1982, Primero de Mayo: Primer Duelo del G6C

Primero de Mayo
El S√°bado 1¬į de Mayo el parte meteorol√≥gico indicaba lluvioso y techos bajo m√≠nimos en los aer√≥dromos de despliegue de la Fuerza A√©rea Sur (FAS) en la Patagonia, lo que dificultar√≠a la operaci√≥n de nuestra aviaci√≥n. No obstante no habr√≠a alternativa ya que Gran Breta√Īa hab√≠a dado el puntapi√© inicial en la madrugada, con el inicio de la Operaci√≥n Black Buck (Carnero Negro).
El Jefe del Comando A√©reo Estrat√©gico de la RAF, Marshall Bentham, hab√≠a puesto en ejecuci√≥n dicha operaci√≥n, en la que dos bombarderos Vulcan del Escuadr√≥n 44 (matr√≠culas XM 598 y XM 607) despegaron del aeropuerto Wideawake, Isla Ascensi√≥n. Tras efectuar una larga navegaci√≥n incluyendo varias postas de reabastecimiento, arribaron a Puerto Argentino a las 04:40, lanzando veinti√ļn bombas de mil libras sobre la BAM Malvinas. El resultado del ataque fue ambiguo, pero dejaba claro cu√°l ser√≠a la postura brit√°nica ante el conflicto, reafirmando la determinaci√≥n que hab√≠an manifestado apenas unos d√≠as antes con la captura de las Georgias. Reconquistar el dominio de las islas de manera r√°pida y definitiva.

Fotografía aérea del resultado del primer ataque a Puerto Argentino. Pueden contarse casi todos los cráteres (algunos están difusos). Se aprecia la precisión en la distancia entre las bombas, pero no así en el enfoque del blanco.

El Comando de la FAS, al recibir el informe del ataque, apreció que se producirían nuevas incursiones aéreas sobre objetivos terrestres en Malvinas, tendientes a mermar la capacidad de detección y respuesta (radares, artillería antiaérea, aeródromos, etc.) en preparación a un asalto anfibio en proximidades del objetivo estratégico principal de las islas, Puerto Argentino.
También se estaba en conocimiento de la presencia de la Task Force (Fuerza de Tareas Navales) la cual incluía dos portaaviones junto con un grupo de destructores escolta, así como una cantidad de naves de transporte y de asalto anfibio. La posición de esta fuerza había sido constantemente monitoreada mediante salidas de exploración y reconocimiento aeromarítimo lejano, efectuadas por los Boeing 707 de la Fuerza Aérea. Se sabía que estaban próximos al archipiélago y que tendrían un papel preponderante en las acciones del día por venir. Sin embargo era de prever que dichos buques, y en particular los portaaviones, se emplazarían lo suficientemente al este, como para quedar fuera del radio de acción de la aviación de ataque argentina basada en el continente. En virtud de éste análisis es que se decide lanzar salidas de caza interceptora, con la intención de ganar superioridad aérea local y frustrar el accionar de la aviación embarcada británica.

Este era el marco estratégico en el cual se desenvolvieron las tripulaciones y el personal técnico el primero de mayo. En los aeródromos de Río Gallegos, Río Grande y San Julián, las escuadrillas interceptoras se encontraban en distintos grados de apresto a la espera de la orden de salida.
As√≠ los pilotos soportaban la ‚Äúamansadora‚ÄĚ dentro de las cabinas de los Dagger y M-III, mitigando los prolongados turnos de alerta temprana a base de lectura de revistas de historietas, que eran lanzadas fuera cuando se solicitaba la puesta en marcha. Apenas la noche anterior, la del treinta de abril, los hombres del Grupo 6 de Caza hab√≠an estado festejando los cumplea√Īos de los miembros del Escuadr√≥n desplegado en San Juli√°n. En esa ocasi√≥n comenzaron a recibir los indicios de lo que se avecinaba para los pr√≥ximos d√≠as y de la algarab√≠a y el festejo se pas√≥ a la incertidumbre y el nerviosismo.

