió el grito desgarrador de su madre al recibir la confirmación oficial. Pude seguir adelante -concluyó María Inés- con un pensamiento basado en la filosofía y porque cuando uno tiene hijos, les da la vida y ellos después nos mantienen con vida.

La Nación paga una deuda, nace el Héroe

Por Ley Nº 24.950, Héctor Ricardo Volponi es Héroe Nacional, de acuerdo con lo establecido en dicha Ley:

Declárese “Héroes Nacionales” a los combatientes argentinos fallecidos durante la Guerra de Malvinas, en el año 1982, en defensa de la soberanía nacional sobre las Islas del Atlántico Sur.

Sancionada en 18 Marzo de1998 y promulgada 3 Abril de 1998.

El Monumento

El 14 de Noviembre del año 2003, se concreta una deuda del pueblo que lo vio nacer, crecer y desarrollar a un profesional de la Aeronáutica de la Argentina. Luego de varias reuniones y sugerencias donde coincidíamos, el Intendente de la cuna de Volponi, Ing. Carlos Hugo Aprile, con la aprobación del Consejo Deliberante y la colaboración de los vecinos, deja inaugurado el monumento ubicado en la intersección de las Avenidas Güemes y Libertad.

El monumento que representa el “Delta” de Volponi, de regreso rasante sobre una base que simula las Islas Malvinas, fue donado por la Fuerza Aérea Argentina, destacando personal especializado para armarlo y pintarlo con los colores originales.

El monumento en cuestión fue realizado utilizando un Mirage IIICJ que se encontraba almacenado en Mendoza desde 1994 y que como casi todos los “Shahak” supervivientes había sido bastante canibalizado y tenía partes provenientes de varios aviones. Se trata del C-704 (MSN CJ-14) que realizó su último vuelo en Junio de 1989. La carcaza vacía fue transportada hasta el Club de Planeadores de Tres Arroyos, donde fue rearmado y posteriormente pintado. De allí fue emplazado en la rotonda.

La instalación, traslado y puesta a punto del Monumento estuvo a cargo de personal de la VI Brigada Aérea de Tandil, de la IV Brigada Aérea del Plumerillo y del Área Material Rio Cuarto en Córdoba.

En el acto estuvo presente otro VGM, el Brigadier Norberto Dimeglio y contó con la presencia de la viuda, María Inés Rico y sus hijos María Soledad y Ricardo Luis.

El recuerdo

“Era un piloto extraordinario y muy buen mozo”

“Cada vez que salgo a volar me olvido de mí y me regalo a la Patria, les prometo que las voy a llevar a las dos en mi buzo de vuelo. Ojalá Dios me premie con volver a verlas, ya no puedo escribir más porque me ablando cuando lo hago.” El texto es un fragmento de la carta que Héctor Ricardo Volponi, escribió a su esposa dos días antes de morir.

En su casa de Mendoza, María Inés Rico, recuerda llevaba menos de dos años de casada con el teniente y estaba embarazada de dos meses de Ricardo Luis, cuando junto a su hija María Soledad recibió el 23 de mayo de 1982 la noticia de que su esposo había caído en la isla Gran Malvina, junto al monte First.

María Inés repasa la carta enviada por Ricardo una y otra vez con los ojos empañados, y cuenta cómo conoció a uno de los héroes argentinos de aquella guerra. “Él participó del bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, el 1 de mayo de 1982. La última vez que lo vi fue el 17 de abril, cuando volvió a cambiar de avión. Estaba nervioso, eran momentos muy complicados; ellos estaban en la primera línea de batalla”, comenta Marita como la conocen allí,

Aquel debut de la aviación en situación de combate duró sólo 2 minutos y las maniobras de Volponi hicieron que los Harrier ingleses abandonaran su misión al ver a los aviones argentinos. “Todavía no me conocen y ya me tienen miedo”, le dijo Ricardo a un mecánico luego de la misión.

“Era un piloto extraordinario, además de ser muy buen mozo -repite María Inés-. Viví una situación extrema, ya que perdí a mi esposo y me quedé sola con mis hijos, pero Dios me dio la fuerza para seguir adelante. Además encontré muy buena gente que siempre estuvo conmigo para que no aflojara nunca”.

