Vivencias un ROA en la guerra de Malvinas

El 6 de Abril de 1982 soy convocado porla Fuerza Aérea Argentina, para cubrir tareas de escucha en el espectro radioeléctrico enla IX Brigada Aérea, Comodoro Rivadavia. Con el correr de los días, esta tarea se fue intensificando, a medida que la flota británica se desplazaba hacia las islas del Atlántico Sur.

El 20 de Abril llega a la IX Brigadaun contingente de radioaficionados, eran todos cordobeses, que fueron convocados para cubrir tareas como ROA en Islas Malvinas.
Todos ellos llegaron a la provincia de Chubut con un envidiable patriotismo y una dosis de aventura, cubiertos con algunos medios para las tareas que tendrían que realizar (prismáticos, cuchillos, etc.) y por supuesto con los equipos de radio propios para realizar las comunicaciones con el Centro de Filtraje en Puerto Argentino.

Recuerdo que en esa tarde lluviosa en que llegaron, y luego de las presentaciones, nos reunimos con ellos en una cena en el centro de Comodoro Rivadavia. Fue allí, donde conversando con ellos, el orgullo que transmitían, y la envidia que me producía, hizo que solicitara permiso a mi Jefe, el Vicecomodoro Zabala para cubrir un puesto en las Islas que había quedado vacante.

Luego de mucho insistirle, me autoriz√≥ viajar con los colegas radioaficionados a Malvinas, donde tendr√≠a que posicionarme en el faro del aeropuerto; lugar que como me comentaban, era propicio para m√≠, ya que no contaba con implementos de supervivencia como los que tra√≠an los cordobeses, para pasar una semana en los puestos de campa√Īa; solo ten√≠a mi ropa personal, un uniforme de combate, y mis equipos de comunicaciones.

Finalmente arribamos al Aeropuerto de Islas Malvinas el 22 de Abril, al atardecer. Fue suficiente el viaje para que dentro de la ruidosa bodega del C-130 Hércules, la sana camaradería de los cordobeses, hizo que me integrara como un amigo más; manteniendo hasta la fecha un estrecho vínculo afectivo con todos ellos, a partir de ese momento.

En ese atardecer soleado, y con las √ļltimas luces del d√≠a fuimos recibidos en el Aeropuerto por el Gobernador de las Islas General Men√©ndez y por el Brigadier Castellanos, quien nos gui√≥ hasta el hangar que hasta pocos d√≠as antes fuera ocupado por los marines reales brit√°nicos. Este enorme galp√≥n tambi√©n lo compart√≠amos con los integrantes del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) de la Fuerza A√©reaArgentina.

En los d√≠as que pasamos en este lugar, intercambi√°bamos experiencias con ellos, donde tambi√©n colabor√°bamos con el ensamblaje de los helic√≥pteros Bell 212, que llegaron parcialmente armados en los C-130 H√©rcules. Fue imposible para m√≠ conciliar el sue√Īo en esa primera noche en las Islas Malvinas, el clima de euforia, sorpresa y temor vencieron mi cansancio.
La noche del segundo d√≠a, ya m√°s distendidos, me entregaba totalmente a un reparador sue√Īo, hasta que el galp√≥n fue sacudido por una fuerte explosi√≥n. Una secci√≥n del GOE, con rapidez se desplaz√≥ con cautela hacia el lugar donde se origin√≥ este acontecimiento, quedamos despierto a la llegada de este grupo, el que al arribar inform√≥ a sus superiores que se trat√≥ de una mina antipersonal que estall√≥, posiblemente por haber sido accionada por una de las aves que revoloteaba en las inmediaciones. Ya muy despiertos, y sin posibilidades de conciliar el sue√Īo, nos quedamos tomando mate con ellos, mientras nos mostraban las ventajas de los visores nocturnos en lo cerrado de la noche.

El 24 de Abril comenz√≥ el despliegue de los primeros grupos ROA, quienes eran llevados a sus puestos en los helic√≥pteros, √ļnico medio posible para llegar a los lugares ya determinados. Los medios de transporte terrestre, todos 4 x 4 eran ineficaces para transitar fuera de los caminos, incluso los imparables Unimog.