Ahora todo habr√≠a de cambiar, la noche a√ļn reinaba en el sur y una capa de nubes compacta y oscura cubr√≠a el cielo con su manto a escasos noventa metros del suelo; Las lloviznas ocasionales y la neblina reduc√≠an la visibilidad de por s√≠ escasa, envolviendo todo en un halo l√ļgubre y fantasmag√≥rico.
A las cinco treinta de la madrugada, dos pilotos despertaban a la realidad de una tarea por cumplir. En la noche del 30, el Capit√°n Moreno y el Teniente Volponi hab√≠an sido instruidos para cumplir una misi√≥n de cobertura de caza a un Neptune de la Aviaci√≥n Naval, que saldr√≠a a tratar de ubicar a la Task Force. Habr√≠an de despegar de R√≠o Grande a las 06:30, a√ļn de noche y pasados cuarenta minutos del despegue del Neptune, para luego reunirse con √©l pr√≥ximo a las islas.
Al llegar a la sala de pilotos se encontraron con la inquietante novedad, Malvinas estaba siendo atacada, el avión de la Armada no salía y debían quedar en alerta pues podía llegar una orden de salida en cualquier momento. Un ambiente saturado y nervioso, pero a la vez controlado y profesional envolvía a todos los presentes, esperaban su turno de devolver el golpe, el día se demoraba en hacerse presente acrecentando la impaciencia.
07:30 horas. Llega la primer orden fragmentaria; Despegue a las 07:45; la misión: cobertura aérea sobre las islas. A partir de esa hora, y a pesar del mal tiempo la FAS lanzó 21 salidas más de interceptación; Mirage III, Dagger y hasta con Skyhawk A-4C.

Dos Dagger rodaron lentamente a cabecera y se situaron en el umbral; desde la torre de control apenas eran perceptibles a los ojos del torrero por el d√©bil titilar rojizo del faro de posici√≥n; la llovizna continuaba. Ambas m√°quinas iban configuradas al borde del peso m√°ximo de despegue, tres tanques suplementarios, dos misiles aire ‚Äď aire Shafrir y carga completa de munici√≥n para los ca√Īones DEFA de 30 mil√≠metros. En las cabinas el ‚ÄúTalo‚ÄĚ y el ‚ÄúVolpi‚ÄĚ, encerrados bajo las c√ļpulas, aislados as√≠ del viento helado del exterior, inmersos en la luz tenue irradiada por los indicadores del tablero, se prepararon para el despegue. Al frente las luces de baja intensidad, marcaban a ambos lados la senda hacia el cielo.

Golpe de vista al reloj, 07:44. Despu√©s de las √ļltimas verificaciones de la lista de control de procedimientos, las turbinas se aceleraron con su caracter√≠stico aullido en aumento, el n√ļmero 1 se inclin√≥ hacia delante por el empuje contenido por los frenos, al soltarlos inici√≥ la carrera de despegue; el chorro azulado en la tobera producto de la post-combusti√≥n fue el indicio que tuvo el n√ļmero 2 para confirmar el despegue, a continuaci√≥n, la voz gangosa, deformada por la mascarilla de ox√≠geno indic√≥ -‚ÄĚEl uno en el aire‚ÄĚ.
‚Äú¬°Roja! ¬°Ambar! ¬°Penduleo de taqu√≠metro!‚ÄĚ- Repas√≥ mentalmente el procedimiento de control de encendido de post combusti√≥n. El n√ļmero dos corr√≠a por la pista hasta sentir que el comando respond√≠a d√≥cil al liberar las ruedas el suelo, apenas doscientos metros antes del final de la pista. ‚ÄúDos en el aire‚ÄĚ y al igual que el uno la llamarada azul de la tobera fue inmediatamente engullida por las nubes perdi√©ndose de vista, aunque el rugido persisti√≥ flotando al viento durante algunos segundos m√°s, eran las 07:45.
Ascenso al nivel de crucero preestablecido, perforando la capa nubosa, al salir arrastrando en las estelas los jirones de nubes, emergieron a un cielo hermoso y estrellado a 22.000 pies de altura.

Cuarenta minutos más tarde contactaron al controlador del CIC (Centro de Información y Control) Malvinas, cuando se encontraban a unas cincuenta millas de Puerto Argentino. El operador les informó que en ese preciso instante estaban atacando el aeropuerto y que un Harrier envuelto en llamas se precipitaba en cercanías del puerto. Una sonrisa nerviosa se escapó bajo las mascarillas de oxígeno de ambos pilotos quienes al unísono gritaron ¡Viva la Patria!

