Piloto en rodeo ajeno

El 12 de junio los oficiales recién incorporados efectuaron el primer vuelo solo. El alférez Carpio, que había estado enfermo, pudo hacerlo el 24.

Ese día, a bordo del I-059, mientras despegaba sintió que el avión se negaba a adoptar una actitud de ascenso. Si bien le habían explicado la fuerza con la que debía tirar de la palanca, nunca imaginó que fuese tan pesada y que a mayor velocidad pesara más. Con todas sus fuerzas quería levantarle la nariz, pero el Gloster continuaba en vuelo rasante. A muy baja altura, pasó frente al Casino de Oficiales (en Tandil).

Tras unos segundos, constató que la incidencia estaba toda hacia adelante. La corrigió y salvó la situación sin tener en cuenta que, con semejante velocidad, el brusco cambio transformaría al avión en un cohete. En un santiamén, Carpio cruzó la capa de nubes. Se hallaba sobre tope y no tenía la menor idea de su ubicación. Se tranquilizó. Esperanzado llamó al homing pero no recibió respuesta. Con un viraje suave invirtió el rumbo. Por un claro observó el suelo. Descendió y comenzó a buscar la base.

La encontró cuando sus liquidómetros tocaban el cero. Apuntó a la cabecera más próxima. En final, vió a una sección lista para despegar en sentido contrario al suyo. Temiendo que no lo viesen, dió motor e hizo circulación visual hacia la pista en uso. Al entrar en básica con tren afuera, se le detuvo la turbina izquierda. La potencia asimétrica le invirtió el avión.

Casi sin control, alcanzó a nivelar la máquina al ras del piso, pero no pudo evitar que la punta del ala derecha tocara el suelo. Después de varios impactos, perdió el fuselaje trasero, el tren de aterrizaje y diversas partes de las alas. Pasado el estupor, abrió el techo y salió caminando hacia una construcción que divisaba en medio de un monte.

A poco de andar, a corta distancia, dos toros enormes le salieron al encuentro. Trotaban r√°pidamente hacia √©l resoplando con las testas agachadas. Intent√≥ volver y refugiarse en el avi√≥n, pero se di√≥ cuenta que a√ļn ten√≠a puesto el paraca√≠das y el casco, que le imped√≠an correr. Se los sac√≥ y arroj√°ndoselos, logr√≥ ahuyentarlos.

Así, pudo introducirse nuevamente en la cabina. Allí permaneció hasta que fué auxiliado por el personal de la base, vigilado muy de cerca por los toros.

 

Fotos ilustrativas Life

Luis Satini

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