El 25 de Abril nos toca a nosotros. Al atardecer abordamos el helicóptero para ser dejados al norte de Puerto Argentino, en la cima del cerro San Salvador, a980 pies de altura. Ya anocheciendo, alrededor de las 17:00 hs. tuvimos que acelerar la tarea del armado de la carpa, para que no nos tome la noche a la intemperie. La sorpresa fue que al querer armar la carpa nos encontramos con que el sobretecho, era de color anaranjado. Decidimos por nuestra seguridad armar solo la primera parte, es decir sin él éste.

Mi esperanza de estar operando mis propios equipos de comunicaciones desde el faro del aeropuerto se vieron frustradas, de la misma manera que mis limitadas posibilidades de hacer supervivencia durante un largo tiempo.

Eran mis compa√Īeros en el POA (Puesto de Observador A√©reo), el Cabo de la Bandade M√ļsica Jorge Lanza, y el soldado Francisco Frontini.
Mi puesto, el M9 era el √ļnico puesto (POA) que no estaba formado por un grupo de radioaficionados, que generalmente eran dos, con la compa√Ī√≠a de un soldado para defensa del puesto. El M9 estaba formado por dos soldados, ya que parte de las tareas ROA en informar al CIC (Centro de Informaci√≥n y Control) en Puerto Argentino, deb√≠amos tener operativo un radar ELTA 2106, con su correspondiente bater√≠a y grupo electr√≥geno.

Al amanecer del primer d√≠a en la cima del cerro hicimos los primeros aprestos del puesto, mientras Lanza y Frontini preparaban la puesta a punto del radar, yo instalaba la estaci√≥n de radio dentro de la carpa, notando que debido a la altura que ten√≠amos, era posible comunicarnos con Puerto Argentino con el Handy de VHF, sin utilizar la alta potencia del equipo de VHF base. Al otro d√≠a, alrededor de las 10 de la ma√Īana, uno de los puestos ROA informa que su lugar era fuertemente azotado por una violenta tormenta de lluvia, granizo y viento.

No lo pod√≠amos creer, nos miramos perplejos, ya que nosotros disfrut√°bamos de un caf√©, en una ma√Īana soleada y sin viento.
La realidad de Malvinas no se hizo esperar, a poco est√°bamos dentro de la carpa sujetando los parantes para que no se doblaran ante el fuerte viento. All√≠, y por primera vez notamos que en muchas otras oportunidades, cuando temblaba el piso de turba y c√©sped, debajo de nuestra carpa era porque el viento superaba los80 kil√≥metros por hora. Fue nuestra primera experiencia fuerte, cuando nuestra carpa de alta monta√Īa de primera marca, y sin sobretecho qued√≥ hecha jirones, con los parantes destruidos, y nosotros envueltos en las lonas para no mojarnos y luego, buscando refugio detr√°s de un mont√≠culo de piedras, caminando de espaldas al viento, agazapados, que era la mejor forma de avanzar, es decir, retrocediendo.

Reci√©n al otro d√≠a con la llegada del Bell recibimos una nueva carpa especial, con sobretecho verde, que nos acompa√Ī√≥ hasta el final de la campa√Īa.

Los d√≠as transcurrieron sin demasiadas alternativas, todos eran preparativos, mejorar el enmascaramiento del puesto, y el rendimiento de los equipos de comunicaciones, hasta que lleg√≥ el 1¬ļ de Mayo. All√≠ nos vimos sacudidos a la madrugada por las 20 bombas de 1.000 libraslanzadas por los Vulcan en la zona del aeropuerto. Entraron por el sur, no siendo vistos desde nuestro puesto.
El tráfico radial se intensificó. En uno de esos mensajes nos enteraríamos que entre las primeras bajas se encontraba un soldado de Capital Federal que había integrado por unos días un puesto ROA, y que luego, por su pedido fue llevado nuevamente al aeropuerto. Era el soldado Guillermo Gracia.