La algarab√≠a fue detenida al instante cuando el controlador les confirm√≥ tener ‚Äúdos pichones‚ÄĚ que estaban a 120 millas (dos Sea Harrier del HMS Invincible tripulados por el LtCdr RN Robin Kent y el Lt Brian Haigh). Moreno le orden√≥ a Volponi, quien formaba a su izquierda a 500 metros, mantener rumbo 020¬į -a pleno gas seco- (toda potencia sin post combusti√≥n).
Encerrado en el peque√Īo remolque cubierto de turba y redes de enmascaramiento, el controlador era espectador del drama en desarrollo, en la pantalla √©l pod√≠a verlos, dos ecos, apenas dos puntos marcados moment√°neamente por el barrido de la antena, del otro lado del cuadrante los ‚ÄúToros‚ÄĚ cumpliendo al pie de la letra la indicaci√≥n.

Minutos m√°s tarde la voz del controlador sentenci√≥ -030¬į, los pichones se encuentran a 30 millas en rec√≠proco- y ante la pregunta de Moreno sobre qu√© significaba esto y lo vertiginoso de la situaci√≥n, el controlador se apur√≥ a contestar en criollo puro -De frente pibe, est√°n de frente-
Nervios, si estos Sea Harrier ya tienen los Sidewinder 9L los pueden tirar de frente, y ellos a los Shafrir no; Moreno le pidió al controlador que lo guiara para ponerse lateral y así poder buscarles la cola.
-¬°Ahora los tiene a 9 millas, de frente y a una milla costado derecho!- Moreno orden√≥ eyectar los tanques alares conservando s√≥lo el ventral al cual a√ļn le quedaba ‚Äújugo‚ÄĚ; el controlador les preguntar√≠a por el combustible a intervalos regulares, ya que los minutos disponibles antes del punto de no retorno ser√≠an pocos y tem√≠an olvidarse de verificar.
Próximos al cruce con los Sea Harrier eyectaron los tanques ventrales y viraron aplicando post-combustión; los Dagger estaban a 22.000 pies y los Sea Harrier 4.000 pies más abajo.
A las 08:20 hs comenzaron a evolucionar en c√≠rculos buscando el contacto visual, dos pares de ojos escudri√Īaban el cielo con ansiedad creciente, al tiempo que ped√≠an al controlador confirmaci√≥n.
-En círculos los cuatro juntos pero no puedo diferenciarlos- Estaban cerca, muy cerca; Volponi vio un misil que pasó entre ambos aviones.
El juego del gato y el ratón continuó así, durante aproximadamente dos minutos que para la mente acelerada de los pilotos pareció ser una eternidad. Durante ese tiempo estuvieron en posición ventajosa durante escasos segundos pero sin poder verlos, luego los tuvieron detrás; los Sea Harrier cambiaban de actitud y posición con increíble rapidez.
Cuando llegaron al mínimo de combustible (2450 litros) el Capitán Moreno ordenó ascender siempre con post-combustión y emprender el retorno; el controlador confirmó que los Sea Harrier también se alejaban.
Estaban a 5 millas de Puerto Argentino, por lo que de inmediato se abocaron a calcular el consumo para el retorno, afortunadamente no había viento en contra por lo que habrían de llegar, aunque con un margen ajustado.
Una vez en contacto con el radar del continente, éste les confirmó que la meteorología seguía marginal, cien metros de techo y visibilidad reducida a 2 kilómetros, pero efectuando una aproximación por ILS podrían aterrizar sin mayor riesgo.
El radar los guió hasta el haz del localizador y los Dagger entraron en la senda de planeo, con 5 millas de separación entre ambos.
09:45 hs. Aterrizaje en la BAM Río Grande sin novedad.

La segunda secci√≥n de Dagger que despeg√≥ fue la compuesta por el Capit√°n Mir Gonzalez y el Teniente Bernhardt (qui√©n ser√≠a derribado sobre las islas el 24 de mayo), con indicativo ‚ÄúCicl√≥n‚ÄĚ. Al igual que la salida anterior enlazaron con el CIC Malvinas el cual los gui√≥ al blanco, una secci√≥n de Harrier que converg√≠an hacia ellos y que al hacer contacto con los Dagger iniciaron una maniobra espiral descendente para presentar batalla a baja cota e incitando a los Dagger a seguirlos, luego, colocando las toberas en √°ngulo negativo frenaron bruscamente para que los perseguidores los rebasaran, se invertir√≠an los roles y pasar√≠an a ser los perseguidos.
La sección al advertir la maniobra amagó a seguirlos pero volvió a ascender, esto fue suficiente para que los Harrier efectuaran la ruptura rehusando combatir en altura.
Al llegar al límite de autonomía los Ciclón retornaron sin novedad.