Hoy María Inés habla orgullosa de su marido. En la habitación de su hijo, a quién también bautizó Ricardo, las fotos de su padre, al que nunca llegó a conocer, forman el centro de la escena. “Conocer a Ricardo y a sus compañeros que dejaron la vida en Malvinas fue lo mejor que me paso”, finaliza Marita.

En Tres Arroyos llevan el nombre de Ricardo Volponi, el aeródromo, la Escuela N° 2, el pasaje entre las avenidas Ituzaingó y Del Trabajador. En Mendoza un pasaje, una plaza y una escuela en Luzuriaga, reconocimiento en homenaje a la valentía del aviador.

Palabras de recordación

Alicia Aranegui, prima hermana del héroe tresarroyense de Malvinas, dijo sumamente emocionada que “siempre lo voy a recordar con una lágrima, porque fue una persona que pudo tener un futuro brillante, haber disfrutado de su familia, pero a su vez murió en lo que amaba, en el cielo y en un avión. Y finalmente citó que lo recordaba evocando una estrofa de la canción “Alas de mi patria”, que dice “mientras cruce el cielo un avión/ y un piloto argentino lo guíe/ no habrá fuerza del mundo que arríe/ nuestro blanco y azul pabellón”.

“Querido primo, elegiste el cielo para tu vida y en él te perpetuaste, descansa en paz junto a tus padres, que tu familia y toda una comunidad te respaldan”
“la figura del héroe no es una figura lejana para nosotros, Ricardo era como todos ustedes, travieso, inquieto, luchador, transparente y sobre todo muy puro”

Carlos Aprile – Intendente de Tres Arroyos.
“El primer teniente Héctor Ricardo Volponi, hijo de esta ciudad, vecino de este barrio que lo vio crecer y que con su natural simpatía ganaba amigos y contaba de sus proyectos de aviador. Sus padres lo apoyaron en un destino excepcional. El Aero Club local lo tuvo de alumno. Las pistas eran para él las rampas de lanzamiento para dar vuelo a su imaginación de alcanzar las nubes y poder volar los clásicos Piper. Cumplió con su primera etapa: obtuvo el brevet de piloto civil. Ya su camino de héroe había comenzado”

María Inés Rico – Viuda del Teniente Volponi.
“a los chicos de los colegios, porque ellos son el futuro. Muchos comprenderán porqué están acá honrando a quien y algunos no tanto. Decimos que Ricardo es un héroe y la figura del héroe se impone sobre el diario vivir y abre caminos, muestra un sendero por donde transitar. Manifiesta virtudes personales y condiciones humanas muy particulares y superiores. Ricardo estudió, trabajó y priorizó valores específicos de la patria frente a intereses personales, pero fundamentalmente mostró un gran amor por la institución a la que pertenecía y por la patria. Había jurado defender la bandera hasta morir y lo cumplió, fue un hombre de honor”

La Poesía:

Juan Carlos Álvarez homenaje a Volponi

Un símbolo se destaca/ con imponente presencia/ este revive la ausencia/ de quien figura en la placa/ Héctor Volponi te atraca/ al recuerdo y pensamiento/ ese glorioso momento/ reviviendo nuestra historia/ al teniente que fue gloria /en su honor el monumento.
Su monumento un avión/ de combate por supuesto/ cual si estuviera en su puesto/ defendiendo nación/ a él le latió su corazón/ con vocación se dio el gusto/ de hacerlos temblar de susto/ a piratas imperiales/ lleno de valores reales/ combatió contra el injusto.
Estarás en nuestra vida/ cada vez que surque un vuelo/ un avión sobre este suelo/ y junto a tu alma prendida/ las lágrimas contenidas/ de Tres arroyos tu gente/ estarás de cuerpo ausente/ pero vivo en la memoria/ sos parte patria e historia/ siempre aquí estarás presente.

Héctor Ricardo Volponi 25/6/53   23/5/82  28 años
“Con Dios en el Alma y un Halcón en el Corazón”

Luis Satini

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