Ese largo d√≠a fue la bisagra que cambi√≥ nuestra experiencia, de una tranquila vida de campa√Īa, donde lo √ļnico que nos afectaba eran las condiciones clim√°ticas, a la fuerte experiencia de estar en el medio de un conflicto con una potencia fogueada de experiencia con muchos a√Īos en conflictos b√©licos.
Ya casi no comíamos, no dormíamos, la noche era una terrorífica experiencia, donde nuestra carpa era un bocado para cualquiera comando inglés que nos quisiera tomar en nuestro vistoso puesto, con radar incluido en la calva cima de un alto cerro.
El 1¬ļ de Mayo fue un d√≠a de clima at√≠pico, soleado y casi sin viento, con una visibilidad ilimitada desde nuestro puesto. Los partes dela ROA eran constantes desde varios puestos, los Sea Harrier ya eran vistos permanentemente por nosotros. Fue uno de los √ļltimos d√≠as en que volar√≠an bajo, ya que luego de las bajas sufridas por la artiller√≠a antia√©rea, apenas los ver√≠amos o escuch√°bamos muy alto, la mayor√≠a de las veces estelando, y lanzando sus bombas sin precisi√≥n.

Al atardecer de ese día, vemos sobre el horizonte hacia el noreste un grupo de grandes embarcaciones que se acercaban rápidamente hacia la costa que nuestro puesto cubría.
La velocidad de estas grandes embarcaciones era tal que en cuestión de media hora ya los teníamos tan cerca que podíamos divisar detalles más importantes. Nuestro parte ya había sido enviado al CIC, y lo que luego ocurrió fue cono estar presenciando un espectáculo desde las primeras filas. La artillería del Ejército, comenzó disparar sus obuses a estas embarcaciones, cabe destacar que nosotros estábamos en el cerro, sobre la vertical de la trayectoria de tiro, así que escuchábamos el silbido de estos proyectiles, y luego nos llegaba el ruido de los disparos.
El grupo de estos grandes barcos, se alejó rápidamente de la costa, todavía recuerdo el día soleado, que con esa excelente visibilidad nos permitió ver las naves ya alejadas, cuando sucedió el ataque de los aviones dela Fuerza Aérea Argentina, que parecían trozos de papel de aluminio suspendidos en el aire, flotando sobre algunos de los barcos. No se escuchaban ruidos, debido a la distancia, sí algunos destellos que iluminaban el atardecer.

Ya se había puesto el sol, y nos sorprendió un fuertísimo resplandor sobre el noreste, hecho que coincidió con la avería de varias fragatas inglesas.
Este largo día no iba a terminar. Los comentarios que hacíamos sobre experiencia, ya en la noche, nos tenía excitados, fue temible haber visto semejantes barcos tan cerca nuestros.
Terminamos todo el café que nos quedaba, y aprovechamos la bondad climática de esa noche para estar fuera de la carpa. Cerca de medianoche vemos movimientos raros sobre la costa sur. La misma estaba iluminada por los faros de varios Land Rover, todos ellos apuntando hacia el mar.
Nuevamente nuestro Parte de Observación comunica esta novedad, y luego de un tiempo, vemos como se ilumina toda la zona, por bengalas con paracaídas que hicieron de día el lugar. Los vehículos se dispersaron rápidamente, y decidimos que a partir de esa noche, reforzaríamos la guardia de nuestro puesto, ya que era evidente que se esperaba un desembarco de Comandos Ingleses.

Conciliar el sue√Īo, era posible solo de a ratos, ya que la tensi√≥n aumentaba d√≠a a d√≠a, la radio no dejaba de escucharse, y el Elta funcionaba permanentemente, con el consiguiente ruido del grupo electr√≥geno.

El clima cambió bruscamente a partir de ahí. Los vientos se acrecentaron, las lloviznas eran constantes, el frío aumentaba, y había días enteros en que no se veía más de unos pocos metros debido a la niebla.
Esto impidi√≥ que durante largos d√≠as no recibi√©ramos el apoyo log√≠stico del siempre esperado Bell, con combustible, provisiones y agua. Ya extra√Ī√°bamos a estos oficiales, con los que con el tiempo mantendr√≠amos una relaci√≥n de amistad, en especial con los Mayores Kahiara y Pergolini.
El terror de las largas noches nos superaba. Un ventoso día, sin visibilidad nos confunde. Permanentemente se escuchan ruidos de motores, cerca de nuestra carpa, parecía que fuera un desembarco cerca de nuestra posición. Hasta pasamos esta novedad al Centro de Filtraje. Era como si estuviéramos emplazados cerca de una avenida. Cuando la niebla desaparece, nos damos cuenta de este hecho, El efecto del viento norte producía un fuerte oleaje, y éste, al romper sobre la costa de pedregullo producía ruidos de motores.