La tercera secci√≥n la integraban el Mayor Mart√≠nez y el Primer Teniente Luna, indicativo ‚ÄúLim√≥n‚ÄĚ. Tambi√©n bajo el guiado del radar de Malvinas efectuaron tres cruces con los Harrier, estos permanecieron bajo mientras los Dagger acechaban en altura. Esta ocasi√≥n permite especular que quiz√° en un principio no todos los Harrier contaban con los Sidewinder AIM-9L, ya que como se ve rehusaban al combate, o como se vio en el caso de la secci√≥n Toro, erraron un misil.

La cuarta salida de caza le tocaba a la secci√≥n ‚ÄúFierro‚ÄĚ, liderada por el Capit√°n Ra√ļl A. D√≠az, Oficial de Operaciones del Escuadr√≥n quien, como tal, se hab√≠a colocado primero en la lista de tripulaciones disponibles. Cuando se encontraba en cabecera listo para el despegue su numeral abort√≥ por fallas en su aparato. Un solo Fierro se elev√≥ a cumplir con su deber.
En el libro La Batalla Aérea de Nuestras Islas Malvinas del Comodoro F.P. Matassi, el Capitán Díaz relata:

‚ÄúPr√≥ximo a las islas tom√© contacto con el Centro de Informaci√≥n y Control (CIC) de Puerto Argentino, qui√©n me dirigi√≥ hacia un incursor a 60 millas n√°uticas al este de las islas.‚ÄĚ

‚ÄúArm√© el panel de misiles y ca√Īones, gir√© al rumbo de intercepci√≥n ordenado (090 Grados) y segu√≠ autom√°ticamente las indicaciones del CIC. Me inform√≥ que el incursor se encontraba a unos 6.000 pies m√°s abajo; el controlador del radar segu√≠a indicando el rumbo de intercepci√≥n y la distancia‚Ķ Nos acerc√°bamos de frente. Cuando nos separaba una distancia de 12 millas, el incursor descendi√≥ bruscamente y lo suficiente para que nuestro radar lo perdiera totalmente.‚ÄĚ

‚ÄúEsto me anim√≥ a pensar que el oponente no quer√≠a presentar combate a√©reo.‚ÄĚ

‚ÄúEl operador me hizo colocar rumbo al oeste para regresar sobre las islas, de las cuales me estaba alejando unas millas al Este.‚ÄĚ

‚ÄúHab√≠a una capa de nubes que dificultaba la visualizaci√≥n de nav√≠os enemigos. En un momento determinado el controlador report√≥ que estaba sobrevolando, yo, un eco naval que podr√≠a ser una fragata misil√≠stica, sugiri√©ndome que extremara la vigilancia ante la posibilidad de ser atacado con misiles superficie-aire; ello no ocurri√≥.‚ÄĚ

‚ÄúCuando me encontraba nuevamente sobre las islas a las cuales pude distinguir a trav√©s de un orificio en las nubes (vi el Canal San Carlos y la zona de Darwin) el operador me inform√≥ de un ataque a√©reo que el enemigo realizaba -con los Sea Harrier- sobre Puerto Argentino.‚ÄĚ

‚ÄúLe pregunt√© si me dirig√≠a hacia all√≠, respondi√©ndome negativamente porque los incursores se encontraban dentro del sector de nuestra defensa antia√©rea.‚ÄĚ

‚ÄúSeguidamente me alert√≥ sobre la presencia de un eco que se dirig√≠a hacia m√≠, desde el Sureste a gran velocidad y tomando altura. El mismo fue detectado cuando se encontraba a 18 millas, gir√© hacia el Sur para adoptar un rumbo de colisi√≥n y mantuve una altitud de 26.000 pies, acelerando para 450 nudos, me dediqu√© a observar los instrumentos por √ļltima vez antes del cruce y con aprensi√≥n descubr√≠ que no me quedaban m√°s de 5 minutos de combustible para llegar al m√≠nimo nivel requerido para el largo regreso.‚ÄĚ

‚ÄúCuando nos separaban (con el o los incursores) unas 8 millas y estando unos 3.000 pies m√°s arriba que √©l, decidi√≥, abandonar la entrada en combate, probablemente porque no ten√≠a una posici√≥n ventajosa; lo cierto es que descendi√≥ r√°pidamente hasta que nuestro radar perdi√≥ su eco.‚ÄĚ

‚ÄúMe esforc√© en tratar de visualizarlo, sin perder mi ventajosa altura, pero no lo logr√©, en esto escuch√© la voz del controlador que me preguntaba cu√°nto tiempo m√°s podr√≠a permanecer sobre las islas, contest√°ndole que hab√≠a llegado el momento de regresar por falta de combustible.‚ÄĚ

‚ÄúMe dese√≥ buena suerte y me dio el rumbo a casa; ascend√≠ hasta el nivel √≥ptimo para el regreso y conceb√≠, durante el largo retorno esta equivocada idea: los ingleses rehuyen el combate a√©reo.‚ÄĚ

‚ÄúAlgunos d√≠as m√°s tarde sufrir√≠a la propia experiencia de ser derribado, junto a toda mi escuadrilla por dos aviones Sea Harrier, cuando yo estaba por atacar la cabeza de playa de Puerto San Carlos.‚ÄĚ

La secci√≥n Rubio, compuesta por el Capit√°n Rhode y el Primer Teniente Ardiles, deb√≠a despegar de R√≠o Grande en misi√≥n de patrulla sobre las islas; El jefe de secci√≥n no pudo hacerlo debido a fallas en su aparato, y al no haber un avi√≥n de reserva debi√≥ quedarse en tierra, observando como la estela de la tobera del ‚ÄúPepe‚ÄĚ Ardiles se perd√≠a entre las nubes.
Solo, a través de 700 kilómetros de embravecido Atlántico Sur, tal vez para entrar en combate, tal vez ser averiado o sufrir el imponderable de una falla, solo.
A las 16:30 se hallaba arribando al archipiélago, cuando avistó en el Seno Choiseul, a dos buques que se internaban en él para aproximarse a Goose Green, lugar de emplazamiento de la BAM Cóndor, base de asiento de los Pucará.
Pese a que su avi√≥n iba configurado con misiles aire-aire se lanz√≥ sobre los buques y abri√≥ fuego con sus ca√Īones en dos pasadas; esto fue observado por personal de la BAM C√≥ndor. Sin responder al ataque ambos buques se retiraron a mar abierto.
Alrededor de las 16:40 enlazó con el CIC Malvinas requiriendo un blanco aéreo al tiempo que tomaba altura nuevamente. El operador de radar le indicó el vector hacia un eco; Ardiles confirmó -A la vista- en ese instante el eco se desdobló en dos (ambos aviones venían formados muy juntos uno de otro, por lo que la reflección al radar mostraba un solo eco en vez de dos).
La sección de Harrier (integrada por el Flt Lt T. Penfold (RAF) y el Lt Cdr M. Hale (RN)) se encontraba a 20.000 pies con el Dagger de Ardiles 13.000 pies arriba y a 5 millas de distancia, cuando un misil aire-aire fue disparado por el avión argentino. El misil estaba dirigido al avión de Hale y éste lo evadió maniobrando y lanzando contramedidas, inmediatamente descendió a un nivel de 5.000 pies.

A las 16:41 Penfold se le había colocado a la cola al avión de Ardiles, a una distancia de tres millas; disparó un AIM-9L el cual impactó en el Dagger. El caza explotó sin que se apreciara eyección.

Silencio… Ardiles fue llamado en todas las frecuencias de ese día, ninguna respuesta.
Los restos del avión cayeron en llamas sobre la isla de Bouganville, y sobre éste lugar varias veces sobrevolaron los helicópteros en busca de Pepe pero sin resultado.
El Primer Teniente José Leonidas Ardiles fue el primer piloto del G6C en regar con su sangre el archipiélago.