Los vuelos de Harriers eran a diario, descubrimos que la mejor forma de escucharlos en los d√≠as ventosos es dentro de la carpa, ya que el efecto ac√ļstico era m√°s claro que en el exterior, donde el fuerte viento nos imposibilitaba conocer el rumbo de la aeronave.

El 4 de Mayo el Bell se acerca a nuestra posición, uno de nuestros partes de observación indicaba que habíamos visto un posible cazabombardero A-4, que volaba bajo, con posibles desperfectos, y aparentemente se estrelló al sudoeste del puesto M 9, me subo al helicóptero, para guiarlos a la zona donde creíamos había caído la máquina, y encuentro a un grupo del GOE, dos de los cuales ya nos habíamos conocido en nuestra corta estancia en el hangar del aeropuerto.

Recorremos loa suelos malvinenses a muy baja altura, copiando la geografía de la zona. Pasamos en vuelo rasante por dos establecimientos ingleses, de los que no se nota actividad de personal civil. Regresamos al M9, y finalizamos la tarea, sin haber encontrado al posible A-4 siniestrado.

Los d√≠as pasaban, el clima empeoraba, y el repliegue de varios puestos ROA se intensific√≥. La totalidad de mis compa√Īeros cordobeses, pasaron toda su campa√Īa con la misma ropa que trajeron desde C√≥rdoba, es decir, camisa, jeans, camperas y zapatillas, dado que no se les pudo conseguir los uniformes que se les prometi√≥. El factor tiempo nos afectaba a diario. Nuestra permanencia en las islas estaba programada por una semana, y ya llev√°bamos casi un mes sin relevos. El clima empeoraba d√≠a a d√≠a, y ya era necesario vestir permanentemente con los calzoncillos largos, y con los abrigos de matelac√© que nos hab√≠an provisto enla IX Brigada. El contingente con los relevos para nuestros puestos tuvieron que regresar al continente, al ser interceptados por la aviaci√≥n inglesa.

Para mediados de Mayo ya eran pocos los POA originales que permanecen en sus lugares. Muchos fueron replegados a Puerto Argentino. En nuestro puesto nunca falto alimentos, hasta teníamos un cajón de uvas, que el frío mantuvo en buen estado. Las ametralladoras Halcón se oxidaron sólo de estar dentro de la carpa. El radar Elta resultó ser ineficaz debido a que el fuerte viento en la altura que nos encontrábamos afectaba la rotación de la antena, produciendo constantes ecos falsos. A todo esto ya hacía tiempo que no nos quitábamos la ropa ni los botines a la noche, las alertas radiales sobre tropas en los distintos lugares de la isla hace que en cualquier momento del día o de la noche tengamos que abandonar la carpa y, en nuestro caso, refugiarnos en lugares predeterminados, por supuesto que a la intemperie.

A pesar que contábamos con suficientes víveres, la falta de agua se hacía notar. A esa altura del cerro cuando levantábamos un panel de turba, al poco tiempo se formaba un piletón de agua. Lamentablemente no nos servía ni para lavarnos, su dureza hacía que no se formara espuma con el jabón, y era muy difícil de enjuagarse, ya que dejaba las manos pegoteadas.

Nuestra situación se agravó cuando el 7 de Mayo, cuando finalmente un Bell se acerca para proveernos de agua, y víveres. Al tenerlo casi a la vista, una rápida niebla se acercó desde el norte, y cubrió el cerro en pocos minutos. Escuchábamos el helicóptero orbitar sobre nuestra vertical a pocos metros, y luego de varios intentos, nos informan por radio que regresarán por no ver un sitio seguro para aterrizar. Pasaron los días, y los ataque aéreos ingleses se incrementaban. Dos días después un helicóptero logra aterrizaren el POA lo que me permitió abordarlo para poder estar un día en Puerto Argentino, para asearme y descansar.
En Puerto Argentino nos esperaba el Vicecomodoro Aranda, quien estaba a cargo dela ROA. Recorrimos distintos lugares, donde inspeccionamos los cr√°teres cubiertos de agua que produc√≠an las bombas inglesas. Nos favorec√≠a el hecho que al ser esponjosa la turba, las bombas penetraban lo suficiente como para amortiguar los da√Īos que pod√≠an producir en su periferia. El paisaje del aeropuerto hab√≠a cambiado totalmente desde mi partida. La zona se encontraba plagada de cr√°teres. El galp√≥n que hab√≠amos ocupado en los primeros d√≠as estaba destruido. El edificio del aeropuerto seriamente da√Īado pero todav√≠a se encontraba ocupado, se hallaba rodeado de bolsas llenas de tierra, piedras o arena.