Abrumado por los constantes indicios de buques que intentaban helidesembarcos en proximidad de Puerto Argentino, y ante un requerimiento directo de la Guarnición Militar, la FAS decidió relegar el intento de ganar superioridad aérea (en esta decisión pesa el magro resultado de las numerosas salidas de caza de ese día) y pasar a efectuar operaciones de ataque a objetivos navales. Salieron 11 cazabombarderos (A-4B/C y Dagger) y 6 bombarderos livianos (Canberra Mk-62) a cumplir con la orden impuesta.

Los ‚ÄúTornos‚ÄĚ
El objetivo estaba al norte de Puerto Argentino y a unas quince millas de la costa. Inclinados sobre la carta de navegación, los tres pilotos trazaron el curso de la navegación, la cual los llevaría hasta un punto geográfico fijo (la navegación era en visual) a partir del cual descenderían a vuelo rasante para cumplir el tramo final hacia el blanco.
Los tres hombres ataviados con sus camperas de vuelo naranja supervivencia se acercaron a los aviones, que ya habían sido reconfigurados con dos bombas de 250 kilogramos MK-82 BRP (Bomba retardada por paracaídas). Despegaron y ascendieron a la altitud de crucero en una formación fluida (abierta). La capa de nubes dejaba entrever el mar oscuro que se deslizaba debajo.
Un golpe de vista al reloj, es tiempo del descenso; luego de perforar la capa tuvieron visual con el punto geográfico. Continuaron el mismo nivelando a escasos metros del agua y cerraron la formación, ambos numerales lado a lado del líder. Bordearon por el norte a la Isla Gran Malvina y luego a la Soledad.
Cuatro minutos para el blanco, el Primer Teniente Román divisó un helicóptero a la izquierda dando aviso de inmediato al líder -¡Seguimos hacia el objetivo!- fue la orden de éste.
Una forma que afloraba del agua surgi√≥ al frente, y con un suave golpe de palanca centraron las miras de tiro en √©l iniciando el ataque; se aproximaron a alta velocidad listos para abrir fuego con sus ca√Īones cuando se percataron que se trataba de una roca.
Cambiaron de rumbo y continuaron bordeando la l√≠nea de costa. Seg√ļn el c√°lculo de navegaci√≥n hab√≠an arribado a la zona del blanco pero no divisaron nada, decidieron proseguir hacia Puerto Argentino.
Alguien estaba disparando sobre la costa y al frente de los Dagger surgieron explosiones que semejaban fuegos artificiales. De improviso aparecieron tres buques, próximos a Puerto Argentino y que estaban bombardeándolo sin piedad.
El silencio de radio se quebró con la voz del jefe de escuadrilla que indicó -¡El uno a la del centro, el dos a la de la izquierda y el tres a la de la derecha!-
El mar estaba calmo y de un color gris oscuro, las nubes apenas 300 metros arriba cubr√≠an el cielo en una masa compacta. Cada avi√≥n centro su nariz en el blanco designado y se le aproxim√≥ lo m√°s rasante que pudo con las turbinas a plena potencia, mientras las manos tanteaban el panel de armamento armando los ca√Īones y las bombas. Eran las 16:16, los tres Dagger atacaron de norte a sur. Frente a ellos se presentaron tres blancos, uno m√°s grande que los otros dos, hacia √©se se dirigi√≥ el Jefe de Escuadrilla.
Piques en el agua al frente, blancos surtidores de agua que afloraban producto del fuego de los ca√Īones del l√≠der, pero que provoc√≥ sorpresa en sus numerales que creyeron verse atacados por los buques. El l√≠der descarg√≥ sus ca√Īones y solt√≥ sus bombas a no m√°s de 180 metros de altura, pasando a gran velocidad sobre el Destructor, el numeral dos levant√≥ para entrar con √°ngulo para el tiro con ca√Īones y fue recibido con nutrido fuego por parte de las armas antia√©reas del buque y a continuaci√≥n lanz√≥ tambi√©n sus bombas, el numeral tres no us√≥ sus ca√Īones, en la creencia que pod√≠an ser buques de la Armada Argentina, pero luego ante la evidencia del nutrido fuego de respuesta descarg√≥ sus bombas.