Mientras hacíamos esa recorrida suena la alarma aérea, y el movimiento de personal se agita para cubrirse o para ocupar sus puestos de combate. Escuchamos explosiones, y vemos volar montículos de tierra. El espectáculo que se presentaba ante nuestros ojos, movimiento de personal, helicópteros y aviones se transformó en un caos, gritos, órdenes y corridas. El ataque duró poco tiempo, y de inmediato se comenzó a auxiliar a las primeras víctimas.

Luego, nos trasladamos al Instituto Ionosf√©rico, en el centro de Puerto Argentino donde funcionaba nuestro Centro de Filtraje, en √©l se encontraba el suboficial Lezcano. Luego nos dirigimos a donde estaba emplazado el CIC. Fue grande mi sorpresa al llegar acompa√Īado del Suboficial Mayor Alfredo Ocampo, ya que all√≠ se encontraba la mayor√≠a de los cordobeses que hab√≠an ocupado los distintos puestos. Luego de los saludos y comentarios sobre nuestras experiencias, mi debilidad por encontrar un poco de agua para higienizarme, super√≥ mi paciencia entonces pregunt√© donde hab√≠a un ba√Īo, cuando llegu√© a √©l vi sobre la puerta un cartel que dec√≠a ‚ÄúPARA OFICIALES SOLAMENTE‚ÄĚ. No dude en entrar, la rapidez de mi decisi√≥n fue paralela a mi desenga√Īo, ya que de las canillas no sal√≠a agua.

Pasado el mediodía nos llevaron, a Ocampo y a mí, a la cocina del edificio, que luego me enteraría era la casa del Gobernador inglés. Allí, y por primera vez luego de largas semanas sin interesarme por alimentarme, el olor a comida que salía de esa cocina me cautivó. Todavía recuerdo los dos platos de fideos calientes que comí en esa oportunidad.

La actividad de esa tarde se limit√≥ a recorrer algunos lugares del centro, ya que era para m√≠ la primera vez que estaba en esa zona. Mi idea era comprar alg√ļn rollo de pel√≠cula para mi c√°mara fotogr√°fica, ya que hab√≠a agotado el √ļnico que ten√≠a, entonces al no conseguirlo regreso al edificio y me encuentro con la novedad de que mis colegas cordobeses hab√≠an partido hacia el aeropuerto. Un H√©rcules hab√≠a logrado burlar el bloqueo ingl√©s, cosa que se repet√≠a casi a diario, y la orden era que los ROA deb√≠an abordarlo. Me informan que tengo que estar con ellos en media hora, explico que mi situaci√≥n es distinta y que mis pertenencias y mis equipos de radio hab√≠an quedado en el M9, pero la orden era de repliegue al continente de todo el contingente ROA.

Un Unimog que estaba en la escuela, a metros de ese lugar, me lleva al aeropuerto. Al pasar por el Centro de Filtraje nos encontraos con el resto de mis compa√Īeros. En ese lugar el Padre Pacheco, nos da la bendici√≥n antes de descontar el tramo final al aeropuerto. Ya en camino apreciamos con melancol√≠a y por √ļltima vez el paisaje malvinense.

En el aeropuerto, colaboramos con la tarea de ayudar a cargar las camillas con heridos graves que llegan en distintas ambulancias. En ese preciso momento suena la alarma aérea y nuevamente todo el mundo desaparece, el Comandante del Hércules corta combustible de los cuatro motores, y antes de que las hélices dejaran de girar no queda nadie sobre la pista. Nos quedamos unos eternos minutos queriendo enterrarnos en la turba o desaparecer de ese lugar pero nada sucede…es falsa la alarma o el bombardeo fue abortado.

El Comandante grita que en cuanto los motores est√©n en marcha nuevamente, dejar√°n el lugar. Mientras se completa la tarea de carga del avi√≥n, escucho que alguien me llamaba, me cost√≥ reconocerlo con la barba crecida y sucio como nosotros‚Ķera Nicol√°s Kazansew, que para la televisi√≥n argentina estaba como √ļnico periodista cubriendo el lugar acompa√Īado del camar√≥grafo Lamela.