-¬°El uno saliendo!-
-¬°Torno dos saliendo!-
-¬°Torno tres saliendo!-
-¬°¬°¬°Bien!!!-

J√ļbilo y frenes√≠ en la frecuencia, luego de apenas unos segundos que fueron eternos en la mente de cada piloto y de seguro tambi√©n en las de los tripulantes de aquellas naves que s√ļbitamente se vieron avasallados por la furia del ataque.
Inmediatamente los incursores efectuaron el escape perforando la capa de nubes en busca de la altura, perdi√©ndose as√≠ de vista, emprendiendo el retorno en forma individual pero teniendo la certeza que en alg√ļn lugar m√°s all√° del manto de nubes, sus compa√Īeros lo siguen en la vuelta a casa.
En las islas los testigos que observaron el ataque constataron el impacto de las bombas del Capit√°n Dimeglio sobre el destructor, el cual inmediatamente se vio envuelto en humo. Los buques viraron y se alejaron hacia el sudeste.

La sensación de soledad que da el volar entre nubes se vio acrecentada cuando la voz del controlador dio el alerta tan temido en esas circunstancias -¡Los tornos tienen bandidos a la cola!-
-¡Los tornos se sumergen en el agua!- La respuesta del líder de escuadrilla.
En ese instante el 1er Ten Rom√°n notific√≥ ver dos Harrier que descend√≠an en picado, cuando en realidad se trataba de sus compa√Īeros, pero √©l lo ignoraba.
Cuando al fin salieron de las nubes se encontraron sobrevolando un valle rodeado de monta√Īas a las cuales no impactaron s√≥lo por voluntad de Dios, pues no ten√≠an manera de saber a donde se dirig√≠an y la visibilidad hasta ese momento hab√≠a sido nula. Mientras tanto los Harrier continuaban su persecuci√≥n.

La sección Fortín (Capitán Donadille y Primer Teniente Senn) que se encontraban en patrulla con sus Dagger armados con misiles Shafrir recibieron la orden del CIC Malvinas de ir en ayuda de los Tornos interponiéndose entre estos y los interceptores. Recibido el vector ambos eyectaron tanques y arremetieron a plena potencia, los Harriers iniciaron el escape.
Al retornar a San Julián fueron recibidos por una muchedumbre desbordante, los pilotos se fundieron en un emocionado abrazo, momento que quedará grabado con indeleble precisión en la retina de aquellos que lo presenciaron.

As√≠ regresaron las formaciones en lo que fue la √ļltima salida de combate del Grupo 6 de Caza el primero de Mayo de 1982. Por las caracter√≠sticas de √©ste ataque los pilotos no pudieron tener una confirmaci√≥n precisa del da√Īo producido. Sin embargo se pudo determinar que los tres buques atacados corresponden por la descripci√≥n de numerosos testigos a dos Fragatas Tipo 21 y un Destructor Tipo 42.
Respecto a esto han surgido numerosas divergencias acerca a que buques fueron atacados, la Fuerza A√©rea Argentina sostiene que el Destructor habr√≠a sido el HMS Exeter, mientras los Brit√°nicos afirman que fue la HMS Glamorgan. Las Fragatas Tipo 21 han sido identificadas como la HMS Alacrity y HMS Arrow. Otra teor√≠a (tal vez la m√°s controversial respecto a √©ste tema) es la que concluye que el destructor atacado por los Dagger el 1¬į de Mayo es el HMS Sheffield, que se hundi√≥ cuando era remolcado a las Islas Georgias.

M√°s all√° de esto no quedan dudas que el golpe fue lo suficientemente contundente como para persuadir a la flota a retirarse a distancia prudencial. Esto fue constatado entre las 16:20 y las 16:30 por el entonces Jefe del Radar M√≥vil de R√≠o Gallegos, el Vicecomodoro C. Velazco, el cual capt√≥ un mensaje radial, aparentemente del ‚ÄúFlag Ship‚ÄĚ (Buque insignia de la flota), que ordenaba el repliegue por situaci√≥n t√°ctica inesperada.

El Grupo 6 de Caza, operando desde las bases continentales de San Juli√°n y R√≠o Grande, con condiciones meteorol√≥gicas marginales y al l√≠mite de su autonom√≠a, ejecutaron trece salidas de combate, siendo en su mayor√≠a Patrullas A√©reas de Combate, a excepci√≥n de las tres correspondientes a la escuadrilla Torno que efectuaron una misi√≥n antibuque. Como testimonio del compromiso de ‚ÄúDefender la bandera con honor y patriotismo y seguirla hasta perder la vida‚ÄĚ queda el sacrificio del Primer Teniente Ardiles.

Luis Satini

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