El se√Īor Kazansew me extiende su mano con un cassette de video, pidi√©ndome que lo lleve y que una vez que arribe al continente se lo entregue s√≥lo al Brigadier Crespo.
Una vez asegurada la carga y las camillas de los heridos, el Hércules comienza a rodar, finalmente despega tomando altura tan rápidamente, que algunos heridos se quejaban del dolor.

Ya cuando el H√©rcules hace un giro sobre el aeropuerto, vemos a trav√©s de los vidrios, y por √ļltima vez, la pista rodeada de enormes cr√°teres. La mayor parte del viaje se realiz√≥ en completo silencio, era mucho lo que dej√°bamos, amigos, camaradas, recuerdos‚Ķuna parte nuestra quedaba en las islas.

El H√©rcules volaba tan cerca del agua que parec√≠a que las crestas de las olas lo acariciaban. El vuelo a esa altura produc√≠a tanto movimiento, que yo cre√≠ no poder contener la cantidad de fideos que hab√≠a saboreado pocas horas antes. Las dos horas de vuelo se hac√≠an interminables, finalmente alguien grita que se ve√≠a la costa argentina. Con las √ļltimas luces de ese d√≠a, aterrizamos en Comodoro Rivadavia, no hubo festejos‚Ķtodos hab√≠amos cambiado, nos sent√≠amos entre tristes y melanc√≥licos, aunque por primera vez en mucho tiempo a salvo.

Finalmente el M9 fue destruido por un misil, y con él mis equipos y pertenencias. Uno de los integrantes falleció debido a las heridas recibidas. El Puesto (POA) M7 integrado por Julio Rotea y Terciano Sampieri, permaneció en su lugar hasta el fin del conflicto. Estos valientes ROA fueron capturados por los ingleses en Darwin y embarcados al continente junto con otros prisioneros. El hecho curioso de estos dos ROA, es que disimulados entre sus ropas pasaron un equipo de VHF desarmado, y que luego lo utilizaron para comunicarse con colegas del continente cuando la distancia se lo permitió, mientras permanecían prisioneros.

Norberto O.Poletti   Teniente (Rva.) Fuerza Aérea
Abril 2002

Medalla: El Honorable Congreso de la Nación a los Combatientes (26/11/1985)
Medalla: Al Servicio Distinguido en Tiempo de Guerra (2/4/1986)

Diplomas:
Fuerza A√©rea Argentina ” Batalla A√©rea por las Islas Malvinas” (1/1/1985)
Fuerza A√©rea Argentina “Distintivo de Campa√Īa 2 ” (1/1/1985)
Fuerza A√©rea Argentina “Comando A√©reo de Defensa” (10/8/1982)
Fuerza A√©rea Argentina “Estado Mayor General – Jefatura 1 Personal” (20/10/1982)
Fuerza A√©rea Argentina “Decreto 629/91 Grado Teniente de Reserva” (5/11/1991)
Comisi√≥n Nacional de Telecomunicaciones “Resoluci√≥n 21/93” (2/4/1993)
Fuerza A√©rea Argentina “Instructor ROA” (9/12/1998)

El componente de los POA que desplegó en las Islas Malvinas estaba integrado por el personal civil que a continuación se detalla:

M1: Lore, Carlos A.
M1: Font, Enrique

M2: Ramirez Abel V.
M2: Parets, Roberto Osvaldo
M3: Najera, Jorge
M3: Ridelnik, Sergio
M4: Escuti, Rafael
M4: Monti, Luis
M5: Del Pino, Manue√Ī E.
M5: Guevara, Enrique A.
M6: Botin, Ra√ļl
M6: Díaz, Erio Omar
M7: Malen, Eduardo
M7: Rotea, Julio
M8: Mansilla, Julio
M8: Sampieri, Terciano
M9: Poletti, Norberto
M9: Cabo Lanza, Jorge
M9: Soldado Frontini, Francisco
M10: Consigli, José Ricardo
M10: Olivier, Juan Luis
CD S. Aux.: Portal, √Ālvaro
CD: Lescano, Gustavo A.
RO S. Aux.: Biasotto, Carlos
RO S. Mayor: Ocampo, Alfredo
TJ: Fernandez, Ruben O.

 

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